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Noviembre 13, 2005

Entrevista con Vanessa Beecroft - Javier Díaz-Guardiola

Originalmente en abc.es

Lo de Vanessa Beecroft (Génova, 1969) no es precisamente la premura. De hecho, sus performances, aquéllas que le han valido el reconocimiento internacional que ahora sustenta, se basan en el estatismo de sus modelos, siempre mujeres, que interactúan psicológicamente con el espectador. VB53 ?que no es el nombre de un perfume, aunque la estética que rodea a muchas de sus actuaciones pudiera hacerlo pensar, sino las iniciales de la artista seguidas del número de obra que hacen? es la carta de presentación de esta creadora en nuestro país, que, con su exposición en el CACMálaga, entra por primera vez en nuestros museos de forma individual. Y en este proyecto hay mucho de atemporalidad, de llamada a los clásicos, de reminiscencias pictóricas... De, en definitiva, Vanessa Beecroft.

VB53 es en el CAC una exposición fundamentalmente fotográfica que nace de una performance anterior en Florencia. ¿En qué consistió la performance y qué es lo que se exhibe en Málaga?
La performance a la que se refiere VB53 tuvo lugar el año pasado en el Tepidarium de Roster, en el invernadero de Florencia. Las modelos de las que me serví se presentaban como si hubieran sido plantadas en la tierra ante el público asistente. Algunas de ellas llevaban alas, mientras que otras destacaban por su propia cabellera muy larga. Según pasaba el tiempo, las mujeres se iban sentando o se dejaban caer sobre el suelo, manchándose con la tierra. El trabajo contiene referencias a cómo María Magdalena fue retratada por los padres del Renacimiento italiano. Las fotografías que se exponen en Málaga son tan sólo instantes de algunos momentos de la performance.

¿Es siempre la performance el punto de partida de un proyecto? ¿Cómo debe entenderse entonces su uso de la foto o del vídeo?
La performance es el trabajo central. Las fotografías y los vídeos son tan sólo registros de esa performance, que es en sí un acto efímero. De hecho, las fotos no dan nunca una verdadera visión de lo que fue la performance. Yo empecé a hacer performances porque tenía la sensación de que la pintura no era el medio más adecuado para retratar fielmente a un sujeto que está vivo. Las fotografías y vídeos miden la distancia entre la presencia real y su ausencia.

Dice la crítica, y casi lo corrobora en su respuesta anterior, que, pese al uso de la performance, del vídeo o la foto, sus intereses están verdaderamente más cercanos a la pintura. El de Málaga es, desde luego, un proyecto de inspiraciones muy «clasicistas». ¿Está de acuerdo con esa vinculación a la pintura y la tradición?
Desde luego. Mi trabajo está tan próximo a la pintura como a la escultura clásica. Mis obras son pinturas que se desarrollan lentamente en el tiempo. Sus referencias, cuando están presentes, son casi siempre de la pintura. Pero el hecho de que no me sirva de ella es irrelevante.

Es inevitable, referido a su trabajo, hablar del desnudo. ¿Por qué es una de sus armas?
Mis desnudos son lo que el público quiera ver en ellos y lo que no. Son lo que no pueden ignorar y aquello de lo que se sorprenden al descubrirse a ellos mismos ignorando. El desnudo es parte de todos y cada uno de nosotros, sobre todo cuando nos quitamos la ropa, e, incluso, no es la persona en sí misma.

¿Funcionarían sus piezas de igual manera si los retratados fueran hombres?
No lo creo. De hecho, estoy segura de que no serían lo mismo. Soy una mujer y, en consecuencia, mis intereses están estrechamente vinculados a este universo.

En Florencia, el entorno fue un jardín, pero lo ha sido en otras ocasiones el aeropuerto de Nueva York o la tienda de Vuitton en París. ¿Cualquier paisaje es bueno para trabajar?
Las performances generalmente tienen lugar en espacios, llamémosles, formales, un museo o una galería de arte, lugares que pueden ser compartidos por las modelos y el público. Pero a veces acudo a espacios no tan formales como la calle. Cada lugar es un entorno diferente con un personal significado político del que me sirvo.

Apuntaba Francesco Bonami que, en sus obras anteriores, usted tendía a que sus modelos invadieran el espacio, lo absorbieran e hiceran de él algo irrelevante para sus cuerpos. En el caso del inverdadero, el espacio y la arquitectura son fundamentales para que estos cuerpos «crezcan». ¿Estamos ante algún tipo de cambio en sus estrategias?
Las reglas para mis modelos son siempre las mismas para todas las performances. La «puesta en escena» no es algo que me interese demasiado. El mío es un trabajo a medio camino entre Donald Judd y Jackson Pollock: no importa en qué espacio se desarrolle.

Se pregunta Fernando Francés:«¿Cuál es la intención de la artista: influir sobre las modelos o sobre el público que las observa?». ¿Qué le responde?
Mis modelos son mujeres. Ellas representan a tipos muy concretos de mujeres o a ciertos rangos de edad. Las obras se basan en las relaciones entre las modelos y el público, en las relaciones que se establecen entre los individuos que conforman el público, en las que nacen de la interacción de las propias modelos con ellas mismas, y, además, en las relaciones que se establecen entre cada individuo que se acerca a las obras y lo que tiene lugar en su cabeza. Todo es intencionado.

Por cierto. Se sirve de modelos, gente no profesional, pero les hace pasar numerosos cuestionarios, en busca de mujeres muy específicas. ¿Qué es exactamente lo que pretende?
Depende de la performance, pero generalmente lo que busco en mis modelos son mujeres que, de una manera u otra, se identifiquen conmigo.

Enviado el 13 de Noviembre. << Volver a la página principal <<

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