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Noviembre 13, 2005

Hubbard & Birchler, una poética circular - David BARRO

Reseña de Hubbard & Birchler: Pequeñas imágenes en la casa de la Señora Owen, CGAC. Santiago de Compostela. Originalmente en El Cultural

Contrariando los irónicos pensamientos de un buen amigo crítico, me gustaría comenzar por señalar que muchos de los vídeos que ofrecen los museos sí son vistos con detenimiento por el público. Sirva el ejemplo que aquí nos ocupa, el trabajo de la pareja de artistas Teresa Hubbard (Dublín, Irlanda, 1965) y Alexander Birchler (Baden, Suiza, 1962), para confiar, todavía, en ese lugar inevitable de la imagen en movimiento. Tal vez, efectivamente, necesitemos repensar el sentido actual de la temporalidad o duración de la experiencia artística, sabiendo que la imagen es el eje desde el que circula la cultura moderna y posmoderna. También, el paulatino alejamiento del estatismo tradicional a partir de los cruces de influencias que desembocan en el último impulso de la cada vez mayor presencia cultural de la imagen en movimiento producido por los avances de la tecnología digital. El artista construye su obra atendiendo al tiempo de ésta y pensando en que la recepción del espectador también dependerá de ese tiempo. Ese proceso compositivo es producto del avance en la puesta en escena, de las realidades congeladas y de gestos que funcionan como artificios escénicos.


Por supuesto, no hay nada más fácil hoy que exponer ese nuevo academicismo que supone el vídeo como herramienta. Tampoco es difícil caer en el abuso infumable del vídeo de homenajes warholianos bastante agotado en sus formulaciones, pero ejercicios visuales como los propuestos por Hubbard y Birchler resultan especialmente brillantes e interesantes.

Aunque conocía los trabajos fotográficos de Hubbard y Birchler expuestos en la Bienal de Venecia de 1999, así como sus fotografías de fachadas de edificios reales que eran manipuladas hasta conseguir crear un aspecto ficticio –en éstas convertían la realidad en ficción tras eliminar carteles u otras marcas que provocan su lectura como si en realidad fuesen maquetas– reconozco no haberme enganchado a su trabajo hasta ver expuesto en Basel su vídeo Eight, una larga secuencia en forma de banda de Moebius construida sin principio ni fin y donde resulta imposible situarse. Su aire triste y esa ambigüedad de tintes psicológicos, a partir de situaciones concretas que actúan como marcas o cicatrices vitales, será tomado más tarde en trabajos como Single Wide o más recientemente en su fantástica pieza House with Pool.

Hablamos de mentiras y teatralidades, de estructuras compositivas ambivalentes que nos llevan a reconocer la victoriosa consolidación de lo imitativo y de la apariencia. Pero también el triunfo de la duda, del cuestionamiento de la realidad, controversia que al mismo tiempo supone una amplificación de lo real y una intensa indagación en torno al sujeto que, en último caso, también supone una desestimación de lo mimético y un cuestionamiento de los presupuestos tradicionales en torno a la idea de representación. Todo un universo de preguntas y de realidades abiertas, un mundo en tensión capaz de desvirtuar determinadas lógicas narrativas del mundo del cine tomando cada yuxtaposición a modo de nota sincopada capaz de suspender el enigma y poetizarlo al tiempo.

Hubbard y Birchler trabajan el vídeo casi como escultura, destilando determinados conceptos espaciales que mantienen en silencio a unos espectadores que ni se miran entre ellos. Así, aunque entiendo a mi buen amigo y sé de sus, por otro lado, concluyentes razones, uno no puede dejar por ahora de intuir que no está sólo en este parque jurásico.

Enviado el 13 de Noviembre. << Volver a la página principal <<

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