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Noviembre 13, 2005
Pa(I)saje a la India - Francisco Carpio
Reseña de la exposición Vastu, de Manuel Bouzo. Originalmente publicada en abc.es
«Karma», «dharma», «yoga», «gurú», «mantra», «reencarnación», «nirvana»... Conceptos religiosos y filosóficos prácticamente desconocidos en la cultura occidental hasta hace poco más de un siglo, y que, sin embargo, ahora forman parte de nuestro imaginario conceptual. Vocablos ?casi siempre de origen sanscrito? que nos traen los olores, colores y sabores de la espiritualidad de la India. Un mundo en el que lo místico, esotérico, misterioso ?y, no lo olvidemos, también lo pragmático y material? constituyen las bases de la existencia, escribiendo con fuerza una sintaxis singular que, pese a la pegajosa tela de araña del materialismo-tarántula, cada vez contamina más el texto de nuestras sufridas vidas occidentales.
Paternalismo.
En un paisaje de confluencias e influencias como éste, plural, híbrido, polisémico y, sobre todo, un paisaje que se adivina más mental y temporal que estrictamente físico, se mueve como pez ?abisal? en sus aguas Manuel Bouzo (1946). Desde mediados de los setenta comenzará a realizar frecuentes viajes a la India, familiarizándose con su paisaje y con su cultura, bien lejos de los fáciles clichés y estereotipos del paternalismo turístico. En 2004 recibe una beca de Artes Plásticas de la Fundación Marcelino Botín que le permite residir durante siete meses en aquel subcontinente, y llevar a cabo un proyecto, Pooja: el nexo con lo sagrado, documentando toda una serie de variadas ofrendas religiosas, a la vez que investigando sus derivas iconográficas, mitológicas y metafísicas.
El resultado de esta fascinada inmersión en el pensamiento y la espiritualidad hindú es una fascinante prueba de «apnea creadora», que se hace tangible en Vastu, la exposición que ahora presenta, y que en sus grandes líneas generales ya habíamos tenido ocasión de contemplar en la Botín y en el ECAT de Toledo.
Sabemos que Vastu ?título de la muestra? «es el lugar donde se realiza el sacrificio, el residuo dejado por el sacrificio, el orden sagrado e, incluso, esa especie de orden o pauta con la que un arquitecto debe construir una casa o aquél con el que la persona que la habita debe ordenar sus elementos. Alude, por lo tanto, a una experiencia, a su propia elaboración y al modo de situarla en un espacio, el de la propia galería».
Laboratorio de experiencias.
Y, así, la galería se constituye en un espacio de experiencias, un laboratorio-escenario sobre el que edifica su personal cosmogonía, derivada de algunas de las principales vías de pensamiento hinduísta, y en el que conviven, dialogan y se enfrentan ?como es práctica común en su trabajo? distintos lenguajes ?instalaciones, fotografías, vídeo, procesos textuales?, y también distintos estratos materiales: zapatos, sillas, papeles pulverizados, tierras, jaulas, ceniza, pigmentos, mármol, letras, pétalos secos, arroz? Precisamente, la utilización de objetos, casi siempre cotidianos, banales y desacralizados, es una de las patentes de corso diferenciadoras de este artista. Tengo escrito que «Bouzo es capaz de escuchar la otra música de los objetos que al común de los mortales se les escapa, y encuentra nuevos acentos, nuevas visiones, trasmutando en mineral de oro lo que ante otros ojos sólo se aparece como ganga de hierro, como escoria». Por ello, el objeto (hierro) se convierte en sujeto (oro) de la gran mayoría de estos trabajos. Pienso en ejemplos como Pooja, La siembra o Shakti.
De esta manera, las obras que conforman su propuesta aparecen incardinadas en distintos sustratos de lectura e interpretación, brillando con una luz densa que alumbra y refleja ricas vetas simbólicas. Nada más entrar, el visitante recibe la bienvenida de una pieza espléndida, Lalita prakrti (La danza). Distintos tipos de zapatos tintados de rojo ?color que simboliza lo expansivo, la energía dinámica? construyen un círculo que escenifica una danza cósmica, como alegoría de la generación y expansión de la energía. Una obra cargada de simbolismo y, al tiempo, plena de fuerza plástica.
El círculo es también la forma y el fondo que anima Vac (la palabra), otra obra cargada de sugerencias visuales y potencia alegórica. Ahora, las partículas pulverizadas de una antigua enciclopedia se ordenan en tondo como minúsculas sílabas-semillas del alfabeto, y construyen, en una nueva vuelta de tuerca, el infinito y dialéctico dibujo del conocimiento. Una idea ?que no forma? circular y cíclica anima igualmente Aham-idam, obra compleja y envolvente en la que el vídeo, la palabra, la fotografía, los objetos y la oscura alfombra de la ceniza tejen y destejen un relato de conciencia y (re)conocimiento entre el «yo» (el mundo interior, el sujeto) y el «eso» (la materia, el objeto).
Enviado el 13 de Noviembre. << Volver a la página principal <<
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