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Diciembre 18, 2005
« Made in Taiwan » - Fernando Castro Flórez
Sobre Chen chien-Jen, originalmente publicado en abc.es

Pocas obras vienen, como dijera Said, de la primera línea del frente, allí donde se producen los conflictos, las fricciones y las mayores desigualdades. Casi siempre nos encontramos con un arte cínico, de completa retaguardia o ejecutado por los sarcásticos encargados del abastecimiento, cómplices de esos otros que reciclan más que nada su mediocridad. La fábrica está atestada de trileros, aunque afortunadamente aparece casi por sorpresa una mirada antropológica y cargada de una poesía corrosiva, capaz de ofrecer una «descripción cartográfica y arqueológica», por emplear los términos de Culture and Imperialism, de lo que, sin saber casi lo que decimos, llamamos «globalización».
Chen Chien-jen está empeñado en mostrar las dimensiones históricas y políticas de la imagen, abordando la cuestión de la situación económica de Taiwán, que ha visto cómo sus industrias -que habían experimentado un desarrollo impresionante desde los sesenta- se desmantelaban en beneficio de países como China, con una mano de obra abundante y baratísima. La fantástica muestra que ahora se presenta en La Fábrica, una de las mejores del año que concluye, nos permite volver a ver Factory (2003), que incluyera recientemente María Corral en La experiencia de arte, su propuesta en la pasada Bienal de Venecia, y enfrentarnos a Bade Arena (2005). Son dos trabajos excepcionales realizados en 16 mm y transferidos a dvd de larga duración, que, como he indicado, retratan la globalización como un proceso de precariedad vertiginoso, cuando la Fábrica del Imperio se desmantela aquí para reaparecer allí dejando a su paso ruinas babélicas.
De vuelta a la fábrica.
En Factory, Chen Chieh-jen invitó a algunas trabajadoras de la empresa textil -a las que, según dice, había conocido por casualidad- a volver a la fábrica de ropa de Lien Fu donde habían trabajado durante dos décadas y que había sido abandonada siete años antes sin que los propietarios pagaran despidos, pensiones o indemnizaciones. Cuando entran en el recinto, el tiempo está atascado. Ellas realizan una suerte de irrupción del tiempo ahora y a la manera benjaminiana, disponiendo allí una vieja máquina de coser con la que comienzan a trabajar con gran concentración.
En Bade Area, el artista se aproxima a un descampado -a partir de una flecha que lo anunciaba en una esquina- en el que se va realizar lo que una inmobiliaria anuncia como The Majestic Town, cerca de la cual se encuentra una fábrica de motores a punto de cerrar, una de ropa y varias empresas de venta de muebles de segunda mano. Chen Chieh-jen toma ese «paisaje entrópico» como objeto de una fascinante reflexión fílmica: «En este tipo de zonas -apunta- se produce un proceso de construcción y demolición continua. Igual que la flecha del anuncio, los edificios allí no hacían ver que aquello era un descampado o un páramo desnudo, ni tampoco era indicio de una todavía inimaginable Majestic Town. Sugerían más bien un sentimiento de tiempo perdido, pasado. Los recuerdos van perdiendo aquellos lugares a los que pertenecen. El pasado deja de existir realmente. En este punto de transformación continua no es posible encontrar un punto de partida para imaginar un futuro». Chen Chieh-jen incitó a amigos y trabajadores a vagar por esa ciudad de ensueño que no existe aún, encarnando a seres que parecían desplazarse en medio de la mayor de las somnolencias.
Lo que Chen Chieh-jen intenta -según él mismo ha declarado- es hacer una «historia del sujeto fotografiado» desde la conciencia de que las personas y las sociedades marginales fueron las primeras en ser fotografiadas en una amalgama «ideológica» de etnografía y mixtificación colonial. Su proyecto es el de escribir la Historia desde otros puntos de partida; mostrar, a la manera foucaultiana, la construcción del sujeto en un proceso de «sometimiento». Como Nestor García Canclini señalara en La globalización imaginada, tiene que haber algo entre McDonald’s y Macondo; no podemos creernos como pardillos la cantinela de la «ciudadanía mundial» cuando sabemos de sobra que, entre otras cosas, las fábricas se mueven, pero los desempleados no tienen dónde mudarse.
Sin sonido.
Las obras de Chen Chieh-jen carecen de sonido: las trabajadoras de Factory no quisieron hablar, ni él pretendió que allí se desplegara una retórica teatral. Y, sin embargo, sus presencias «espectrales», ese poderoso retorno de lo reprimido, nombra lo que está por decir. Ese acontecimiento de volver a trabajar supone un intenso esfuerzo por explorar la esencia del tiempo. Estas imágenes van más allá del documental: nos muestran a sujetos en medio de la ruina acometiendo acciones repetitivas, comportándose de forma sutilmente absurda, sedimentando el tiempo de la mudanza. La rara melancolía revolucionaria de Chen Chieh-jen nos propone una historia; metaforiza la alienación; da, desde la ausencia de la voz, la palabra a lo que se dejó abandonado en el descampado de lo improductivo.
Enviado el 18 de Diciembre. << Volver a la página principal <<
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