« Premio Turner:Y con él llegó el espectáculo (mediático) - Juan Antonio Álvarez Reyes | >> Portada << | « Made in Taiwan » - Fernando Castro Flórez »

Diciembre 15, 2005

«Utilizo el tiempo como excusa para hablar de otros problemas existenciales» - Javier Díaz-Guardiola

Entrevista con Martí Anson. Originalmente publicada en abc.es

Por absurdo que parezca, un reloj parado da la hora correcta dos veces al día. Un trabajo de Martí Anson (Mataró, 1967) llevaba un título parecido. Este análisis exhaustivo del paso del tiempo forma ya parte del devenir de su obra. Su nueva exposición en Toni Tàpies recupera en forma de vídeo su proyecto Fitzcarraldo para el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona -se trataba de construir un velero en 55 días a sabiendas de que luego no podría salir por la puerta por una cuestión de tamaño: cinco centímetros. Era un barco en una botella- y las fotos de su estudio en días laborables de la serie «Mataró/Barcelona».


Resulta curioso que un artista tan obsesionado con el tiempo titule su nueva exposición con un espacio -«Mataró/Barcelona»-. ¿Es un cambio en sus planes?
Yo nací y vivo habitualmente en Mataró. A la gente de allí se nos llama capsgrossos (de cabeza grande). El motivo es que se cuenta que un pescador construyó una barca de pesca dentro de su casa, y, cuando la terminó, la tuvo que destruir porque era más grande que la puerta de salida. Lo mismo ocurrió en mi proyecto Fitzcarraldo del Centro de Arte Santa Mónica, del que ahora presento el documental de su ejecución acompañado de unas fotografías de mi estudio de Mataró en un día laboral.

«Si el paso del tiempo es imparable, aún es más desasosegante ver cómo en ese dramático transcurrir no pasa realmente nada». Lo escribe Rosa Olivares con relación a su interés por lo temporal. ¿Por qué obsesionarse entonces?
Puede que utilice el tiempo cómo excusa para hablar de los problemas existenciales. Cómo dice un personaje del vídeo: «Es una lástima, trabajando tantas horas aquí para después destruirlo».

Con tiempo de por medio y delante del vídeo 55 minutos, ¿cómo percibe como observador el proyecto Fitzcarraldo?
55 minutos es un documental de la exposición del Centro de Arte Santa Mónica, una parte más de todo el proyecto. El hecho de presentar un documental permite mostrar todo el proceso y entender el entusiasmo que concitó. En 55 minutos ves y entiendes por qué me pasé cincuenta y cinco días construyendo un velero en Barcelona. Se puede contemplar todo lo que ocurrió.

Lo importante de ese trabajo no era tanto el objeto que se construía, ni conseguir acabarlo, sino el llevarlo a cabo. Apunta que eso le proporcionó un «entusiasmo», atípico en sus proyectos, más ligados a conceptos como el de frustración. ¿Dónde radicaba el optimismo y por qué no lo encuentra en otros momentos?
El trabajo generó por sí mismo una situación de entusiasmo fantástico, y esto es debido a diferentes cosas que pasaron en la exposición. Por un lado, el hecho de construir un barco de verdad creaba una complicidad con el público, que se arriesgaba a preguntar y a cuestionarse el porqué estaba haciendo esto. Además -y es una cosa que me encantó- estaba la complicidad de la gente que vino a ayudar para llevar el proyecto adelante; la complicidad, y hasta me atrevo a decir la amistad para hacer que ese barco no saliera por la puerta, ya que era cinco centímetros más grande. El día que le dimos la vuelta, todos los que participamos lo tenemos como un día especial. El trabajo insistía en dar importancia al esfuerzo de cada día, sabiendo que no se llegaría a buen puerto.

Reconoce que existe un desfase entre el trabajo artístico y su exhibición. Después de Fitzcarraldo, ¿ha notado también en su contacto directo con el público que existe un desfase entre el arte contemporáneo y la gente que acude a ver una exposición, o eso es un mito?
Yo creo que el arte contemporáneo es fácil de entender, y que es lógico que con los tiempos que corren los artistas busquemos formas para introducirnos en la opinión de la gente de la calle. Siempre decimos que una parte muy importante es la visibilidad, y seguramente estamos trabajando en ello. En mi caso es un intento, y, si te digo la verdad, me alegré cuando apareció un artículo en una revista de barcos hablando de mi proyecto. Tendríamos que entrar en un lenguaje de normalidad a la hora de hablar de arte contemporáneo. Tengo un amigo que siempre lo dice: «Lo habremos conseguido cuando no sólo aparezcamos en las páginas de cultura de los periódicos».

Lo que es cierto que también ponía en duda el proyecto es el propio trabajo del artista: usted mismo se impuso un horario de seis o siete horas diarias, de lunes a viernes. ¿Esto era algo subsidiario u otra cuestión sobre la que quería incidir?
Cuando me planteé llevar el proyecto a cabo, desde el principio me vi como un «currante», y la verdad es que lo soy. El proyecto era trabajar, y normalmente se trabajan unas treinta y siete o cuarenta horas semanales, librando el fin de semana. Eso fue lo que hice: trabajar de lunes a viernes y los fines de semana tomármelos para mí. Pero lo cierto es que es así como trabajo cada día, y esto era una cosa que quería resaltar.

Un artista tan «metódico», que es capaz de fotografiar o grabar un mismo espacio en diferentes momentos, ¿cómo controla el azar?
No se controla, y creo que el proyecto Fitzcarraldo es el mejor ejemplo. Tuve muchos problemas para desarrollarlo, ya que la empresa que me proporcionaba el material para la construcción no cumplía los plazos de entrega, y esto hizo que estuviera muchos días, creo que unos quince en total, sin poder hacer nada. Una cosa que no tenía controlada se estableció como una parte muy importante del proyecto. Se trata entonces de tener la capacidad de modelar y colocar el azar en su sitio. Lo mismo ocurre cuando tomo la cámara y disparo.

Dice la nota de prensa que en las fotografías de Estudio de la Baixada d-en Feliu, con su estudio en el objetivo, se contienen ocultos todos los trabajos de su trayectoria. ¿Ha sido una concesión a sí mismo, al efecto personal del paso del tiempo?
Las fotos están hechas en mi estudio desde el día que empiezo a trabajar para esta exposición. Aparece tal y como estaba, pues, sin tocar nada, me dediqué a retratar el espacio desde diferentes puntos de vista. El resultado es toda la información acumulada, tanto de los trabajos que he hecho como de los que voy a realizar. Es, en definitiva, la foto de un espacio en un día de trabajo. En cierto modo, son como las fotos que hice cada día mientras hacía el barco y que mandaba por correo electrónico para que la gente comprobara cómo evolucionaba el trabajo que estaba realizando.

Echemos la vista atrás. Esta es la tercera exposición en la galería. ¿Qué ha cambiado de una otra en lo que a intereses se refiere?
El otro día vino un crítico a la galería y dijo que para hacer lo que se hacía allí el galerista tenía que ser un poeta. Esto es lo que realmente me interesa y lo que he aprendido en estos años.

Hablábamos antes de Rosa Olivares. Ella acaba de editar Cien fotógrafos españoles, nómina en la que le incluye. ¿Se puede considerar a Martí Anson fotógrafo?
No lo sé. En mi trabajo el resultado depende del proyecto que hay que realizar, a veces una instalación, a veces un vídeo, a veces una fotografía. Creo que es bastante difícil colocarme una etiqueta en cuanto a la técnica, pero no puedo negar que la fotografía es una parte muy importante de mi trabajo.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
Seguir trabajando.

Enviado el 15 de Diciembre. << Volver a la página principal <<

Comentarios

Publicar un comentario

Gracias por registrarse, . Ahora puede comentar. (salir)

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).


¿Recordarme?