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Marzo 11, 2006

Menores sin reparos - Ramón ESPARZA

Originalmente en EL CULTURAL

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En la sociedad actual hay una cierta tendencia a considerar que publicaciones como Big, The FACE o Dazled son revistas de pensamiento, confundiendo el rápido consumo de ideas, nombres y estilos reducidos a lo que las propias publicaciones denominan tendencias.

Para todos los públicos, la exposición que presenta la sala Rekalde, comisariada por Xabier Arakistain, no se sustrae a este principio. En su declaración de intenciones, reúne la obra de veintiocho artistas (nada menos) cuya obra gira sobre la redefinición de algo que queda tan poco definido como el espacio público tradicional, en referencia a la construcción de la realidad por los medios.

El problema es que este arranque, apoyado en referencias rápidas a formulaciones teóricas como el situacionismo, la teoría feminista, la crítica de la concepción tradicional del artista o la dimensión política del arte, se ve rebatido en las obras presentadas. La amalgama oscila entre la mera anécdota (como la venganza de la artista Anat Ben-David infiltrándose en la fiesta anual de la firma Hugo Boss para denunciar su colaboración con el régimen nazi… porque habían rechazado colaborar en la financiación de su proyecto sobre el Holocausto) y los trabajos que dicen criticar “desde dentro” la cultura dominante impuesta por los medios, mezclándose cómodamente con ellos y participando en la riqueza que producen, como las fotos realizadas por Tracey Emin para la campaña de publicidad de Vivian Westwood en 2000.

Otra de las referencias ideológicas de la exposición es la posición respecto a la dimensión política del arte. Es difícil admitir que el uso político del arte implique la subordinación de su dimensión estética (no hay más que mirar a Goya, Heartfield o Renau), pero ¿resisten algunas de las propuestas presentes la prueba al contrario? Es decir, ¿confiere, de manera automática, el planteamiento político la calidad artística? Obras como Proyecto Asia, de PSJM o Égalité, de Minerva Cuevas hacen aflorar estas dudas.

Para todos los públicos resulta ser lo que su nombre, tomado de las viejas clasificaciones morales del cine, indica. Una gira por los productos de consumo del mercado actual del arte. Aunque hay piezas ante las que merece la pena detenerse, como la conocida serie de Daniele Buetti, en la que la artista interviene sobre las fotografías de campaña de distintas marcas de moda, marcando físicamente en la superficie del papel y simbólicamente en el cuerpo de las modelos, los nombres de las firmas que a través de esas imágenes crean cánones de belleza inalcanzables que producen más frustración que placer, o los dos vídeos de Kajsa Dahlberg, en los que la artista juega de manera inteligente con la relación imagen/sonido (20 Minutes) y con la relación campo/cuadro (Revolutions).

Enviado el 11 de Marzo. << Volver a la página principal <<

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