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Marzo 22, 2006

SOLILOQUIO - M. Mansilla.

Sobre HANAMARO CHAKI

Hanamaro Chaki (1976) nació y creció en Tokio. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Brighton en Inglaterra. Vive y trabaja en Barcelona. Sus últimas exposiciones fueron In-Out en la Sala d´Art Jove de la Generalitat de Catalunya e Irresistible Paint en A&D Gallery de Londres. Aunque han pasado nueve años desde que Hanamaro Chaki (Tokio, 1976) inició su carrera y ha demostrado su talento en ciudades tan diversas como Tokio, Brighton, Londres o Tokio, hay una cualidad que se mantiene, que distingue y singulariza su pintura: la introspección en sí misma.

En Soliloquio, una vez más, Hanamaro nos explica a su manera que la pintura no es una forma ni un uso, sino tan sólo el gesto fruto de una fantasía abierta al recuerdo de una emoción. Las observaciones continuas, pictóricas y poéticas, que componen cada obra de la exposición mantienen el secreto de los momentos de concentración de la artista a lo largo de estos años, de su entrega a las cosas sensibles como una coleccionista obsesiva que se mueve entre lo visible y lo invisible, entre la vigilia y el sueño.

No obstante, uno de los aspectos más sorprendentes de la exposición es el hecho de que esta inagotable fuente de emociones de las que se nutre la artista conserven el valor de un secreto, y, según el poder que les es tan propio, continúan pareciendo siempre más misteriosas que las obras en sí (pese a que esté llena de misterio).

El arte de Hanamaro consiste en hacer que se vean las cosas, no las que representa sino las que manipula. La mancha blanca, el papel cuadriculado, la cinta que envuelve la madera

Su técnica funde la belleza exquisita y la emoción delicada, pues armoniza la inconsistencia desgarradora y atemporal de la materia con la delicadeza sutil del dibujo.

El resultado es apasionante: Los soportes siempre cercan espacios absolutamente depurados, casi vacíos, estáticos pero latentes pues esta depuración no es tan sólo un valor plástico sino una tenue energía que permite respirar mejor. Esta noción es fundamental en la estética japonesa, que no conoce las categorías del espacio y del tiempo, sino la del intervalo (en japonés Ma), más sutil. Los motivos siempre se le añaden como suplemento enigmático, delicadamente prisioneros, encantados y parecen surgir de la madera o del papel para ser percibidos tan sólo por el placer particular que nos dan: el placer solitario del recuerdo. Su trazo se plantea como un lucimiento de la forma; riguroso y apretado refuerza la apariencia de los motivos, haciéndolos más intensos y comunicativos. Así nace la emoción de cada figura: hasta la más dulce lleva el pavor del suspense, la rareza misma –la pobreza- de las esencias. Y esa palpitación visible se agita eternamente en el lienzo inmóvil.

Enviado el 22 de Marzo. << Volver a la página principal <<

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