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Abril 14, 2006

Lo que la verdad esconde - Juan Antonio Alvarez Reyes

Originalmente en abc.es

Grande Huyghes
Toda exposición es un acto complejo en el que intervienen muchos actores, intereses y conflictos. Interrogarse, investigar y elucubrar sobre sus mecanismos son algunas de las cuestiones clave del presente artístico, y el artista francés Pierre Huyghe lo sabe perfectamente. La exhibición pública es hoy, ante todo, una puesta en conocimiento para un inicio de la circulación (distribución). Lo que caracteriza, entonces, a Huyghe es su capacidad de utilizar los resortes que el público artístico posee para adentrarse, mediante algunas herramientas características de la ficción, de la representación y de las huellas que deja lo real, en un espacio acotado como es el museístico, en el que las reglas de intercomunicación son aparentemente otras y supuestamente diferentes a las de afuera. En este lugar otro, el artista y el público comparten algunas características como son su centralidad y su temporalidad.

Ambos están -toda vez que aceptan participar- cautivos y desarmados. La centralidad de ambos, dentro del discurso tradicional museístico heredero de las teorías ilustradas, sólo pervive ahí, en las buenas intenciones y en el discurso, pero el desplazamiento producido por la aplicación de las fórmulas capitalistas ha traido consecuencias para ambos, puesto que ahora devienen actores-masa dentro de una supraestructura para la que ambos trabajan. La temporalidad del artista y del público, su constante y necesaria renovación se revela ahora como fundamental dentro del engranaje de la producción cultural actual. Pierre Huyghe lo reconoce desde el principio con la frase escrita en neón que abre la función: Je ne Possède pas le Musée d'Art Moderne ni l'Etoile Noire. El artista, ni temporalmente, posee el museo. Su centralidad, así como la del público, ha sido desposeída. La efectividad de Huyghe en este entramado consiste en la adecuada combinación de lo sabroso, la lírica y el discurso, es decir, de dosificar los estímulos adecuados para el cuerpo, el alma y la mente. ¿Alguien puede pedir más?

Sofisticada escenografía.
Para conseguir esto, ha elaborado una sofisticada escenografía dentro del primer piso del reabierto museo parisino. De ahí puede venir el título genérico de la muestra, que indica alguno de los aspectos adelantados anteriormente y que concibe el hecho expositivo como un parque de celebración, a la manera, se podría trasladar, de un museo «postfordista»; pero también como una ópera que combina las diferentes artes en una especie de obra total consciente de sus múltiples debilidades. La ingeniosa estructura con la que se ha dotado a esta muestra combina un prólogo y la exposición propiamente dicha en momentos y en lugares diferentes. La ecuación espacio/tiempo ha sido convocada y conjurada. Para poder entenderlo un poco mejor, merece la pena tener un momento descriptivo.

Marionetas de sí mismo.
El prólogo tuvo lugar durante el mes de febrero, en las mismas salas, y estuvo compuesto, entre otros elementos, por unos neones con frases y unas puertas entreabiertas, que, al modo de Étant Donné, de Duchamp, permitían ver, no el sexo femenino, sino una marioneta del artista. En la exposición propiamente dicha perviven ahora los neones, que bien podrían simbolizar el cambio de paradigma museográfico como paso de la luz tradicional amarillenta a otra ya más hiperreal, irradiada por el mal del neón, como culminación radical del cubo blanco, trasunto total de la heterotopía a la que ha conducido el discurso museológico. Las puertas entreabiertas han sido eliminadas y descansan recostadas sobre la pared, mientras otras mayores se desplazan, mediante un complicado mecanismo, por la larga sala de exposiciones, realizando una danza que subyuga a los visitantes. Aquello que abre y/o cierra, que permite la inclusión y/o exclusión, ha cambiado su función mediante la imaginación y el ingenio. Una vez eliminadas las barreras, y trastocadas de sentido, se pasa a la representación de sus dos últimos y ambiciosos trabajos: This is not a Time for Dreaming y A Journey That Wasn't.

El primero, también en exhibición en la Marian Goodman de Nueva York, es una de las vídeo-instalaciones recientes más conmovedoras y efectivas en la que se combina pasado y presente con realidad y fantasía en dosis casi perfectas.

¿Cómo salir airoso de esto?
Este trabajo habla del papel del artista, de su estatus en la modernidad y en el presente, de la función, las negociaciones, los equívocos y las fuerzas retardatarias que intervienen en el proceso artístico, y de una figura que, como en la antigüedad, recobra ahora fuerza: el encargo y el comisionado. ¿Cómo salir airoso de todo esto?

Huyghe se ha detenido en un episodio del pasado y lo ha intervenido con escenas del presente y autobiográficas. Además, lo ha llevado a un lugar construido especialmente para su representación, mediante un cuento escenificado por marionetas, sin diálogos pero dramatizado por la música. La historia es perfecta en su bucle temporal, mientras el espacio permanece. Los protagonistas de la historia son las marionetas de los arquitectos Sert y Le Corbusier, la Universidad de Harvard y su rector, representados por una figura negra maligna, el propio Huyghe y los comisarios de su proyecto, junto al edificio que acabaría construyendo Le Corbusier, pese al sin fin de problemas y a su propia muerte. La pieza termina con un epílogo que es un prólogo escrito por Liam Gillick y que podría resumirse, sin pesimismo y con lucidez, como que toda invitación es un caramelo envenenado.

El viaje que no fue.
Posteriormente, A Journey That Wasn't, con una presentación modificada respecto a la Bienal de Whitney, nos confirma la fantasmagoría de los sueños y ambiciones; la misticidad de lo que surge y las reglas de su representación; las posibilidades de la creación colectiva y la capacidad de embarcarse en absurdas y atractivas experiencias comunes. Como dice su título, un viaje al fin del mundo que nunca existió: el fin de la esperanza en el blanco extremo de la Antártida o en el radicalizado cubo blanco expositivo, ambos no-lugares que habita el artista, como también lo ha devenido, tras los atentados, Nueva York, donde tiene lugar la representación o recreación del viaje que no fue.

Esta exposición de exposiciones (Bienal de Venecia, 2002), donde la duración es crucial (Bienal de Lyon, 2005), al igual que la transformación de la realidad y la puesta en valor de los mecanismos que lo permiten (Bienal del Whitney, 2006) no está cerrada, puesto que continuará en otras coordenadas espacio-temporales. Será en la Tate Modern de Londres, durante el próximo verano. Los mecanismos de la intriga están servidos.

Enviado el 14 de Abril. << Volver a la página principal <<

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