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Abril 14, 2006

Shoja Azari: «soy un hombre sinidentidad, sin fronteras» - Javier Díaz-Guardiola

Originalmente en abc.es

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Es casi su primera vez, pero se encuentra cómodo y distendido. Shoja Azari (Irán, 1958) ha elegido España para escenificar su irrupción definitivo como artista, con la presentación de la serie «Windows» en forma de instalación. Su calidad como cineasta ya está más que comprobada y su entrada en el mundo del arte no está dejando a indiferente. Será porque este hombre de verbo pausado y discurso intenso, exiliado de Irán y desencantado de Occidente, sin perder nunca la esperanza, está acostumbrado a situarse en la frontera.

¿Qué metáfora de la ventana ?como límite, pantalla o frontera? es la que ofrece «Windows»?
Windows hace alusión a todas esas realidades. Quizás la metáfora más evidente para mí sea la de frontera. Las ventanas se relacionan con los muros. Los muros son límites físicos que levantamos frente a nosotros mismos para separarnos unos de otros, y las ventanas son conexiones, aberturas transparentes que necesitamos, aunque luego las cubramos con cortinas. Lo que quiero resaltar es esa imposibilidad absoluta del individuo para esconderse. En la serie hay un vídeo cuya historia se nos cuenta desde un ojo, lo que introduce la idea del voyeurismo. Es una pieza muy importante porque subraya muy bien la idea de metáfora: el ojo es la entrada a los secretos de quien los guarda.

¿Qué es lo que conecta unas «ventanas» con otras?
El proyecto, en origen, fue pensado para un largometraje; de hecho, está terminado como tal y se presentará en el Tribeca Film Festival de Nueva York en mayo. Básicamente, en la película, las nueve piezas se construyen y se suceden gracias a una animación que funciona como décima ventana sin serlo. Una cuestión fundamental de todas las piezas es esa idea de ventana y, junto a ella, el hecho de que cada vídeo haya sido filmado en una única toma.

Algunos de estos vídeos ya los habíamos visto en España, pero es la primera vez que se ofrecen en conjunto como instalación. ¿Qué trasformaciones ha supuesto el paso del cine al museo?
El resultado me ha entusiasmado, sobre todo el montaje en este espacio que permite ver simultáneamente algunos de ellos. En esencia, lo que ha ocurrido es que se ha multiplicado y reforzado la sensación de estar mirando a través de una ventana. Eso es algo que no me esperaba.

Eso es lo que ganan las piezas, pero, ¿han perdido algo?
No creo que haya habido pérdidas, pero sí que es verdad que lo que me gusta del cine es el ritual de ir hasta la sala, que es casi como ir a una iglesia: tienes que desplazarte, comprar la entrada, sentarte entre la masa, asumir la oscuridad... Eso crea una atmósfera irrepetible. Por otro lado, el cine exige un nivel de concentración que puede perderse en el museo. La narratividad del cine da paso a la visualidad de la sala de arte. Yo estoy aprendiendo mucho con esto, y estoy muy interesado en analizar la reacción de los espectadores: ¿se quedarán hasta el final de las piezas? ¿Las verán todas? ¿Cómo lo harán? Por último, una de las diferencias fundamentales es la calidad de las imágenes y el sonido. Aquí la partida la gana el cine.

¿Por qué era tan importante grabar los vídeos sin cortes?
Eso nos devuelve a la idea de frontera. Cuando se edita o se graba con cortes, lo que estás haciendo es comprimir el tiempo y el espacio. La idea de Windows era situar al espectador justo en la frontera, y esta saltaría por los aires si el visitante y los actores no comparten tiempo y espacio. Yo he puesto todo el enfásis en que la ventana que separa sea transparente, lo más realista posible. Quería tiempo real, no magia. La magia surgiría a través de la ficción que se relata.

¿Qué le persigue del concepto «frontera»?
La idea de frontera es algo muy personal para mí desde el mismo momento en el que me reconozco como exiliado. Por el hecho de tener que abandonar mi país soy un hombre sin fronteras, sin una identidad especial. La frontera me interesa como algo a lo que puedo borrarle los límites. Cuando uno no tiene identidad, no tiene límites y puede explorar las cosas con más naturalidad: te acercas a ellas por necesidad, sin prejuicios, lo que te convierte en un «voyeur».

Muchas de estas «ventanas» dejan al final un inevitable sentimiento de fracaso, de caída. Si la posibilidad de cambio es tan limitada, ¿por qué se trabaja?
Para responderle a eso tendría que ver el largometraje. En él, la historia acaba en el cielo, por lo que el final es feliz. De todos modos, en cuanto a la idea del fracaso, en mi opinión, atender a las partes más oscuras y negativas, aquello que está escondido, es el único modo de alcanzar la posibilidad de que exista la esperanza, de somatizarla, de comprometerse.

Cita Panera a Zizek: «El observador neutral o pasivo es el verdadero racista, el verdadero maltratador, el verdadero violento». ¿Qué papel ha de asumir el espectador para que esto no ocurra?
Yo creo que esta cita es muy acertada para A Room with a View. En ese vídeo, dos personas están viendo una película en su casa mientras a sus espaldas están violando a una muchacha. Ellos son los espectadores neutrales, pasivos, ignorantes de lo que pasa, pero para mí no es que ellos no puedan saber, sino que su actitud es una elección en su búsqueda de su seguridad. A través de ellos somos conscientes de la violencia que sucede en el vídeo. El descolocamiento es evidente porque tú miras a gente que mira. Mi experiencia con el espectador me dice que lo que ven les acompaña, les obsesiona y les perturba.

Ha hablado de su exilio a EE.UU. Desde entonces su mirada se ha dirigido a la sociedad americana.
Como la mayor parte de la gente que vive en el Tercer Mundo, la idea que se tiene cuando eres un adolescente de EE.UU. es que es un paraíso y creces deseando tocar ese cielo. Sin embargo, cuando yo llegué a América, la decepción fue inmediata: no era tan feliz como imaginábamos y sí mucho más violenta y catastrófica en muchos aspectos. Ahí se creaba otra frontera que me interesaba mucho. Y esa reación es algo que se ve en Windows, en donde las realidades fantásticas acaban siendo destruidas por la realidad más dura. Pero yo sería crítico aquí o allí. Es mi naturaleza. En Irán lo fui tanto que acabé en la cárcel y tuve que abandonarlo. Mis intereses son más universales que todo eso y se basan en los dilemas existenciales similares en todas las culturas. Creo que la humanidad, ahora mismo, está perdida y no encuentra su camino. Hay un relato de Kafka, El mensajero, que me interesa especialmente: en él hay dos mensajeros que tienen que hacer llegar el más importante de los mensajes y lo hacen en un viaje larguísimo y complicado. Cuando llegan a su destino, la dificultad encontrada en el camino hace que lo olviden. Eso es una buena metáfora de lo que nos ocurre. Estamos perdidos en algo que nosotros mismos hemos creado. Las civilizaciones experimentan cambios, los imperios suben y caen, pero siempre existe el mismo dilema existencial.

Conociendo las dos sociedades, la oriental y la occidental, ¿se puede decir que los miedos físicos son más locales y los psicológicos más universales?
Sin duda. En Irán, por ejemplo, tu misma existencia física se ve amenazada y violada por el sistema. Si se te ocurre tener ideas, pararte a pensar, tienes que llevar una vida oculta porque si se descubriera te matarían; así de sencillo. En Occidente, el miedo es más psicológico, más complejo, y se muestra a través de mecanismos de control. Sin embargo, yo creo que ahora mismo en EE.UU. algo está cambiando y ese miedo psicológico cada vez es más físico.

¿Bienal de Berlín o Berlinale? ¿Bienal de Venecia o Festival de Cine?
Todo esto es muy nuevo para mí, por lo que me estoy divirtiendo mucho. Yo creo que el mundo del arte ofrece muchísimas posibilidades que no existen en el cine, y al revés. Si ?y crucemos los dedos? las cosas salen bien, intentaré estar en ambos ámbitos. Por venir del cine, cuando inicié el montaje de esta exposición, buscaba que los vídeos estuvieran en la oscuridad, que estuvieran cubiertos. Lo que conseguía así era que la exposición sufriera interrupciones, resultara entrecortada, cuando lo que necesitaba era que la atmósfera física fuera un todo para hacer más efectiva la obra.

Enviado el 14 de Abril. << Volver a la página principal <<

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