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Abril 08, 2006

Un drama mal resuelto - Juan Antonio Alvarez Reyes

Originalmente en abc.es

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A una pregunta de Nancy Spector sobre qué hay de diferente en esta bienal, Maurizio Cattelan -comisario, junto a Ali Subotnick y Massimiliano Gioni-, responde que han querido hacer una muestra sin trampas, sin trucos, la «exposición que nos gustaría ver». El comentario, nada más empezar y para dejarlo claro desde el principio, es que puede que no haya demasiados trucos (en el estilo de los que acostumbra el propio Cattelan en su producción artística), pero desde luego no es la «exposición que nos gustaría ver». Es más, tampoco es la «exposición que nos gustaría ver» para la Bienal de Berlín y, ni siquiera, la pertinente en estos momentos.

A la pregunta de «¿por qué estás aquí?», en la guía berlinesa Zitty, Hito Steyerl contestó: «Que muchos de nosotros estemos aquí es un productivo efecto secundario de la continuada crisis (financiera) de esta ciudad». Sin embargo, esta bienal, a diferencia de sus predecesoras, obvia el contexto y eso que uno de sus lemas es la calle donde se encuentran las diferentes sedes: Auguststrasse.

Sin sustancia.
A este aspecto, que podría haber sido la seña de identidad de esta edición, no se le ha querido sacar todo el jugo posible. Los diferentes edificios, ya sean una escuela femenina judía, un cementerio, una iglesia, unas oficinas o diversos apartamentos -además del Kunst Werke, que ha sido el iniciador y alma de estas bienales-, van conformando un recorrido por una calle con una importancia en el arte contemporáneo no muy alejada en el tiempo. Sin embargo, pese al texto en el catálogo que analiza su historia, ésta es prácticamente obviada, sus vecinos no son relevantes (sólo quizás por su ausencia, motivo éste que debería ser objeto de reflexión, el del autismo de muchas prácticas y reflexiones artísticas) y el paseo de los visitantes por sus aceras tampoco, a pesar de que los comisarios, según sus palabras, han querido hacer «una especie de arqueología de lo cotidiano». Es decir, la elección de la calle parece dedicada a la comodidad que supone para el foráneo el no tener que desplazarse demasiado... lo que se agradece en una ciudad con distancias tan largas, pero que debería haber supuesto algo más en la investigación del lugar y en las causas de su elección.

En un paseo por la calle quizás convenga empezar por el final, por el cementerio en el que reposan los sonidos de Susan Philipsz o las cacofonías del Palacio de Linares, en versión vídeo animado de Jorge Queiroz. Otra parada necesaria es la Gagosian Gallery, el proyecto que ha estado funcionando con antelación a la bienal y que, junto a la publicación Checkpoint Charley o las inserciones en la prensa alemana, ha constituido el más allá de esta manifestación y seguramente sus mayores aciertos. En la exposición coincidente con la inauguración, titulada Happiness, participaba la única artista española: Tere Recarens.

En un contenedor.
Más abajo, en un contenedor, Eric van Lieshout muestra, con su estilo desenfadado y gamberro, su viaje por Alemania, mientras, en un salón de baile, Tino Sehgal preparó una continuada performance de una pareja que muestra su amor mediante una danza. En el Kunst Werke, se exhiben desde la instalación Rats and Bats (1988), de Bruce Nauman, hasta Drunk (1999), de Gillian Wearing, pasando por U-ni-ty (1991-1994), de Michael Schmidt, sobre las décadas de la división de Alemania. Sin embargo, sería el proyecto en vídeo de Clement von Wedemeyer, uno de los artistas más destacados de la actualidad, el más jugoso. El espacio expositivo mayor, una antigua escuela judía para niñas enfrente del KW, tampoco deparó muchas «alegrías». Aunque con algunas excepciones como las de Thomas Bayrle, Bruce Conner, Tacita Dean (con un filme reciente), Natalie Djurberg (cuyas animaciones se pudieron ver en Rekalde), Anri Sala o Diego Perrone, todo conjugado con obras de artistas como Tadeuz Kantor, Francesca Woodman o Paul McCarthy.

En este sentido, esta cuarta edición se aleja sobremanera de la anterior, la comisariada por Ute Meta Bauer, que tantas críticas negativas cosechó en la prensa alemana, pero que tan interesante y fundamentada era. O, también, de la primera -comisariada, entre otros, por Nancy Spector- que quiso poner de manifiesto la efervescencia artística y cultural de la nueva capital alemana tras la reunificación priorizando a sus protagonistas. Quizás haya una mayor similitud, aunque tampoco demasiada, con la segunda de Saskia Bos. La gran diferencia con ésta, además de lo temático y el hincapié que se puso en lo relacional, es el diferente interés entre ambas de los artistas seleccionados y la calidad de las obras escogidas. Si en la precedente hubo artistas y obras tan interesantes como las presentadas por Fiona Tan, Anri Sala, Kultug Ataman, David Claerbout, Surasi Kusolwong.... ahora la nómina no es que sea sólo más reducida, sino que también muchas de las piezas escogidas son antiguas, de años anteriores... algo no muy habitual porque son ya bastante conocidas para cualquier aficionado.

Sin nervio y triste.
¿Necesidades del guión? Ni tan siquiera, puesto que otras piezas pudieran haber sido las seleccionadas. Todos estos aspectos negativos hacen no sólo que sea una bienal casi sin nervio y triste, sino además con poca enjundia. Tiene, por supuesto, un nivel en general correcto, pero en la competición en la que se haya el mundo bienalístico, queda claramente rezagada ante otras celebradas en el último semestre (principalmente, frente Estambul, pero también, la del Whitney).
El título elegido por la tríada de comisarios es De ratones y hombres, tomado de la novela de John Steinbeck de 1937. La melancolía, la soledad... están muy presentes en esta exposición salpicada a lo largo de una calle con alegorías de la vida como: «naces, vives y mueres». Y así resumen los comisarios su esencia, que está salpicada de saltos y caídas. En este sentido, lo levemente trágico y cierto dramatismo existencial dominan muchas piezas escogidas «por afinidades» y no «para ilustrar un concepto específico», lo que produce una ambigüedad y un tono gris casi plomizo, como el de un drama no bien resuelto. De animales como hombres y de hombres como animales. Así lo ve Cattelan: lástima que no se hayan valido para esto con mayor profusión de uno de los mejores (y más productivos en la actualidad) medios para narrar esas fantasías: la animación.

Enviado el 08 de Abril. << Volver a la página principal <<

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