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Abril 13, 2006

Vértigo en tiempos de cambio - Elena VOZMEDIANO

ORIGINALMENTE EN EL CULTURAL

17004 1
Llega el momento, en el reparto mundial de riqueza y poder, de los gigantes asiáticos, China e India, y podríamos pensar que la creación contemporánea en ambos países va a vivir en breve una explosión similar. En el caso de China, es cierto que el mercado occidental ha demostrado enorme interés por sus artistas desde hace años, y el arte chino actual ha sido objeto de numerosas colectivas en importantes museos y centros: ahora mismo, en el PS1 neoyorquino, The Thirteen: Chinese Video Now; en la Haus der Kulturen der Welt, Berlín, la itinerante Between Past and Future. New Photography and Video from China; en el Davis Museum de Wellesley, On the Edge: Contemporary Chinese Artists Encounter the West; y en el Kunstmuseum de Berna, una selección de una de las mayores colecciones occidentales de arte chino, la de Uli Sigg (1.200 obras). Pero para que el arte chino sea fuerte, debe, sobre todo, consolidar su presencia en el interior. Y eso es algo que ha comenzado a suceder sólo muy recientemente. Hasta principios de los 90 no había mercado nacional, ni apenas centros de arte, ni suficiente información. Hoy hay algunos espacios no gubernamentales, galerías y casas de subastas que prosperan espectacularmente y un proceso de modernización de las enseñanzas artísticas; ciertos museos estatales exponen arte actual y se han establecido la Bienal de Shanghai y la Trienal de Guangzhou, así como la feria de Beijing (que pronto será el mayor evento artístico asiático). Impresionantes logros, pero es sólo un principio. En cuanto a la censura, se dice que ya no se cierran exposiciones, como ocurría hace poco. Si se respetan los mínimos se hace la vista gorda.

Ésta del ICO es la primera revisión institucional del arte chino actual que nos llega a España, centrada en producciones de vídeo muy recientes (todas posteriores a 2001). Elección que, aun limitando los contenidos, es pertinente. Tras el protagonismo de la pintura en la primera mitad de los 90, en la segunda hicieron irrupción allí la fotografía y el vídeo. La primera vez que un artista chino utilizó una videocámara fue en 1988 (y con propósitos sólo documentales) y la primera exposición de vídeo tuvo lugar hace diez años en la Academia China de Bellas Artes de Hangzhou, organizada por Wu Meichun, directora después del pionero Centro de Arte para los Nuevos Medios. En Beijing se ha creado un estudio de arte digital en la Academia Central de Bellas Artes y se ha abierto el Loft New Media Art Space. En muy pocos años el vídeo ha abierto camino a nuevos lenguajes y a una nueva libertad creativa. Las cámaras digitales, el acceso a los ordenadores y el pirateo de programas han permitido una utilización extensiva del medio.

En buena parte de los 17 artistas seleccionados por el comisario de la presente muestra, Hou Hanru (uno de los artífices de la internacionalización del arte chino, residente en París), se hace patente lo “casero” de la filmación y la edición. Naturalmente, pocas de estas producciones cuentan con los medios de los que disponen los artistas occidentales asociados a las grandes galerías. Es justo, por tanto, no prestar excesiva atención al “acabado” y concentrarse en las intenciones. Y hay de todo. La mayoría de los vídeos se refieren a un universo urbano y joven, difícil de abarcar. La exposición está muy bien estructurada en tres espacios: el del arte, con los vídeos de la sección Yo y el mundo, que exploran ese intento de situarse en un territorio cambiante; el del “cine”, Narraciones fantásticas, en el que se proyectan los mejores trabajos, más experimentales en el lenguaje; y el de la “televisión”, Testigo, con documentales de asunto social. (Se necesitan varias horas para ver, si no todo, sí lo más interesante). No deben esperarse exotismos ni grandes choques de esta selección: lo visto resulta familiar, cercano a lo que podríamos ver en los circuitos occidentales. Una buena dosis de intrascendencia, algo de asumida y pasiva perplejidad, dos o tres refrescos de humor, un tanto de pretenciosidad y –con esto hemos de quedarnos, porque es lo que quedará de la sobreabundancia de propuestas– contados momentos de fascinación. Todo presentado con el usual contraste entre lo vertiginoso y lo insoportablemente lento. Ni más ni menos que en otros lugares.

En la primera sala se pueden ver ocho vídeos seguidos en unos 45 minutos. En ellos se encuentran escenas surreales (la camarera-maniquí de Zhu Jia), angustiados Atlas modernos (Yang Zhenzhong), superhéroes que vuelven a dormir a casa de los padres (Cao Fei) o animaciones invasoras de cuerpos (Zhou Xiaohu). En la segunda, es imprescindible Queen Lili’s Garden, obra de Chen Xiaoyun que sobresale por su originalidad y por su factura. Chen, formado en pintura china tradicional, enlaza en esta película de más de una hora de duración raras y bellísimas escenas, con un estudio de luces y un manejo de la composición extraordinarios. También la Historia de la química de Lu Chunsheng está por encima en cuanto a la calidad de las imágenes y, en este mismo programa, es muy interesante el trabajo en equipo de Cao Fei y Ou Ning y U-thèque sobre el barrio de San Yan Li. En la sección documental merece la pena detenerse en el seguimiento que la joven Cao Fei hace de un encargo oficial a su padre, escultor de monumentos comunistas, que permite recordar, ya con ironía, el frustrante pasado reciente del arte chino.

Enviado el 13 de Abril. << Volver a la página principal <<

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