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Mayo 27, 2006

Bienal del Whitney: un balance: La llegada del cuervo - VIOLANT PORCEL

Originalmente en LA VANGUARDIA DIGITAL

Dtaot-Combine
Este año la Bienal del Whitney Museum, de Nueva York, presentaba una importante novedad: es la primera vez que se le pone un título, Day for night, y que los comisarios, Chrissie Iles y Philippe Vergne, no son americanos, aunque ambos ejercen desde hace tiempo su profesión en este país. El título es la traducción inglesa de la película La Nuit américane (1973), de François Truffaut, y hace referencia a una técnica cinematográfica que consiste en filmar escenas de ambientación nocturna durante el día a través de un filtro especial. Aunque actualmente la tecnología se ha sofisticado y la de hace un cuarto de siglo ha pasado a ser un material menos utilizado, pues provoca un efecto de sombras muy contrastado e irreal. En cualquier caso, su nombre resulta evocador, habla de la invención deun artificio sustentado por una ficción, una doble simulación que expresa una situación de confusión e incertidumbre, pues el día se muestra inmerso en la penumbra.

La bienal refleja con acierto y coherencia -al menos según sus postulados- la esencia de la América actual y de la sociedad occidental en general, y de las obras se desprende una oscuridad y una angustia que ya empezaba a apuntar en la anterior edición, pero que ahora se radicaliza materializando la irracionalidad, la violencia, la erótica o la religión. Así a lo largo de su recorrido sobresalen varias propuestas de estética punk de tono político y social encendido, como la del veterano Kenneth Anger que ofrece la faceta más dark de Mickey Mouse, aunque también hay algunas piezas que se quedan en el deshecho arbitrariamente dispuesto, sin trascender.

La muestra se fundamenta en el dadaísmo, en la vigencia que puede subsistir de este movimiento nacido de la crisis moral e intelectual provocada por la Gran Guerra y la eclosión de los medios de comunicación de masas, con lo que deja de contemplar la vida sólo estéticamente para implicarse en ella con ánimo crítico a través del juego y una mezcla de lenguajes. Los artistas de la bienal del Whitney en su mayoría se caracterizan por acercarse también a la realidad de manera punzante, montar espacios a lo cabaret Voltaire y usar indistintamente diversas formas expresivas.

Muchos de los participantes tampoco son americanos y algunos ni residen allí, aspecto que ha desatado cierta polémica. Los comisarios se justifican explicando que quieren transmitir la naturaleza del creador actual en constante movimiento geográfico, y justamente apuntan a los dadaístas como modelo, un grupo que se desarrolló en diversos centros y se reclamaba antinacionalista. Hay igualmente un interés en enfatizar la figura del creador ficticio emulando a Rrose Sélavy de Duchamp, así la artista y galerista Reena Spaulings es en realidad un colectivo que efectúa una ácida crítica al mercado del arte. Al igual que The Wrong Gallery, compuesta por Maurizio Cattelan, Massimiliano Gioni y Ali Subotnik, comisarios de moda y artífices de la actual bienal de Berlín, que también han articulado su muestra dentro de la bienal del Whitney, una de las mejores propuestas, consistente en un homenaje a los antihéroes americanos con una brillante selección de artistas como Weegee, Raymond Pettibon, Mark Lombardi, Félix González-Torres, Fernando Brice o Marzel Dzama. También destaca Sturtevant cuestionando el concepto de autoría con una instalación en la que recrea con espectacularidad ready-mades de Duchamp. Y los propios comisarios de la bienal se inventan una identidad nueva, Toni Burlap, para sostener en el catálogo que el artista actual que permanece en la sombra puede camuflarse en marca comercial, según el patrón del mundo real. Incluso otros participantes se escudan en el anonimato.

Claros paralelismos
En el itinerario se establece también un claro paralelismo entre los actuales excesos políticos estadounidenses, sean en relación a Irak o al huracán Katrina, con los turbulentos años 60 y 70 y los movimientos políticos, étnicos y de género. Son ahí interesantes los trabajos de Zoe Strauss, Lisa Lapinski, Marilyn Minter o Kori Newkirk. Y como emblema de esta tendencia se ha colocado en una terraza la escultura Peace Tower, de Rirkrit Tiravanija y Mark Di Suvero, que recrea el diseño de este último de 1966 para protestar contra la guerra de Vietnam, aunque situado en una institución como el Whitney pierde fuerza reivindicativa. Si Marcuse decía en El hombre unidimensional que el capitalismo convertía al individuo en un ser atrapado por el sistema, donde no había espacio para la oposición y la crítica, ahora esta irracionalidad alcanza a menudo lo grotesco, un exceso que se aproxima al vómito, como ejemplifican los vídeos del jovencísimo y prometedor Ryan Trecartin, de Cameron Jaime en su ritual salvaje o el formidable DTAOT:COMBINE (DON´T TRUST ANYONE OVER THIRTY, ALL OVER AGAIN),que muestra como una estrella del rock se convierte en el presidente más joven de EE.UU.

Aunque el circuito de bienales participa de la pompa y el glamour artísticos, la edición de este año trata de enfrentarse a la parte más sórdida de nuestra realidad. El catálogo incluye el sobrecogedor poema de Poe El cuervo, en el que durante una noche helada un personaje evoca a su amada muerta, y de pronto se le aparece un cuervo espectral que le niega la posibilidad de cualquier ilusión o deseo, que hunde su ánimo aún más en la oscuridad y la nada, pues no existe el Edén, y lo hace graznando aquel terrorífico Never more, nunca más, que puntúa tenebrosamente el poema.

Enviado el 27 de Mayo. << Volver a la página principal <<

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