« Sandison, mundo, sujeto y lenguaje - Ramón ESPARZA | >> Portada << | Es sólo una broma - PEIO AGUIRRE »

Mayo 24, 2006

Gramofilia - ARNAU HORTA

Sobre Christian Marclay Editorial Phaidon. Originalmente en LA VANGUARDIA DIGITAL

Marclay2
Máximo representante del movimiento turnabilista, Christian Marclay se dedica a explorar las distintas formas de expresión que permite el vinilo. A diferencia de un disc-jockey tradicional, Marclay manipula maltrata los discos. De este modo, pretende romper con la ilusión que encierra en si misma la música grabada: "En mis conciertos, destruyo, rayo y atento contra la fragilidad del disco para liberar la música de su cautividad (…) Cuando un disco salta o se encalla siempre procuramos hacer de ello una abstracción, de modo que el flujo musical no se interrumpa. Mi intención es que la gente advierta estas imperfecciones y las acepte como música. La grabación es una ilusión, las rayaduras, en cambio, son reales". Esta metodología basada en la agresión al soporte tiene su ejemplo más claro y definitivo en la obra de 1985 Record Without a Cover, un disco de edición limitada que Marclay comercializó sin cubierta. Desprotegido y expuesto al desgaste del tiempo, el disco se transforma progresivamente y se convierte en una obra en permanente cambio, siempre inacabada. Como hizo John Cage con su famosa pieza silenciosa 4´33´´, Marclay cuestiona aquí los límites de lo musical. Si Cage se fijaba principalmente en los códigos institucionales (la sala de conciertos, la partitura, la autoría,…), Record Without a Cover propone una reflexión, también subversiva, sobre el estatus de la música en la era de la reproducibilidad y la cultura de masas. El disco es para Marclay un ready-made de consumo, fruto de un determinado contexto político-social con el que dialoga a través del juego conceptual. De este modo, y a través de su ontología comunicativa, la grabación en vinilo se convierte simultáneamente en materia prima, catalizador de sentido, objeto simbólico y vehículo metafórico.

Christian Marclay desarrolló gran parte de su trabajo en la ciudad de Nueva York durante los años setenta, inmerso en una escena artística donde el post--minimalismo y el arte conceptual compartían espacio (el de los clubs) con el punk y otras manifistaciones de la vanguardia musical. Era una época en la que el proceso de desmaterialización de la obra había llegado a sus últimas consecuencias y las principales vías del arte contemporáneo se encontraban en el cuerpo (Chris Burden), el texto (Joseph Kosuth), la performance (Vito Acconci) o el análisis de las relaciones espaciales (Dan Graham). Marclay, sin embargo, opta por la producción de objetos que recuperan y recontextualizan antiguas morfologías y procedimientos como el collage, el objet trouvé o la metáfora escultórica (muy a menudo en forma de explícitos homenajes a, por ejemplo, Man Ray, Duchamp, Cage o Bruce Nauman).

Existen, pues, dos caras aparentemente opuestas en el trabajo de Marclay: la del músico y la del artista plástico; la de la obra efímera que comienza y acaba en el escenario y la del objeto expositivo aprensible.

En esta segunda faceta Marclay utiliza y aborda cuestiones como el proceso físico abierto, la representación simbólica, el comentario socio-político y, en algunos casos, la participación activa del receptor. Todo ello presente, también, en la obra de Hans Haacke, profesor de Marclay a finales de la década de los setenta. No son pocos, en realidad, los puntos de contacto que existen entre los procedimientos de Marclay y los de muchos otros artistas vinculados, como Haacke, al movimiento conceptual. Partiendo del disco como prisma a través del que mira el mundo, el neoyorquino convierte sus obras en reflexiones que van más allá de la experiencia estrictamente empírica y reflexionan, a través de una literalización del objeto, acerca de los significados del arte, sus convenciones y sus resortes ocultos. Jennifer González, autora del prólogo del libro monográfico sobre Marclay editado por Phaidon, denomina a esto una visión gramofílica (de gramófono) y describe así el potencial significativo del disco en las obras del artista: "no se trata de una mera representación secundaria de una actuación en directo o de un registro del pasado sonoro: es un objeto con una significación cultural y una función social particular. Es un objeto que un día fue comprado y vendido; querido y protegido; reproducido y coleccionado".

También en el libro, en una de las diversas entrevistas recogidas, Marclay explica cómo el disco se convierte en un vehículo expresivo capaz de establecer, incluso desde el mutismo, un diálogo de tipo intelectual (a veces a través de la sinestesia) con el espectador: "La técnica de la grabación ha convertido la música en un objeto. Mi trabajo trata tanto de este objeto como de la música. Las vibraciones efímeras e inmateriales de la música se han transformado en objetos tangibles como casetes, cd´s o discos de vinilo. Esta transmutación me parece muy interesante. Uno no piensa necesariamente en la música como una realidad física, pero tiene manifestaciones tangibles. Puede tratarse también de una fotografía, una pintura o un dibujo. Asimismo, en una actuación en vivo está presente la presencia visual de alguien que produce sonido. Constantemente estoy tratando con esta contradicción entre la realidad material de la obra y su potencial inmaterialidad".

Enviado el 24 de Mayo. << Volver a la página principal <<

Comentarios

Publicar un comentario

Gracias por registrarse, . Ahora puede comentar. (salir)

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).


¿Recordarme?