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Mayo 14, 2006

La revolución de los círculos negros - ÁNGELA MOLINA

Originalmente en Babelia

Bobbyo
El envoltorio es un pensamiento, pura jouissance, espacio del significante, transporte. Paquete vaciado, no vacío. Abstracción visible. El museo, ese gran símbolo de la cultura visual que regula la semántica de la historia, ha convertido la cáscara en pura voluptuosidad, una membrana que rompe el infinito vicioso de los cuerpos sonoros transformados en fetiche. Nada de sentido, nada de metáfora. Sólo la forma pura. Bienvenidos a la verdad del Zen.

La mirada erotizada por la fantasmagoría encuentra en Vinilo. Discos y carátulas de artistas su marco. Detrás de él no hay nada; y sin embargo, las 750 fundas de disco de 33 revoluciones por minuto que se exponen en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) desbaratan la propia idea de exhibición. El museo como paisaje que escucha. Pero, ¿dónde está la música? ¿Dónde hacer girar los círculos negros? ¿Dónde se esconde el objeto con aura, lo gracioso, lo gratuito de la obra artística? Aquí no hay trampa, pero sí cartón.

En unos tiempos en que estos soportes de comunicación musical y sonora están prácticamente en vías de extinción a causa de la flexibilidad -casi una lubrificación- de las invenciones digitales, como el CD (1982) o más recientemente el MP3, que han llevado a la transmisión musical a su práctica desmaterialización, Vinilo inspira el agradable respeto de una exposición arqueológica. Hasta el momento, sólo dos muestras europeas habían abordado este ámbito de creación: The Record Cover as Artwork (Londres, 1973) y Broken Music (Berlín, 1988). Vinilo, que se inaugura el próximo miércoles en el Macba, se expuso de agosto a noviembre de 2005 en el Neues Museum Weserburg de Bremen (Alemania), institución que ha adquirido esta colección privada de Guy Schraenen, y viajará en 2007 al nuevo Centro de Arte de Sevilla (CAS) y el Museo Serralves de Oporto.

El propio Schraenen ha diseñado el recorrido, que sigue criterios cronológicos y visuales y que abarca desde los movimientos vanguardistas de los años veinte hasta experimentos sonoros más recientes, pasando por el accionismo de fluxus, el nouveau réalisme, el pop art y el arte conceptual. Se podría decir que no existió artista que no quisiera ver avaladas sus credenciales radicales y subversivas en estas carátulas, aunque sólo fuera para ser famoso durante, al menos, 45 minutos: Dalí, Artaud, John Cage, Apollinaire, Duchamp. Josef Albers, Raoul Hausmann, Miró, Jack Kerouac, Yves Klein, Georges Brecht, Dubuffet, Dieter Roth, Lawrence Weiner, Sol Lewitt, Hanne Darboven, Günther Forg, Joseph Beuys, Robert Frank, William Burroughs, A. R. Penck, Roy Lichtenstein, John Baldessari, Raymond Pettibon, Pistoletto, Gerhard Richter, Tom Wesselmann o, uno de los más prolíficos, Andy Warhol. La exposición cuenta con abundante material adicional -casetes, revistas, fotografías-; además, se han colocado estaciones acústicas para que el visitante pueda consultar o escuchar una amplia selección de más de mil discos a través de un avanzado sistema digital.

Un ámbito dedicado a las colaboraciones entre artistas y músicos en el Estado español se ha añadido a la exposición original. Víctor Nubla se ha encargado de la selección de 150 carátulas de discos capaces de transportar al visitante a la sala de máquinas de los años sesenta, setenta y ochenta, donde sorprenden los diferentes formatos de colaboración entre artistas visuales y sonoros, como los singles y elepés de Los Brincos diseñado por Iván Zulueta (1968), Gato Pérez, por Gilbert Shelton (1982) y Mariscal (1990); Joaquín Sabina, por Forges (1990); Miguel Bosé, por Andy Warhol (1983); Ovidi Montllor, por el Equipo Crónica (1969); Raimon, por Joan Miró (1966); Sisa, por Miralda (1982); Lou Reed, por Nazario (1976), y Radio Futura, por Juan Navarro Baldeweg (1987).

"El disco de vinilo fue consecuentemente colonizado por los artistas, que se lo apropiaron para difundir sus obras sonoras en el mismo momento que nace la industria de la música como la hemos conocido hasta ahora, parte integrante de las economías del entretenimiento y del espectáculo", explica Bartomeu Marí, jefe de exposiciones del museo barcelonés. "Si bien la radio y el cine ya son medios de comunicación de masas desde los años veinte, la televisión sintetizará el poder de los medios y de la reproducción de contenidos desde los años sesenta y setenta. El sonido y sus tecnologías de transmisión introdujeron, con el cine, un tempo propio, fuera del tiempo, como elemento integrante de la experiencia de la obra y la condición de su experiencia".

Marí destaca el aspecto dialógico de la muestra, entre creadores del campo sonoro y del campo visual. "Desde el simple intercambio de tareas, como el artista que da imagen a la portada del disco, hasta auténticos cambios de roles, es decir, el artista es el autor del sonido, el músico es el artista, las permutaciones son múltiples, más aún cuando la concepción gráfica de las portadas de discos ha sido tradicionalmente el ámbito de acción de los diseñadores y grafistas, donde también se pone en práctica el poder de la estética de la seducción, de la persuasión iconográfica y de la sorpresa comunicativa".

Si bien hoy la relación entre la música y su soporte es, por así decir, gentil (de una simplicidad voluntaria), cuando no se ha deslizado en las mesas de mezclas de buscadísimos pinchadiscos, no se puede dejar de lado su vinculación histórica con la protesta y la denuncia. El catálogo de la exposición -un diccionario visual editado por el museo que remite a toda esa tactilidad de la materia sonora- cuenta con un excelente texto de Pedro G. Romero, donde el artista andaluz explica de qué manera la música se hace necesariamente política, o mejor, cómo se produce la "conversión de la música en cuerpo social". Igualmente valioso es el análisis de tinte lacaniano de Diedrich Diederichsen sobre ciertas portadas de discos; y los ensayos firmados por Jean-Yves Bosseur y Mark Jamieson, quienes se replantean el estatus de originalidad, copia, reproducción autorizada y pirateada, la desaparición de los soportes tradicionales y su impacto dentro de las industrias culturales, y más concretamente en el ámbito del coleccionismo del disco. ¿No dijo Mairena que se canta lo que se pierde?

Enviado el 14 de Mayo. << Volver a la página principal <<

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