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Junio 14, 2006

El despertar de Asia - Hilario J. Rodríguez

Originalmente en abc.es

Buena parte de las películas asiáticas más recientes tienen protagonistas jóvenes. De algún modo, es como si Asia estuviese despertando de un largo sueño, con energía renovada. Allí donde la Historia se suprimió o se tamizó durante años, ya fuese en China, Tailandia, Corea o Taiwán, se ha comenzado a partir de cero.
Algo así explica el rápido desarrollo económico y el increíble impacto de esas cinematografías en el resto del mundo, donde están dejando una huella indeleble. Lejos de ajustar cuentas con sus demonios colonialistas o de llorar por el tiempo perdido, muchos países asiáticos han querido detenerse en el pasado sólo lo suficiente para lanzarse enseguida en busca de su futuro. Quizás por eso el cine que se hace ahora mismo resulta más fiel al presente que el cine hecho en cualquier otra parte.

Cambios.
La obra del realizador chino Jia Zhang-ke se centra en los cambios que han tenido lugar en China en los últimos años, a partir del colapso del comunismo, momento en el que comenzó la irreversible expansión capitalista. En sus películas se observa esa transformación desde la perspectiva de los jóvenes, cuya deriva moral y emocional se debe a la pérdida de las señas de identidad de sus antepasados, que no han podido reemplazar por otra cosa que no sea un simulacro cultural presidido por bares con neones, móviles, ropa de marca o restaurantes de la cadena MacDonalds.

Son muchos los directores asiáticos actuales que creen que el presente lo deben describir aquellos a quienes les pertenece y no quienes recelan de él o se lamentan porque no se parece al pasado. Cineastas como Wong Kar-Wai, Fruit Chan, Shinji Aoyama, Hong Sang-soo, Shunji Iwai, Tsai Ming-liang, Hirozaku Kore-eda, Apichatpong Weerasethakul, Pen-ek Ratanaruang, Tran Anh Hung o Wang Xiaoshuai son capaces de describir la tensión de los jóvenes sin necesidad de juzgarles despectivamente.

Todos ellos, no obstante, intentan establecer paralelismos entre los jóvenes y los mayores, más que para marcar sus diferencias, para fijar sus similitudes y narrar la transformación social en la que ambos están tomando parte. Y eso hace que en muchas películas asiáticas actuales se utilicen al mismo tiempo metodologías clásicas y modernas (extraídas no sólo del cine sino también del arte conceptual, del cómic o de los vídeoclips), mezclando de ese modo elementos realistas y fantásticos, algo que permite que sus imágenes vayan más allá que las de ciertas películas europeas estancadas en lecturas de carácter social o en un documentalismo sin demasiado vuelo.

Si el siglo XX fue el siglo de Occidente, hasta el momento todo indica que el siglo XXI puede ser el siglo de Oriente, el siglo de Asia. Allí muchos cineastas parecen haberse dado cuenta de que el mundo es un lugar de contradicciones y de que éstas no se pueden explicar apelando al paso del tiempo, como en su día hicieron Yasujiro Ozu o Mikio Naruse. Las nuevas generaciones ya no piensan que vamos de mal a peor, simplemente creen que sacrificamos unas cosas para ganar otras a cambio, de que el cine, lejos de haberse muerto o de estar en franca decadencia, está mutando, y es necesario reparar en dicha mutación para entender cuáles son sus consecuencias.

Visiones más amplias.
Una de las características más llamativas del nuevo cine asiático es la confluencia de estilos abstractos y figurativos. En bastantes películas se altera la lógica estructural, como sucede, sin ir más lejos, en Tropical Malady (2004), cuyos títulos de crédito aparecen a mitad de metraje. También se escriben frases sobre las imágenes, como suele suceder en buena parte del arte pictórico asiático, dejando claro de ese modo que las imágenes trascienden cualquier ejercicio de representación y que no sólo pretenden reflejar lo real. Ni siquiera se establece una línea divisoria entre lo general y lo particular, introduciéndose codas exteriores sin relación aparente con el argumento de las películas. Gracias a lo anterior, muchas películas asiáticas proponen visiones del mundo más amplias de lo que suelen imponer criterios morales demasiado rígidos, como los que a veces se gastan Ken Loach, Michael Haneke o Theo Angelopoulos.

El gran interés que despiertan las películas asiáticas en estos momentos no se debe en exclusiva a la originalidad de sus planteamientos, en parte se debe al relevo generacional que se está produciendo en el mundo de la crítica (al menos en España) y entre los espectadores. Los planteamientos ideológicos de antaño se han ido superando poco a poco y el cine de entretenimiento ha ido abriéndose a propuestas menos definidas, como las que ofrecen por ejemplo Hayao Miyazaki, Takashi Miike, Park Chang-wook, Ringo Lam o Tsui Hark, cuyas obras van abriéndose camino poco a poco en las carteleras occidentales.

Aunque no siempre sabemos si las películas asiáticas que vemos son genialidades o simples tomaduras de pelo, mientras tanto aceptemos que quizás estén llenando un vacío que se ha producido en nuestra manera de entender el cine o en nuestra identidad, que sólo cobra forma y sentido a partir de la forma y sentido que buscamos en los demás. 

Enviado el 14 de Junio. << Volver a la página principal <<

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