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Junio 03, 2006

Entrevista con Olafur Eliasson - Javier HONTORIA

Originalmente en EL CULTURAL

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Olafur Eliasson ya había participado en colectivas en España pero nunca había expuesto de forma indivi-dual. Esta de la Fundación Telefónica es muy amplia, con diecisiete series de fotografías (debe haber realizado un total de veinticinco). Eliasson Ingresó en la Real Academia de las Artes de Copenhague a una edad relativamente tardía, veintidós años, pero a los veintiocho ya estaba exponiendo individualmente en neugerriemschneider, su galería en Berlín. Hoy su obra se encuentra en las colecciones de los grandes museos y se ha visto en muchas de las últimas bienales como las de Johanesburgo, São Paulo o Venecia...

–Hábleme de sus inicios como artista. ¿En qué momento decidió utilizar la fotografía y cómo comenzó a fotografiar el paisaje?
–Desde muy pronto me sentí atraído por el paisaje. En un lugar así lo raro es lo contrario. Solía recorrer Islandia en coche, tren, auto-stop, etc. Pero creció mi interés no tanto en el paisaje en sí mismo sino en la idea de recorrerlo para así formar parte de él, siempre desde mi presencia en él, como un fenómeno espacial. Así que empecé a fotografiarlo sistemáticamente. Yo nací en Copenhague, tengo nacionalidad danesa pero mi familia es islandesa y yo me siento islandés. Estudié en Copenhague pero a principios de los noventa me marché a Berlín, donde ahora vivo. Mi familia se quedó en Islandia y yo mantuve y mantengo un contacto permanente con ellos.

–¿Le influyó la escuela de fotografía alemana al llegar a Berlín?
–Conocía la fotografía alemana pero no me afectó demasiado. Me interesaba más el documental, la pintura del Renacimiento...

–¿Y la disposición de las fotografía en grupo, en grandes polípticos, como hacen los Becher? Una de las series que aquí presenta muestra una suerte de inventario de puentes en diversos lugares de Islandia...
–La disposición en retícula no tiene nada que ver con los Becher. Ellos lo que quieren es anular las diferencias entre los motivos para incidir en su parecido y crear cuerpos de imágenes homogéneos. Mi intención es crear una instalación que subraye la dimensión espacial y las diferencias entre las fotografías. De esta forma se genera una secuencia, una narración a partir del encadenamiento de las imágenes que incide en la idea de proceso. Esto tiene mucho que ver con cómo me desplazo por el paisaje y, sobre todo, al concepto de temporalidad tan presente en mi trabajo, no como las fotografías alemanas, esas meta-imágenes que no me interesan mucho.

Siempre desde la cultura
»A veces es más interesante cómo uno se relaciona con la naturaleza que la propia naturaleza en sí. Ésta tiene obviamente un gran potencial pero es siempre a través de la cultura cuando más me interesa. Por eso me gusta la pintura del Renacimiento, que no entiende el paisaje sólo desde la naturaleza sino también desde la cultura, desde la posibilidad de que cuente cosas sobre nosotros. Me interesa su caracter procesual, espacial y experimental. Al final no me interesa tanto la naturaleza como el hombre.

–¿Cuál es su manera de trabajar? ¿Selecciona primero el motivo o dispara para luego elegir?
–Siempre me ha gustado elegir los motivos. Suelo hacer un plan de viaje pero he hecho tantos viajes por Islandia que creo que ahora ya sé dónde puedo encontrar la luz que necesito, los matices de color que me gustan, el color del cielo más azul, más rojo... Conozco bastante bien la mecánica del paisaje. Trato de planear cuidadosamente los viajes en función de este conocimiento. Lo que no hago es quedarme delante del motivo durante horas hasta encontrar el momento. Yo camino por el campo y sé en qué momento encontraré lo que necesito.

El trabajo de Olafur Eliasson no es exclusivamente fotográfico sino que también se desarrolla en el campo de la instalación. Por ahí es por donde mantiene abiertos, como en el caso de muchos de sus colegas de generación, los vínculos con la lectura modernista del arte.

–En muchas de sus instalaciones rompe las convenciones modernistas en cuanto a los espacios del arte. ¿Es visible este planteamiento en sus fotografías?
–Para mi el hecho de mirar una fotografía no es, como sugieren muchas veces los museos, una experiencia momentánea, como si de apretar el gatillo se tratara. Mirar una fotografía también implica una secuencia temporal, algo que trato de imponer a través de la disposición en retícula. El modo en que muchas instituciones manejan las imágenes está directamente relacionado con su intención de disociar el concepto de tiempo del de experiencia. Por medio de la retícula trato de imponer una experiencia temporal, es como el acto de pensar, que no se puede concebir como algo instantáneo sino como algo secuencial. Por eso esta exposición ha sido diseñada como un espacio fluido…

–¿Desconfía entonces de la idea tradicional del sujeto contemplando un objeto artístico?
–No. No creo que el hecho de contemplar una sola imagen implique que no exista el tiempo, sólo hablo de una actitud muy habitual en los museos, que creen que pueden modificar la experiencia convirtiéndose en cápsulas atemporales. Para mi eso es destruir esa experiencia.

–Parece muy pesimista con respecto a la institución museística…
–Si los museos se centran en el trabajo que realizan los artistas, la relación entre el museo y la sociedad será muy sana. Pero si el museo se centra en sus especulaciones comerciales entonces tenemos un problema, algo que puede verse en algunas instituciones que despliegan una política realmente agresiva. Pero confío en que la tendencia general sea la de escuchar al artista porque, al fin y al cabo, el artista siempre puede cansarse y prescindir de la institución para pasar directamente a la esfera pública, a la calle, como yo he hecho en alguna ocasión.

Arte y espectáculo
Olafur Eliasson fue uno de los artistas invitados para intervenir la Sala de las Turbinas de la Tate Modern. Un trabajo que despertó la curiosidad de la ciudad al tiempo que abría el debate en torno a la cualidad espectacular del arte.

–¿Cumplió The Weather Project con las expectativas que tenía antes de inaugurar?
–La respuesta es muy fácil. No tenía expectativas, por lo tanto, sí.

–Pero es paradójico que usted tratara un tema de cierto aliento romántico, incluso sublime, y esto ocasionara tantísimas colas y se convirtiera en el gran “must” en que se convirtió…
–Si, es posible. Lo curioso es que este proyecto trascendió totalmente el contexto de la Tate. Me pareció fascinante que la pieza se volviera hacia la ciudad, que fuera realmente la pieza la que saliera del museo y alcanzara al conjunto de la colectividad. Pero también hubo críticas y muchas de ellas muy correctas, algo que enriquece el proyecto.

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Olafur Eliasson (Copenhague, 1967) presenta en la Fundación Telefónica sus Caminos de naturaleza, su primera exposición individual en España. La componen diecisiete series fotográficas, realizadas entre 1994 y 2004, que han sido seleccionadas por Lorena Corral. Eliasson desnuda el paisaje de su Islandia natal, que conoce como la palma de su mano, y lo presenta como un escenario para ser recorrido; más aún, para ser vivido. Desde su estudio de Berlín, con el fondo de un ensordecedor martilleo, Eliasson cuenta a El Cultural que acaba de regresar de Japón y nos explica las claves de su exposición de PhotoEspaña, la relación entre naturaleza y cultura y algunos de sus grandes proyectos.

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