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Junio 14, 2006

Hadas, brujas, heroína y asesinos - Juan Pedro Quiñonero

Originalmente en abc.es

Sherman Untitled 14
Cindy Sherman fotografía desde hace poco más de treinta años el axioma clásico de Rimbaud «yo, es otro». Desde que abandonó en Búfalo la pintura figurativa ?todavía estudiante? para adentrarse por los oscuros senderos que se bifurcan sin cesar de la Historia de la fotografía, Sherman sólo ha tenido prácticamente una modelo única: ella misma.

En la Historia del Arte, el fotógrafo que ama y termina desposando a su modelo preferida es un arquetipo clásico. La pareja conformada por Irving Penn y Lisa Anderson-Fonssagrives forma parte del canon oficial. No es un secreto que Rafael pintaba a María «copiando» el cuerpo desnudo de sus amantes. Helmut Newton introdujo una variante velazqueña: el fotógrafo que fotografía al fotógrafo fotografiando a su modelo desnuda, en presencia contemplativa de su esposa, Alice Spring, actriz y fotógrafa ella misma.

Fantasmas eróticos.
Algunos creadores surrealistas ?como Hans Bellver y Pierre Molinier? fotografiaron y teatralizaron sus fantasmas eróticos convertidos ellos mismos, quizá, en «actores» (activos y pasivos al mismo tiempo) de la «puesta en escena» de «montajes», collages y fotografías que, por momentos, en algo pudieran estar próximos o ser antecedentes significativos del trabajo fotográfico de Cindy Sherman, finalmente muy distinto, original, íntimo y turbador. Ella se expone al objetivo de su cámara «disfrazada», maquillada, transformada en incontables personajes: hada madrina, objeto sexual, mujer atractiva, mujer abandonada, payaso/a, encarnación de personajes imaginarios concebidos por Caravaggio, El Bosco, Rafael, Goya o Edvard Munch, cuyo Grito sirve de telón del retrato de una payasa, para mejor ilustrar nuestro sonambulismo a las puertas del Abismo. A través de treinta y algún años de trabajo y unas quince largas series de fotografías, la contemplación de la obra en marcha de Sherman cobra las proporciones del magisterio más alto.

Bus Riders y Murdey Mystery (1976-2005) oscilan entre la vida cotidiana y la fotografía de estudio del cine negro americano de los años 40 y 50 del siglo XX, al que la serie Untitled Film Still (1977) rinde homenaje expresamente. Mitos, deseos, publicidad y erotismo inconfesable echan los cimientos de un universo personal muy hermético, paródico, pedagógico: la puesta en escena nos habla de otros mundos que están en éste, en la cocina, en la sala de estar, en la calle, pero son mucho más inquietantes de lo que cree fotografiar la publicidad gráfica o audiovisual.

En Rear Screen Projections (1980), Centerfolds/Horizontals (1981) y Fa-shion (1983-1994), la diapositiva, el color, la foto de encargo, la publicidad más convencional para revistas de moda (Harper?s Bazaar) o cadenas de tiendas de moda (Dorothée Bis) puede desvelar insondables misterios íntimos, inmensos paisajes de secreta soledad desamparada. La fotógrafa fotografía a la modelo (que es ella misma) en las posiciones, marcos y encuadres que vienen, en ocasiones, del porno soft, para mejor ilustrar inquietantes desiertos iluminados con luces de neón o focos de 500 watios.

Fairy Tales (1985) e History Portraits / Old Masters (1988?1990) quizá sean los capítulos más expresamente «cultos» de la obra de Cindy Sherman. Grandes obras del panteón de la pintura clásica europea son revisitadas a través de una puesta en escena siempre inquietante y misteriosa.
Hasta alcanzar el horror. El misterio y el erotismo se precipitan pronto en el horror, el espanto, la inquietud más pavorosa, en las series Sex Pictures (1992) y Civil War (1991). La modelo será sustituida por muñecos y maniquíes, fotografiados en escenas lúbricas. Los maniquíes, como los amantes de Garcilaso, todavía se aman después de muertos. Pero no son enamorado polvo quevedesco, sino lúbrico polvo publicitario, atrayéndonos hacia el insondable abismo que nos espera tras las imágenes lascivas del cementerio audiovisual (campo santo profanado).

La obra de la artista culmina provisionalmente con Masks (1994-96), Hollywood / Hampton Types (2000-2002) y Clowns (2003-2004). El hada madrina se ha transformado en una payasa espantosa, sonriente, «feliz», heroína de un atroz circo audiovisual que utiliza como «paisaje» (tan falso como un paisaje suizo de calendario) El grito de Munch. En verdad, todas las heroínas de Sherman (que son ella misma) quizá pidan socorro, en silencio. Pero todas ellas saben que nadie las escucha. Sólo nos atrae la silueta atractiva de una modelo publicitaria que vende sopas de sobre y se expone ante nosotros para seducirnos con sus encantos, a sabiendas de que ella misma es una muerta en vida que agoniza en un escenario vacío, derramando sangre auténtica ?que es necesario colorear con pintura artificial e iluminar con luces de neón? para ofrecer un producto más real y atractivo ante un público sediento de emociones fuertes que cambia sin cesar de cadena de televisión, en busca de imágenes siempre más sugestivas.

Por momentos, las heroínas de Sherman también tienen el misterio de la princesa o la bruja de los cuentos de hadas de Hitchcock y el cine negro, incluso algunas fábulas de Orson Welles: la pin-up sexy perseguida por un desconocido en una cocina de piso de suburbio puede venir del Mal insondable y turbador de Extraños en un tren; pero su indagación comienza cuando cae el telón de la película y comienza un drama posterior: el de las prótesis de plástico y los maniquíes lúbricos, desenterrados del cementerio imaginario de los Crímenes del museo de cera, para vengar al criminal que los condenó a ser empalados, o intentar saciar su propia Sed de Mal.

Enviado el 14 de Junio. << Volver a la página principal <<

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