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Julio 09, 2006

Adrian Tyler, aforismo de fantasmas - Abel H. POZUELO

ORIGINALMENTE EN EL CULTURAL

18362 1
El hogar es una reliquia de nuestro pasado como sociedad. Un aforismo escrito por fantasmas que aún recuerdan algunos. En torno al fuego del hogar, el espíritu de las cosas en transformación y del tiempo, se movía gran parte de la existencia humana. El hogar era cruce animista, social, familiar y terrenal. Quizá por ello, pocas cosas son más dulcemente aterradoras que la visión de un antiguo hogar abandonado. Cualquiera que haya pisado la ruina de una casa vieja y desertada es capaz de percibir sin demasiado esfuerzo romántico ni testimonios costumbristas el calor de sus paredes negras, la grasa y el agua derramándose, olor de madera quemada durante siglos. Algo se conmueve, algo se espanta en su frío y su polvo. Algo se reconoce y sirve de espejo.

En esta serie de imágenes de Adrian Tyler (1963), el hogar es el afortunado leitmotiv que nos lleva a profundizar más allá del simple recorrido con la vista. El fotógrafo británico, aunque afincado en Madrid, muestra en esta serie el resultado de un viaje a las islas Hébridas, al norte de Escocia. Un viaje múltiple.

Por una parte, regreso al escenario del viaje de un maestro: Paul Strand. Tyler busca aquí las huellas del fotógrafo neoyorquino en su búsqueda del paisaje y la vida en las islas Hébridas, allá por 1954. Tyler encuentra esas huellas, las recorre y hasta pone encima sus propias pisadas, no con ánimo de comparar la talla del zapato sino para constatar y probar la persistencia de los lugares y su fotografía. Por otra, aventura dentro de la trayectoria del mismo Tyler, fotógrafo cuyo foco viene fijándose en los lugares que son redimensionados por el hombre a través de la arquitectura, así como en el diálogo fértil o violento entre tal acción humana y el medio penetrado. Además, uno no puede sino percibir un traslado desde la mirada exterior del fotógrafo hasta cierto rincón de sus interiores. La reverberación del objeto de la mirada como boomerang con trayecto de ida y vuelta.

Lo que la cámara se trae de regreso de ese viaje es un conjunto de evanescencias temporales y físicas. Estampas de las estancias interiores de una morada convertida en una ruina descuidada e invadida. Lo primero que surge es una percepción de permanencia tras el desmoronamiento. Las teteras sobre el lugar del fuego cubiertas del polvo de escombros. Montones de ropa desordenados como cubiles de alimañas, maletas abiertas y vacías, papeles legibles, esqueletos de algún animal muerto. Las cicatrices de la ruina respiran inscripciones y graffiti: Mary estuvo aquí. Además todo aparece envuelto en un estado protonatural: tierra en el suelo, hongos en las paredes humedecidas, restos de insectos. Imágenes hermosas, en su luminosidad y contraste, en su captura del detalle sin persistencia anecdótica. Boomerang . Espiritismo. Resurrección. Vistas de interiores todas, menos una: la parte de atrás de una casa en medio de un paisaje eterno, desolado, llano y hermoso. Piedra gris que se yergue en mitad de la claridad del cielo y la hierba hasta despuntar en la forma robusta y chimenea del hogar.

Enviado el 09 de Julio. << Volver a la página principal <<

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