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Julio 16, 2006

En el país de Alicia - Javier Montes

Originalmente en abc.es

Framis Text Hiddenmarket 02
No mucha gente sabe que el Atomium es un trabajo de Marcel Broodthaers. Por lo menos, una pequeña parte, y de la forma más literal posible. En 1957 el artista, como buen belga, se alistó voluntario en las obras de construcción del edificio-emblema de la Exposición Universal de Bruselas de 1958. «Habría que haber llamado Moleculium al Atomium -escribió luego al contar su experimento-, porque representa, monstruosamente agrandada, la imagen de una estructura molecular. Creo que la intención de sus promotores fue la de construir un símbolo. Es el reflejo de un gusto de nuestra época. Este objeto inmenso habla más a nuestra imaginación que nuestra razón. Forma parte de nuestra imaginería moderna, genialmente intuida por Julio Verne. El romanticismo del XIX contenía ya ese elemento fantástico que hoy se confunde con la realidad científica. ¡Qué singular asociación de palabras: ciencia-ficción! Sobre este maravilloso juego de malabarismo uno cree estar a bordo de un barco o de un globo».

Casi medio siglo después, Alicia Framis recordaba una impresión idéntica después de pasar una noche a solas en la esfera del Atomium que debía remodelar antes de la reinauguración del «edificio» -usemos la palabra a falta de otra mejor- a bombo y platillo en febrero de este año: «Lo que no me esperaba es que el Atomium se mueve igual que un barco, una sensación realmente extraña, estar tan alto, en el aire, y sentirte como en un barco». Por caminos distintos, Broodthaers y Framis han acabado percibiendo de forma similar el carácter desaforadamente romántico -digno de un Piranesi del siglo XXI- del Atomium y su potencia como símbolo de la modernidad. O como broma irónicamente desmesurada a su costa. Por algo Alicia Framis pensó también en las películas de Jacques Tati al pasear por su interior. Al fin y al cabo, tal vez sea el Monsieur Hulot de Mi tío el último de los románticos a la antigua usanza, perplejo ante la parafernalia de la era atómica.

La noche a solas en la casa encantada es, de toda la vida, el rito iniciático imprescindible para aprender sus secretos y perder el miedo a sus fantasmas. Sólo así ha podido Framis «perderle el respeto» al monumental Atomium y construir en su corazón un pequeño hotel para niños en forma de coloridas moléculas de lluvia gigantes. Lo grande se encoge, lo diminuto se agiganta: estamos, como se ve, no muy lejos del país de otra Alicia: la de Lewis Carroll.

A sus anchas.
Dentro de las esferas, los niños pueden pasar una noche a sus anchas: esa noche precisamente en que se pierde el miedo al mundo incomprensible de los adultos. El monumento se vuelve así acontecimiento: de icono estático pasa a convertirse en marco para una aventura infantil ?pero no pueril? que al propio Broodthaers, con más razón aún, hubiera vuelto a recordarle a Julio Verne.

No es la primera vez que Alicia Framis idea edificios para niños. En el EACC, de Castellón, pudo verse hace un par de años, como parte de la colectiva Micropolíticas, parte de su proyecto KIDEA (lo de micro era literal, en su caso): un anti-Ikea donde los niños se apoderaban del espacio principal de intercambio y de juegos, que quedaba acotado mediante una puerta tan pequeña que cerraba el paso a los adultos. Parecida, seguramente, a la que cruzaba la otra Alicia al principio. Padres y madrastras se quedaban aparcados en un corralito donde podían fumar, beber copas y hojear revistas porno mientras esperaban a que sus retoños volviesen a recogerlos.

Dar (a la botella) y tomar.
En realidad, KIDEA y estas moléculas de lluvia encajan en la línea de investigación de nuevos espacios que Framis ha llamado Remix Buildings. En el MUSAC pudo verse, por ejemplo, su Blood Bank-Sushi Bar, que unía en un mismo espacio la unidad de donación de sangre y el restaurante de diseño. Y su Minibar/ Rent a Body proponía un espacio exclusivamente femenino dedicado al placer y la relajación inter pares.

Se trata de inventar nuevos espacios que fuercen a imaginar nuevas formas de habitarlos. Framis recordaba que «el modo de comportarse en comunidad ha sido prescrito durante muchísimos años, pero me encantaría encontrar edificios en los que no sepa cómo actuar, cómo sentarme o comportarme con los demás». Seguro que a los habitantes de sus moléculas se les ocurren sobre la marcha nuevas ideas. Habrá que estar atentos para copiárselas. 

Enviado el 16 de Julio. << Volver a la página principal <<

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