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Julio 09, 2006

Matta-clark, retrato del artista demoledor - Fernando castro Flórez

Originalmente en abc.es

Mattaclark Splitting Gallery SmallerLes Levine consideraba que el arte de Gordon Matta-Clark consistía en hacer suyo lo deshabitado: «Trabajaba en edificios antiguos, barrios en situación de abandono. Cuidaba de un edificio que había perdido su alma». Era, no cabe duda, un artista obsesionado por las tradiciones que se han ocupado de la preparación y transformación de materiales. Había llegado, casi de forma alquímica, a freír fotografías o, en el restaurante Food, a servir camarones vivos dentro de huevos cocidos. Consideraba la obra como un escenario espacial en perpetua metamorfosis, esto es, un modelo para la acción constante de la gente «tanto sobre el espacio como dentro del espacio que la rodea». Podía construir una pared a partir de basuras (Garbage Wall/Homesteading, an Exercise in Curbside Living (Survival), 1970) o trepar hasta lo alto de la Clockstower de Nueva York (Clockshower, 1973) para hacer acciones cotidianas: ducharse, afeitarse y lavarse los dientes. Entre la parodia del absurdo del cine mudo y la provocación para-fluxus, fue mostrando, como oportunamente advirtió Dan Graham, que la obra de arte debía funcionar en el entorno urbano y no en la «naturaleza» que, para ciertos artistas, tenía algo de escapatoria.

«Nunca -señala Jane Crawford, viuda de Gordon Matta-Clark- sabías a ciencia cierta hasta dónde podía soportar un edificio la intervención de Gordon, pero tenías que tener fe en que sabía lo que hacía». Sus extracciones o, como el propio artista las denominó, sus «actos de discreta violación» ponían en evidencia los pilares, el suelo, los cimientos; el corte produce cierta complejidad y permite una rara percepción de la profundidad. La superficie cortada revelaba el proceso autobiográfico de la realización, pero también abría una suerte de inconsciente arquitectónico, lo otro del espacio que habitamos. Fue a partir de las experiencias en el sótano del 112 de Greene Street (el «espacio alternativo» gestionado por Jeffrey Lew), donde hacía cosas en diferentes rincones, cuando comenzó a tratar el lugar como un todo, como un objeto. Matta-Clark trabaja sobre la estructura arquitectónica como una realidad dada: hace escultura a través de ella; lo que quería era pensar en «vacíos metafóricos, huecos, espacios sobrantes, lugares no aprovechados». Una de sus intervenciones, Spliting (1974), fue descrita por Alyce Aycock como una experiencia arriesgada que te llevaba a saltar por encima de grietas para llegar a percibir el abismo de un modo «cinestético y psicológico». Gloria Moure subraya, en esta extraordinaria exposición que ha comisariado en el MNCARS, esa dimensión de experiencia, la acción energética de Matta-Clark frente al fetichismo de los «trozos», esas «piezas sobrantes» que según el mismo artista eran solamente útiles para gente cuya mentalidad estaba orientada hacia la posesión.

«Lo inaccesible».
En la lúcida serie de los Fake Estates (1973) desmantela la idea de propiedad, tal y como Pamela M. Lee ha indicado en su libro Object to be Destroyed (MIT Press, 2000), cuya esencia consiste en su desgaste: se le otorga valor cuando pasa a un estado de inutilidad o ruina. Matta-Clark señala que cuando compró aquellas propiedades en la Subasta de la ciudad de Nueva York, la descripción que más le emocionaba siempre era «inaccesible». Con enorme lucidez, Moure ha dispuesto las fotos y documentos de Fake Estates al comienzo de la muestra que cierra con las imágenes de Anarquitecture, el grupo que reunió, en 1973, entre otros, a Suzanne Harris, Tina Girouard, Laurie Anderson o Richard Landry. En sus planteamientos se advertía una rotunda oposición al «diseño cosmético» y una predilección por lo que Matta-Clark denominó «terminación» mediante la extracción y el vacío.

Matta-Clark respondió con un proyecto agresivo a la invitación a participar en la exposición Idea as Model (1976) del Institute of Architecture and Urban Studies de Nueva York, disparando, con una escopeta que le había pedido prestada a Dennis Oppenheim, contra los cristales de las ventanas de la sala de exposiciones para colocar luego en esos mismos «marcos» fotografías de fachadas en el South Brox completamente vandalizadas. MacNair subraya que Matta-Clark lo que estaba haciendo era arremeter «contra el buen gusto del Señor Arquitecto por Derecho». Desde los Wall's Paper (1972), esas imágenes de las paredes que quedan al descubierto tras la demolición a los tacos de papeles perforados en dibujos geométricos o el proyecto Open House (1972), una casa dentro de un contenedor industrial, Matta-Clark insiste en los «modelos inadecuados» de espacio, en la deconstrucción de la ideología arquitectónica.

Muerte y peligro.
En una entrevista recuerda Jane Crawford la pieza Jacob's Lader de la Documenta de Kassel realizada en 1976, y afirma que Gordon Matta-Clark jugaba «a menudo con el peligro y la muerte. Lo hacía para resultar gracioso y para asustar a la gente». Puede que a través de los gestos más radicales lo que surgiera fuera una particular melancolía. Como un performance ritual, excavó en la galería Yvon Lambert de París, un agujero (Descending Steps, 1977) convocando la memoria de su hermano gemelo Batam que se había suicidado arrojándose por la ventana de su estudio en Nueva York. A este artista que le gustaba la acción, involucrarse y no tenía miedo a ensuciarse le atraía lo caído por tierra: «Sólo -apuntó en cercanía con Benjamín del que había rescatado la noción de "hermeneútica marxista"- nuestros montones de basura se elevan conforme se van llenando de historia». Las hendiduras que Matta-Clark practica en el espacio están también inscritas en el inconsciente traumático. La pasión del sótano atraviesa el imaginario de este artista que recorrió el subsuelo de París en 1977, sedimentando espectros: osarios, criptas, ruinas, aparcamientos. Carol Goodden habló de la enigmática presencia de «rosales enterrados, cerezos enterrados, botellas de vidrio enterradas, vida y muerte». La escatología crítica de Matta-Clark es al mismo tiempo una crítica de la voluntad (filosófica y no solo arquitectónica) de cimentación y un performance funerario, una intensa elaboración del duelo, un vaciamiento que, por emplear los términos de Didi-Huberman, «nos mira», esto es, impone su perturbadora inquietud.

Demoliciones.
No es fácil, como pretendiera Matta-Clark, reintroducirse en la sociedad desde abajo, como tampoco es sencillo «sacar el arte de la galería e introducirlo en las cloacas». En vez de construir la Torre de Babel tenemos que asumir que ver es socavar y que, acaso, nuestro destino esté en lo inmundo. Como Smithson, Matta-Clark convierte la más intensa meditación sobre el sitio en un alegórico retorno a las cárceles piranesianas. Acaso las sombras de la caverna platónica estén bajo el puente de Brooklyn, junto a un muro de basura, un parapeto precario en el que se mueve un niño (Fire Boy, 1971). El alma del bailarín está pendiente de un hilo, su lujo corporal prefigura su caída. Matta-Clark advirtió que trabajar con una casa era como bailar en pareja. Seducción, armonía pero también un lugar concreto que un sujeto quiere subyugar. Según Graham, las ruinas deconstruidas de ese artista «revelan capas ocultas de un significado arquitectónico y antropológico, familiar y socialmente encubierto». La palabra que corresponde es demolición.

Enviado el 09 de Julio. << Volver a la página principal <<

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