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Noviembre 19, 2006
LA IN-CORPORACIÓN DEL SER EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO - Rosa Naharro Diestro
Cuerpos visibles, invisibles, expandidos, mutilados, obscenos, aludidos y hasta diseñados a la carta por ordenador, pero siempre cuerpos, y nada más que cuerpos. En ningún otro periodo de la Historia, ni del Arte, el cuerpo humano ha sido tan expuesto y sobre-expuesto de una forma tan brutal como en la contemporaneidad. Asistimos perplejos, pero resignados, ante la afirmación de que ya no es que tengamos un cuerpo, sino que somos un cuerpo. Y este giro del tenemos al somos es la clave fundamental para entender el cambio metafísico que se ha producido en nuestra era Postmoderna, y en nuestra forma de percibirnos a nosotros mismos y a los demás. El cuerpo ya no es tan sólo el sitio donde alojar la mente, sino que pensamos con nuestro cuerpo, y es a través de éste como afirmamos nuestra presencia en el mundo y ante los demás (cuerpos).
Despojados de nuestra condición espiritual, de un alma, karma o cualquier otra entidad metafísica, somos más humanos que nunca, es decir, estamos más mundanizados. Sin embargo, se produce una paradoja, pues mientras el cuerpo, fragmentado, se proyecta una y otra vez en miles de pantallas de televisión y está más presente que nunca, también asistimos a la progresiva descorporalización del mismo, pues cada vez somos más virtuales e incorpóreos, debido a la rápida asimilación de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Nuestros cuerpos, paralizados frente al ordenador, se expanden en una realidad virtual, que cada vez se torna más verdadera, haciendo más patente el hecho de nuestras limitaciones físicas.
El arte contemporáneo, lejos de ignorar la cuestión, ha convertido el cuerpo humano en uno de los temas paradigmáticos de las últimas décadas. En 1974 tiene lugar la acción Ritmo O, llevada a cabo por la artista Marina Abramovic en una galería de Nápoles, considerada como una de las performances más osadas en la historia del Body Art. La acción consistía en que el público presente maltratara y golpeara a la artista durante seis horas seguidas. Un arma cargada sujeta a su cabeza provocó un enfrentamiento entre los participantes, teniendo que ser interrumpida la acción. Gina Pane realiza Escalada sin anestesia, acción en la que la artista asciende por una escalera llena de clavos como acto de denuncia contra la Guerra de Vietnam; Vito Acconci realiza masturbaciones en público; la famosa performance de Joseph Beuys donde el artista dialoga con una liebre muerta, o el ritual sangriento de Herman Nitsch, verdaderas orgías de sangre y sexo son algunas de estas manifestaciones donde el cuerpo y la violencia constituyen el hecho artístico. Artistas pioneros que repercutirán en otros artistas como Chris Burden, McCarthy o Bob Flanagan que llegó a filmar su propia muerte. Una corriente que desembocará en las prácticas artísticas de los años 90 continuando una línea de investigación sobre lo grotesco y lo abyecto, como es el caso del español David Nebreda o las últimas propuestas de la artista Cindy Sherman. ¿Por qué la utilización del cuerpo como material plástico?El cuerpo es para estos artistas campo de experimentación, así como lugar de resistencia política, de ahí que éste sea maltratado, herido, lacerado, denigrado o exaltado en un intento desesperado por parte del artista de hallar su propia identidad, así como de denunciar la presión política y social ejercida sobre el cuerpo humano, de la que ya nos hablara Foucault.
Esta presencia real del cuerpo del artista toma una nueva dimensión en la década de los noventa, donde comienza su progresiva desmaterialización con la introducción de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Cuando por fin parecía que habíamos conseguido el dominio de nuestro cuerpo, que nuestro cuerpo nos pertenecía, y que nos habíamos reconciliado con él, las nuevas tecnologías vienen a decirnos que nuestro cuerpo está obsoleto, máxima que proclaman artistas como el australiano Sterlac o la artista francesa Orlan. Esta última, es una de las artistas que más lejos ha llegado en esta utilización del cuerpo con su denominado Arte Carnal. Orlan desde 1990 se ha sometido a nueve operaciones de cirugía plástica, en una de las cuales se injertó dos prótesis de silicona, una a cada lado de las sienes, obteniendo una apariencia monstruosa. Su rostro, convertido en lienzo, cuestiona el canon de belleza femenino impuesto en la sociedad actual, inalcanzable por otra parte, que obliga a las mujeres a pasar por el quirófano. La obra de Orlan con este nuevo uso de las tecnologías se acerca inevitablemente al ser posthumano, y al ser híbrido entre lo humano y lo artificial. Conceptos clave sobre el que trabajan numerosos artistas en la actualidad, tal es caso del español Marcelí.li Antúnez o Sterlac, artistas que conciben los avances tecnológicos como prolongaciones del cuerpo en consonancia con las teorías de Mc Luhan. Así vemos a Sterlac, muy cerca del cyborg, colgándose de cables de acero, suspendido en el aire, como si su cuerpo gravitara, o implantándose un tercer brazo de acero. El cuerpo, lejos de quedar limitado por la tecnología se prolonga y se expande, un hecho éste que percibimos al navegar por internet.
Lejos de agotarse, el cuerpo humano es fuente inagotable de nuevas investigaciones en el terreno artístico, y uno de los temas paradigmáticos del arte contemporáneo. Reflexionar sobre el cuerpo, sobre sus posibilidades y sus límites, es reflexionar sobre la vida y el ser humano, y nos ayuda a comprender hacía donde nos dirigimos, y qué es lo que somos.
Originalmente publicado en ART NOTES Magazine, nº 12
Enviado el 19 de Noviembre. << Volver a la página principal << |
