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Marzo 11, 2007

La nueva gramática del arte - Fernando Castro Flórez

Originalmente en abc.es

Kosuth1
En sus Sentencias sobre arte conceptual, Sol Lewitt apuntaba que los artistas conceptuales son más místicos que racionalistas. Se sitúan en los límites de la lógica, en ese lugar de una visión sub aespecie aeternitatis. Lewitt consideraba sus aforismos como comentarios acerca del arte pero no como frases artísticas. Kosuth, sin embargo, piensa que la indagación artística es el lenguaje del arte mismo: una obra de arte es una especie de proposición presentada dentro del contexto del arte como comentario artístico. Las obras son proposiciones analíticas, en el sentido de Alfred Ayer, es decir, tautologías, definiciones del arte. La condición artística del arte es que debe ser un estado conceptual, aun cuando en ocasiones se aproxima a los «lenguajes privados».

Kosuth escribe contra Kant cuando afirma que el arte no puede ser una proposición sintética. En realidad, al hablar de un arte artístico está dictando las nuevas Lecciones de estética que dan la vuelta a Hegel. Las obras no están «presentes» al ser vistas; al contrario, todo el andamiaje de la decepción que despliegan artistas como Reinhardt se da únicamente para poner en cuestión la visibilidad. Hay una exigencia de considerar el arte en su totalidad en una clave filosófica wittgensteiniana, esto es, terapéutica; hay que tener en cuenta que la viabilidad del arte estaría tanto en resistir a ser mera distracción o material decorativo, pero también a asumir el rol de patética «ilustración» de la filosofía.

Sin utilidad aparente.
«En este contexto -apunta Kosuth-, el arte tiene ciertas similitudes con la lógica, las matemáticas y también, con las ciencias. Pero mientras estas otras empresas son útiles, el arte no lo es. Evidentemente el arte sólo existe por el arte. En este periodo de la humanidad, el arte puede ser, después de la filosofía y la religión, una de las empresas que satisfaga lo que en otras épocas se ha llamado las necesidades espirituales del hombre. O podría ser que el arte tratase análogamente del estado de cosas metafísicas que la filosofía tenía que tratar mediante afirmaciones. Y la fuerza del arte es precisamente que incluso la frase anterior es una afirmación que no puede ser verificada por el arte. El único objetivo del arte es el arte. El arte es la definición del arte».

Kosuth no es ajeno al final de los grandes relatos que adviene en la postmodernidad: el sueño de la Historia como progreso infinito, del fundamento como unidad de sentido, de la razón como plenitud, y del poder como sujeto. Se rebela contra los elementos del modernismo: el cientificismo (el fotorrealismo) y el espectáculo (el pop). El artista conceptual es un antropólogo involucrado y un historiador, pero también alguien que contextualiza gramatical y políticamente sus planteamientos, aunque en apariencia su preocupación sea exclusivamente «lingüística». En el umbral de No exit sitúa Kosuth a Nietzsche: «Sospecho que no nos libraremos de Dios mientras sigamos creyendo en la gramática». El artista como antropólogo se encuentra con el devenir de lo real; su actividad es interna a la sociedad y por ello no puede ampararse en la estética de la sorpresa, sino en la saturación de los códigos. Se trataría de generar una representación implicada que suponga la deconstrucción de la representación (de la pintura) que era el elemento en el que se encarnaba el «aura».

Especificidades.
Es frecuente considerar que el arte conceptual surge del minimalismo, la última de la vanguardias que se sostienen en el formalismo, aunque con una novedad: la de introducir cosas como cierto tipo de significados en el mundo. Pero hay una serie de diferencias específicas. Los movimientos que se desarrollan a partir del minimalismo radicalizan los materiales antes de producir significados alternativos, mientras que el conceptual se dirige a desvelar los usos del significado: la importancia sustancial de la obra se encuentra en la radical reevaluación de cómo una obra de arte actúa, «por lo tanto, nos dice algo sobre cómo la cultura actúa: cómo los significados pueden cambiar sin que lo hagan los materiales».

El conceptual genera una intensa actividad sobre el contexto y, al tiempo, supone una crítica de la cultura del espectáculo, justo en años en los que había también un deseo de lo concreto y de transmutación poética. Es evidente que los comportamientos cercanos al conceptual no pudieron escapar, como pretendían, del fetichismo, ni de la deriva hacia el simulacro. En 1990 planteó Kosuth un monumento para W. Benjamin en Fráncfort. Lo que le interesaba de este autor es que ofrece una salida para el impasse de la pintura en los sesenta. La función del arte se invirtió, porque en lugar del ritual se encontró que la praxis política era el fundamento del arte. Porque la celebración ritualizada de lo «auténtico» con su arte aurático ahora se ha convertido en el bautismo de lo inauténtico. El contexto gramatical es ahora una forma de la prosodia que «trabaja» como una crítica cultural: «Sin la gramática social -escribe Kosuth- que ofrecía la cultura, la puntuación comienza con el arte».

Enviado el 11 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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