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Mayo 22, 2007

PANEM ET CIRCENSES, O LO QUE ES LO MISMO, MORITZ E INAGURACIONES - Daniel Gasol

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Las temporadas de arte empiezan y nunca acaban, ya sabemos que siempre hay algo que ver en Barcelona. Exposiciones en las galerías de alrededor del Macba que intentan comercializar piezas auque acaben sólo mostrándolas, las calles repletas de street art y skaters realizando murales, stikers, stencils y experimentaciones que por desgracia caen una vez más en el populismo decorativo de la urbe (un verdadero arte de la calle, si señor). Centros como el Santa Mónica donde a grandes espacios grandes soluciones, o pequeños espacios de talleres y conferencias, que trabajan de forma entusiasmada, como Alter Cultura (c/ Joaquim Costa, 24 Nau 3) donde elaboran la conceptulización teórica y la práctica de ideas en formato expositivo.


Primera Moritz.
Pero siempre acabamos en el mismos lugares, esos donde vamos todos, a ver a quien ya conocemos y a comentar la exposición, y por supuesto, los últimos rumores sobre los trabajos de uno y de otro (entre risas narramos los últimos ligues de YP). Todo esto entre cerveza gratis y flirteos regalados, la mayoría gays y lésbicos, por supuesto.

Segunda Moritz.
Nos apasiona ir un poco mas tardes a las inauguraciones, nunca se ha de llegar antes que nadie, y aunque suene un poco pedante y tópico, porque no decirlo. La entrada ha de ser jovial y con el trato que crees que te mereces, saludando a “los tuyos”. “
Gracias por posicionarte, sin eso no sabríamos que eres importante” (a todos lo que se sientan identificados).

Tercera Moritz.
Haciendo mención al último discurso de David G. Torres en el blog A-desk:

Varias preguntas:
¿Una fiesta es una exposición? si lo es ¿es posible ver algo en una fiesta? si no lo es ¿las obras sirven de decoración a la fiesta?
¿Cuáles son las razones de fondo para exponer un vídeo un mes o unas horas?

David G.Torres
www.a-desk.org/blog/

Texto que cabe destacar que auque sea de cuatro líneas es apasionante, igual que el comentario de Martí Manen con una lista de preguntas de la misma índole.

Cuarta Mortiz.
Sin embargo no todo el arte de Barcelona, por fortuna, se mueve entorno a estas tácticas relacionales, pero si el arte emergente, o lo que es lo mismo el arte joven, ¿es una analogía de juventud la fiesta a modo de botellón? Los que organizan el evento se ocupan de ello. ¿Solo resulta ser una herramienta para atraer el público? Me gustaría pensar que no, aunque veo que muchas veces la mayoría de los asistentes salen con una opinión muy escueta sobre las piezas que se exponen y con un alto índice de alcohol producido por la fiesta generada entorno a la exposición. Me da la impresión que, como David G. Torres dice, que las piezas sirven de “decoración” en un espectáculo social y por supuesto relacional donde los haya. Porque en el fondo la exposición como se entiende (exponer o mostrar), se basa en el conocimiento del artista por algunas personas, y hay varios caminos para llegar a ello: presentarse a concursos o hacer de diva. Lo importante es creerte tu trabajo y decir: aquí estoy yo.

Quinta Moritz.
En las subvenciones estatales para eventos culturales centralizados en el mundo del arte, vemos que pasa lo mismo, el presupuesto se destina al montaje, a pagar al curador, a los artistas, al mantenimiento de la sala y a la inauguración. Parece ser que la fiesta burguesa se ha modernizado en formato popular: el centro cívico últimamente ha adquirido el poder de la sala de fiestas, sala de fiestas refinada y culta por supuesto.
Pan et circenses, el gobierno institucional nos da subvenciones, nosotros montamos una celebración, así todos contentos. Pero la locución latina tiene una segunda lectura: los hechos controvertidos provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad, generalmente con herramientas asistencialistas, como un comedor para pobres con una pastilla de barro para hacer figuritas mientras bebes. Y claro, cuando el primero acaba también quiere hacer un trabajo similar, todos podemos hacer ceniceros para nuestros padres, pero fumar ya no esta bien visto.
Otro dato es el centro y la asistencia, ¿es la curiosidad que nos mueve a ir a un evento? ¿es el vox populi? ¿o es el
making friends?
La experimentación sobre la figura del artista me da a mi que ha tenido mucho que ver en esto…nos encanta el espectáculo, sabemos que funciona porque aprendimos y heredamos de las audiencias, mientras más enfático más atención.

Sexta Moritz.
Con todo este discurso tampoco pretendo posicionarme como el defensor que se pone a la cabeza del pueblo para gritarle justicia al gobierno o mas calidad, o como mínimo no tanto circo, por mucho que nos guste. Sería estúpido, nadie me seguirá hasta no haber ganado una Guash Coranty , estrategias de difusión para mis ideas: comunicar desde los premios.
Y es que cada vez estoy más convencido que circo mucho, pero de pésima calidad, no por los trabajos, sino por la invisibilidad ante el alcohol y el jolgorio. Un arte como las serpentinas o el confeti, que quedan preciosos, pero nadie se acuerda de ellos. En más, nos dedicamos a reventar los globos cuando acaba la fiesta, nos encanta el estruendo, con eso llamamos la atención ¿no?.
Y todo porque al arte contemporáneo nadie se lo toma enserio, si en el mundo académico los de Bellas Artes nos pasamos el día pintando y dibujando, supongo que esa opinión también nos afecta. En el fondo el cilxé acaba interiorizándose, o nos creemos mucho nuestro trabajo y llegamos a ser uno de esos que entra saludando a los privilegiados para poner una máscara cultural a algo, que resulta una broma social, o acabamos asumiendo el clixé y intentar aprovecharnos de ello. España es un país de risitas, y de reconocimiento por los médicos y abogados, y de eso me di cuenta en Finlandia, donde un artista es un Artista. No digo que en el país de los lagos se ponga en su lugar, no estamos aquí para clasificar, pero el respeto que se le tiene no es nada parecido al español. En sus inauguraciones no hay centenares de botellines de cerveza, hay una copa de cava para cada asistente, y no por economizar, sino porque no hace falta estar ebrio para ver arte (aunque todas las exhibiciones a las que asistí las hubiera llevado mejor con un par de cervezas, demasiado cuestionable la pintura Sami).

Séptima Moritz.
Ahora solo falta esperar la próxima inauguración en la ciutat Comtal, que haya Moritz suficientes (yo seré el primero en quejarme si se acaban antes de tiempo) y encontrar algún individuo con el que empezar una conversación sobre la exposición para acabar la fiesta en mi cama, mientras fumamos y compartimos chismes de los más conocidos.

Enviado el 22 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

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