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Junio 23, 2007
Documenta sin documentos - José Manuel Costa
Originalmente en abc.es
«La Documenta es una exposición amorfa». Esto dice Roger Buergel (Berlín, 1962), el director junto a Ruth Noack (Bremen, 1964) de esta duodécima edición que atraerá hasta Kassel (rodeada por los paisajes de los Hermanos Grimm) a una multitud que quizás se acerque al millón de personas. En esta medida, la Documenta, esa peculiar exposición que tiene lugar cada cinco años, parece adoptar los rasgos «pop» que el mismo Buergel y Noack reclaman para el evento. Otro asunto es que estas categorizaciones, como el resto de las intenciones, implícitas o explícitas que gobiernan esta super-exposición de cien días, más de cien artistas y un presupuesto de más de 19 millones de euros, se hayan plasmado en la realidad. La mayor diferencia entre la Documenta y cualquier otra exposición es su frecuencia. En Museos o Bienales, los directores artísticos han de trabajar con una cierta premura y con una intención temática y sus intenciones suelen estar claras. Pero aquí no. Aquí el director tiene muchos años para pensárselo, un presupuesto muy elevado y una libertad de acción difícil de encontrar en otros lugares. Esto tiene como consecuencia que la Documenta tienda a convertirse en una exposición muy cargada de sentido(s), hasta el punto de que estos se superponen, se entrelazan y se potencian o anulan, como si se tratara de una entidad orgánica, más que de una simple muestra.
Así pues, no vale la pena discutir sobre si aquí está «lo mejor» de una época determinada o si se marcan tendencias. Eso ya se verá, pero uno de los valores innegables de esta Documenta 12 es su carácter informativo: Buergel y Noack han buscado mucho para formar su visión y han encontrado obras sin pararse demasiado a pensar si los artistas que las crearon, a veces muchos años atrás, forman parte de algún escalafón del mérito artístico-comercial.
Grandes desconocidos. De hecho, la inmensa mayoría de los artistas presentes son desconocidos para el gran público y bastantes de ellos también lo eran para los profesionales. El nivel general es decente, hay cosas estupendas y ya solo desde ese punto de vista merecería la pena. Pero sucede en todas las ediciones. Es lo menos que cabe exigir. Tampoco son nuevas las dosis de escándalo que suelen aderezar este evento, que ya comenzaron con los 7000 Robles, de Joseph Beuys en 1982, y se continúan aquí con las cuestionadas terrazas para el cultivo de arroz instaladas por Sakarin Krue-On en el parque de Willhelmshöhe; el campo de amapolas frente al Friedricianum que según Sanja Ivekovic debieran haberse abierto para la inauguración y no lo hicieron o el exagerado cortejo mediático que acompañó a Ferran Adrià desde Barcelona y que parecía casi tan numeroso como los 1.001 chinos convocados en Kassel por Ai Weiwei. Esto son efectos colaterales, anécdotas que apenas rascan la superficie pero valen para un titular o para relatar a los amigos.
Las posibles claves aparecen en una serie de expresiones totémicas desgranadas aquí y allá por los organizadores que el visitante debe ir encontrando y engarzando a su buen saber con la esperanza de que al final surja un todo coherente, incluso aunque no provenga de un discurso lineal. La «migración de las formas» es seguramente la más débil de esas expresiones.
Nada nuevo bajo el sol.
Para Buergel y Noack, esta migración nos haría ver que la globalización siempre ha existido. Esto es muy pobre. ¡Claro que existen relaciones entre diferentes culturas desde hace mucho tiempo! Aunque aquí se presenten ejemplos a partir del siglo XVI, lo cierto es que existen otros tan antiguos como la influencia helenística en la iconografía budista. Pero aquello no era «globalización» en el sentido actual (liberal) y pretender otra cosa deja cierta impresión de idea a medio cocer. Una lástima, porque esta es, sin la menor duda, la Documenta más «multicultural» que se ha dado hasta el momento y ello de forma mucho más natural y honesta que la del nigeriano Enwezor.
Es un poco como lo del «pop». Está muy bien la vocación de dejar atrás el «terreno protegido de las artes» y buscar el encuentro con «la gente», pero es una quimera que no tiene en cuenta un detalle: los artistas convocados se mueven habitualmente en ese «terreno protegido» y su lenguaje esta adecuado a ese biotopo cultural, de manera que cualquier intento de ponerlos en contacto inmediato con el espectador, sin normas, consignas o explicaciones, por muy loable que sea, acaba conduciendo al estupor del respetable. Y es que las claves de lo «pop», si de verdad quiere serlo, son otras. ¿Más indicadores verbales con los que tejer la red de la comprensión? Por ejemplo, los definidos en las tres publicaciones editadas con el concurso de 95 revistas internacionales: ¿Modernidad?, ¡Vida!, Educación. Los signos ortográficos son importantes. Son cuestiones, no solo lícitas, sino muy adecuadas en los tiempos que corren. Preguntarse sobre si la Modernidad es nuestra Antigüedad supone reflexionar sobre su herencia y su actualidad, y no es solo una cuestión formal, sino altamente política. Afirmar la Vida cuando a millones de personas en todo el mundo eso es lo único que les queda, resulta provocador y de justicia. Confiar en la Educación es uno de los escasos caminos que nos pueden conducir con bien más allá de la Modernidad y devolverá a esas «vidas desnudas» algo de su humanidad, perdida en la pobreza, la catástrofe, el expolio?
De lo formal a la denuncia.
Si en algún lugar triunfa esta Documenta12 puede ser aquí, porque ambos programadores han sabido encontrar obras que a veces sorprenden pero suelen dar en el clavo sin seguir necesariamente el Zeitgeist, sino ofreciendo visiones y respuestas personales, distintas. Es imposible describirlo todo pero el espectro va de lo formal a la denuncia, de lo irónico a lo imaginario, de la poesía a la política? Y casi todo ello interesante y a muchas veces emotivo? Incluso los lugares de exposición reciben un tratamiento diferenciado. Una intrusión de extrañezas en el ambiente clásico del Palacio de Wilhelmshöhe; un tratamiento más «documenta» en el Friedricianum; una acumulación en el «hangar» que es la Documentahalle; un recorrido casual en esa especie de invernadero que es el Pabellón Provisional y una disposición «moderna» y clínica en la Neue Galerie. No todos los lugares y ordenaciones alcanzan el mismo grado de éxito y el pabellón provisional queda algo pedestre, pero al menos se ha intentado. De la misma manera que no hay una dominancia nacional ¡ni de género! discernible, tampoco la hay en estilos o soportes. Las técnicas utilizadas hoy en día están presentes y cuando alguna destaca, como los tejidos o alfombras, eso tiene que ver con alguna querencia conceptual de los organizadore (también tienen derecho). En suma, una Documenta amorfa pero sugestiva. Y es que lo amorfo, claro, puede encerrar mil formas y mil informaciones. ¿Es posible encontrarlas en esta exposición sin muletas explicativas? No se ha puesto fácil, la aproximación es confusa, pero es posible. Aunque esto no sea «pop»: sigue siendo Arte.
Enviado el 23 de Junio. << Volver a la página principal << |
