« JUGANDO A SER DIOS O SER FALSIFICADOR DE BILLETES - Daniel Gasol | >> Portada << | «Hacemos un uso irrespetuoso de la foto» - Javier Díaz-Guardiola »
Junio 15, 2007
El laberinto Blaufuks - Abel H. POZUELO
Originalmente en EL CULTURAL.es
La sensación que tiene uno al recorrer esta muestra individual de Daniel Blaufuks es, de algún modo, la de estar ante un compendio de imágenes que se escapan a la firma de un autor determinado. Estampas extraídas de distinto tiempo y lugar a la vez que, casi paradójicamente, se percibe una marcada unidad, un conjunto de ideas concretas y orientadas tras las imágenes que en ella se muestran y su cuidada disposición en las salas y espacio de la galería. Algo recuerda aquí a aquellos gabinetes de pintura del pasado, a una colección de estampas encontradas, coleccionadas. En el otro extremo, está el elocuente título de la exposición, Blaufuks, y su prolongación en el mimado libro-catálogo confeccionado por el artista y editado por La Caja Negra. Un libro que parodia una monografía de bolsillo sobre un artista histórico, la firma, la autoría: todo el peso de tales convencionalismos tan profundamente consolidados dentro del mundo y la apreciación del arte.
Tales extremos se tocan con evidencia en un conjunto expositivo que tiene algo de reivindicación de la pintura y sus géneros y la plástica del cine. Blaufuks desenvuelve la Historia de la pintura y propone una revisión plástica, personal pero no intransferible de los géneros del bodegón, el retrato, el paisaje y las arquitecturas. Con un evidente, y sin duda logrado, afán estético agrega a sus imágenes características formales, compositivas y lumínicas marcadas manteniendo siempre la elección de unos motivos cercanos, inmediatos, que disparan una sensación de estar ante momentos de vivencias privadas, una lectura biográfica. Los lugares y su luz siguen siendo aspectos fundamentales en este conjunto fotográfico y en el vídeo que lo acompaña, y cierta ternura y desolación se cuelan por las rendijas, por las sombras y el tiempo congelado y desaprendido que plasman. La obra de Blaufuks resulta, en ese sentido, notoriamente sentimental.
Hablábamos de que estas fotografías llevan adheridas cierta plástica del cine, pero eso sería quedarse corto. Es el tiempo y la magia del séptimo arte, su infinitud, su capacidad de permanencia a lo que remiten parte de las obras de esta exposición. La excelente serie de fotografías de carteles de Fin o The End sacados del vídeo Endless End, así lo manifiestan. El cine aparece aquí como una narración por medio de imágenes que procura historias universales a nuestros sueños y pesadillas interiores que nosotros montamos de nuevo, reconfiguramos. El final no sucede nunca. Una pintura narrativa sin fin.
Lo que Blaufuks propone es un laberinto donde uno puede extraviarse pero que tiene múltiples salidas. Allí, el fragmento narrativo, la evocación lírica y biográfica, un anhelo de belleza y numerosas articulaciones de un bagaje cultural común, se cruzan con la reflexión sobre el tiempo y la función e importancia de una vida, esa autoría.
Enviado el 15 de Junio. << Volver a la página principal << |
