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Septiembre 02, 2007
Sean Snyder, lo que los medios esconden - Ramón ESPARZA
Originalmente en EL CULTURAL.es
Sin duda, el factor que más ha contribuido al encogimiento del mundo actual son los medios de comunicación y su permanente lucha por alcanzar la velocidad absoluta, por mostrarnos la vida en directo. Pero ese afán de instantaneidad oculta complejos sistemas discursivos. Los medios no reflejan el mundo, construyen mundos; elaboran regímenes de visibilidad, en los que unos hechos son sobrevalorados (léase el famoseo), mientras otros jamás alcanzan sus cinco minutos de atención. Es difícil seguir creyendo en aquella teoría del espejo que los propios medios defendían hace un siglo. Lo que éstos nos ofrecen no es un reflejo de lo que pasa, sino un relato construido en base a un entramado de ideologías profesionales, modelos narrativos y, cada vez más, puros intereses comerciales. Aunque, por encima de todo ello, hay un principio que casi siempre olvidamos: no hay comunicación sin manipulación.
La reflexión que propone Sean Snyder en la sala Rekalde entra, por tanto, en un terreno tan suficientemente conocido y criticado como asumido. Nadie con una formación mediana espera transparencia de los medios de comunicación, sino el resultado de la combinación de una serie de factores que van desde el valor noticia o la ideología del medio a la simple oportunidad. Y nadie sin ese mínimo nivel de formación, lamentablemente, entrará en una sala de exposiciones, salvo que se equivoque de lugar.
Snyder reitera las viejas teorías de los años cincuenta y setenta del pasado siglo sobre los medios y sus efectos, ejemplificadas con relatos televisivos de acontecimientos actuales, como la omnipresente doble guerra de Irak (sobre el terreno y en los medios, tradicionales y nuevos); o la universalización de los modelos narrativos, más allá de las diferencias ideológicas, culturales o religiosas.
La analepsis es la figura retórica que la cultura cinematográfica americana nos ha hecho conocer como flash-back. La pieza que toma de ella su nombre presenta un montaje de planos de situación, tomados de diferentes informaciones televisivas, y presentados por el artista como demostración de que los medios, en lugar de ofrecernos un reflejo de los acontecimientos, utilizan modelos narrativos propios del cine. Pero esa es una cuestión tan vieja como el documentalismo, definido por John Grierson, en 1926, como “el tratamiento creativo de la realidad”.
No se trata, en suma, de una exposición que sorprenda por un qué ya conocido por todos y ante el cual resulta difícil plantear más alternativas que la formación de un espíritu crítico respecto a la oferta mediática, sin perder de vista el hecho de que nos resulta imprescindible para movernos en el mundo actual. Pero sí puede plantear una reflexión sobre el cómo. Todo modelo de discurso tiene sus límites. Y el de la actividad artística no parece ser el ensayo pseudocientífico.
Enviado el 02 de Septiembre. << Volver a la página principal << |
