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Octubre 30, 2007

De todo un poco, pero con «grandeur». Juan Antonio Álvarez Reyes

Originalmente en ABCD:

Page Image1 23Una feria generalista en un marco incomparable. Estas podrían ser las señas de identidad de la FIAC -así, al menos, es vendida-, que intenta renovarse y salir de esa nebulosa a la que ha sido conducida por su ya larga historia. Muchos han sido los intentos en los últimos años para salir del marasmo, pero el impulso mayor se dio en la pasada edición. La principal decisión estratégica fue volver al centro de París, a los lugares de sus símbolos mayores: la Cour Carrée del Louvre -donde se instala una carpa con la sección más contemporánea- y el restaurado Grand Palais -para la sección generalista y el diseño-. La magnificencia, la grandeur, la pone, pues, el lugar.

Y esa grandeur sirve por lo menos para establecer ese marco incomparable que ennoblece y engrandece a la feria en sí y dignifica más lo expuesto, que -todo hay que decirlo-, no ha sido tan cuidado como en la pasada edición, sobre todo en su sección contemporánea, donde los altibajos fueron enormes. El montaje de los stands no se esmeró tanto como en Frieze: predominó el carácter acumulativo, con auténticas regresiones en el tiempo en algunas partes de la FIAC. No es, en este sentido, una feria imprescindible. Hay de todo un poco: clásicos modernos y contemporáneos; mucho francés; buenos, medios y malos trabajos. A diferencia de su vecina londinense, donde prácticamente nada destaca hacia abajo, en París predomina más el estilo montaña rusa, con unos pocos puntos álgidos y muchos otros descendentes, junto a una gran masa media. Gráficamente, se podrían resumir las diferencias en que en Frieze abundaban trabajos de Thomas Hirschhorn, mientras que en París lo hacían los de Lucio Fontana.

A imagen y semejanza. Pero así y todo, la FIAC se parece bastante a ARCO. Se encuentra en ese mismo pelotón que sigue al trío que compone el grupo escapado. Es casi como si fuera un espejo de lo que aquí somos. Nos devuelve una imagen bastante acertada de lo que es ARCO y que desde Madrid es difícil apreciar por el ruido que emite: una feria bastante local (en París, la participación nacional es del 42 por ciento), generalista, con altibajos y que, con el paso del tiempo, si no se interviene, el «nivel de calidad» decae. Los franceses intentan, sin embargo, hacer hincapié en ese mejoramiento, algo que no consiguen en la intensidad requerida. Estos serían, por tanto, dos de los peligros ante los que no sucumbir allí, y, sobre todo, aquí: un generalismo que huye de toda especificidad y un peso excesivo de lo local (en el término medio entre Frieze y la FIAC podría estar la virtud).

La proximidad en el tiempo y en la geografía entre ambas ferias quizás haya ayudado a que algunas galerías neoyorquinas se hayan decidido por acudir ahora también a París -Paula Cooper, The Project o David Zwirner-, pero el buen sabor dejado el pasado año también ha animado a nuevas incorporaciones, como las londinenses Thomas Dane y Max Wigram, o las berlinesas Arndt&Partners y Carlier/Gebauer. A diferencia de Frieze, donde la admisión es más complicada, la presencia española fue aquí casi numerosa: repetían Estrany de la Mota, Distrito Cu4tro y Nogueras Blanchard, a la vez que se incorporaron Guillermo de Osma y ProjectSD. De la exhibición de artistas franceses, cabría señalar la pared de grandes dibujos de Rebecca Bournigault, en Frédéric Giroux; los de Adel Abdessemed preparatorios de su instalación de cuchillos en la Bienal de Estambul, en Dvir; o todo el stand de Art: concept, dedicado a Vydia Gastaldon. Y entre los montajes, la reunión en David Zwirner de los dibujos de Raymond Pettibon, Robert Crumb y Marcel Dzama.

Todo vale. La feria también tiene su «programa cultural», que pretendían reforzado. El plato fuerte fue, como el pasado año, el de los proyectos exteriores en el Jardin des Tulleries. Más numerosos que en Regent?s Park, adolecían también de cualquier criterio estético o conceptual. Hubo unas pocas conferencias a cargo del vecino Jeu de Paume sobre coleccionar el movimiento y una invitación a jóvenes comisarios internacionales a visitar la feria y la ciudad, además del premio Duchamp, que fue situado en las cuatro esquinas del bar en la sección contemporánea. Los nominados eran Adam Adach, Pierre Ardouvin, Richard Fauguet y Tatiana Trouvé, la laureada, lo que significa una exposición en el Pompidou. Trouvé participó en la última Bienal de Venecia y tuvo una extraña exposición individual en el Palais de Tokyo a principios de este año. Este premio -devaluado en su instalación y en relación con el Turner- bien puede significar la distancia que comparativamente existe entre la FIAC y Frieze.

Enviado el 30 de Octubre. << Volver a la página principal << | delicious

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