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Octubre 29, 2007

De tripas, corazón. Óscar Alonso Molina

Originalmente en ABCD:

Existencias2

Hace un par de años abría sus puertas en León el MUSAC, con la voluntad expresa de convertirse en un «museo del presente», coletilla que, gracias a su regusto paradójico, con gran fortuna se ajustaba a la máquina publicitaria encargada de prepararle la bienvenida. Sin embargo, pasado el tiempo, el leit motiv ha demostrado tener bastante fondo y dar mucho más de sí de lo que cabría imaginar al principio, convirtiéndose desde entonces en la verdadera propuesta orgánica de todas las actividades del centro, a pesar de que llenar los museos con cuanto produce nuestra actualidad es algo que implica, al menos, cierta violencia: apuesta seductora y arriesgada, pero también casi imprescindible ya para algunos; conflictiva, contradictoria o incluso disparatada según otros.

Libertad inusitada. Para lograrlo, el MUSAC contó desde el principio con un presupuesto de compras inusual en nuestro entorno, así como con gran autonomía, capacidad real de decisión y adquisición casi inmediatas, apoyo político, coherencia interna, agilidad técnica y continuidad en su quehacer. Son peculiaridades que lo distancian del moroso proceder a que estamos acostumbrados en instituciones semejantes. También es verdad que, a diferencia de muchas, éste tiene claro desde el principio su voluntad de crear una importante colección en un muy corto periodo de tiempo, en vez de completar aspectos parciales o localizar obras concretas que le sean necesarias para alguna ya organizada antes.

De esta manera, el comité de adquisiciones, cohesionado por su perfil (entre ellos se encuentra el director, Rafael Doctor, junto con Agustín Pérez Rubio, Estrella de Diego, José Guirao y Octavio Zaya, entre otros), ha podido trabajar casi en «tiempo real» sobre la oferta del mercado galerístico, las ferias o las bienales, a la hora de hacerse con las piezas deseadas.

El mayor de los peligros. Es cierto que la rapidez de reacción en la toma de decisiones frente a la oferta, por definición, hace disminuir el tiempo de contraste y meditación, tradicionalmente indispensables en la museología. Aquí reside uno de los mayores peligros que se corren a la hora de dotar de contenidos a la colección, la cual sigue creciendo a buen ritmo en estos momentos; por el contrario, hay que destacar que, en los casos de acierto, el futuro certificará cómo estas obras se habrán comprado en las mejores condiciones históricas, amén de quedar ligadas a la imagen de la institución desde sus comienzos, influyéndose mutuamente en el futuro. Parece claro que, en la actualidad, el propio MUSAC es ya una de las piezas determinantes, a nivel nacional al menos, en la ordenación del ranking de cotizaciones, valoraciones críticas, interés despertado por los artistas allí expuestos, por las tendencias representadas... Y mucho más desde el momento en que la colección se crea volcada hacia los productos de más rabiosa actualidad -la obra más antigua presente en sus fondos data de 1989-, poniendo especial atención en los creadores jóvenes, cuyas expectativas a todos los niveles son mucho más inestables.

Pues bien, con estos antecedentes, el MUSAC, tan atento él mismo a las poéticas teen de turno, como museo adolescente que es, se muestra seguro y orgulloso de las formas que ha cultivado recientemente, y se deja ver -casi- desnudo por unos meses, sacando al espacio expositivo la práctica totalidad de lo que acumulan sus almacenes. Los organizadores de esta muestra juegan en el título con el doble sentido de la palabra «existencias»: por un lado, en cuanto que vidas y vivencias, presentes, activas; por otro, en referencia a aquello de lo que se ha hecho acopio, se almacena y sirve para abastecerse.

Gabinete Barroco. Al tiempo, refiriéndose al montaje, hablan de una lejana inspiración en el modelo del gabinete barroco, donde el vértigo de la mirada serpenteaba por las paredes saturadas de cuadros, o se arremolinaba en los objetos expuestos en el salón. Y algo de todo ello hay en esta puesta en escena novedosa que fascina y cansa, pues allí nada puede concentrar nuestra atención demasiado tiempo, haciéndonos olvidar que la obra que miramos es una vida, una existencia, sí: la porción individual de relato cuyo centro debíamos buscar sin la interferencia abusiva de lo que, con violencia, gira a su alrededor por un instante.

Es inevitable percibir al final un devenir ornamental en todo este tinglado que empuja al «fondo» -aquello que es atendido con la mirada periférica- los aspectos concretos de cada una de las «figuras» -las obras en sí, las ideas que ponen en marcha-. En el intrincado recorrido que conduce al cuerpo y al ojo de unas obras a otras sin mediación del sentido, éstas se metamorfosean y amalgaman para, al final, adquirir el conjunto una extraña coherencia ambiental, esos aires característicos de la iconosfera visual contemporánea. Todo, más allá del ruido o las sorpresas que ofrecen los inesperados compañeros de viaje y las extrañas relaciones que establecen entre sí cada una de las piezas que saturan los más de cuatro mil metros cuadrados del museo.

Lectura tendenciosa. En efecto, pues, el MUSAC enseña sus entrañas y nos demuestra que está consiguiendo meter el presente en un museo gracias a un muestreo de época y generacional muy concreto: ambicioso, amplísimo, pero inevitablemente conducido: tendencioso en el sentido estricto de la palabra. Frente a esas inmensas paredes cuajadas de imágenes, o delante de los ciclos de vídeo, donde sedicentemente no se ha querido imponer ningún orden discursivo, uno lamenta como pérdida precisamente esa cualidad de los museos de hacer manifiesta una teleología, ¡y de concretarla como «cuerpo cierto» a través de las obras!, más allá de los recursos performativos de la institución para imponerlas en el mundo mediático-mercantil.

Es cierto que, en paralelo, y a modo de catálogo, se ha publicado el segundo volumen del catálogo razonado de la colección del MUSAC, ampliado hasta donde han llegado las compras de los últimos años. Es curioso que allí, por medio del orden que impone el índice temático, sí se destile con mayor concisión la ideología subyacente al enorme y encomiable esfuerzo de este museo que, en el presente, se ha convertido en el fin último de tantas existencias.

Enviado el 29 de Octubre. << Volver a la página principal << | delicious

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