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Octubre 31, 2007
Los restos del día. CARLES GUERRA
Originalmente en LA VANGUARDIA:
La 52. ª Bienal de Venecia está punto de clausurarse. En esta edición, España ha contado con una discutida selección a cargo de Alberto Ruiz Samaniego. Lo mejor que se ha dicho de algunos artistas incluidos en el pabellón español es que resultaban divertidos (Herald Tribune,14/ VI/ 2007). José Luis Guerin, un referente indiscutible del cine español contemporáneo, también ha provocado división de opiniones. En muchos casos la presencia española ni siquiera ha merecido un comentario detenido. La Bienal de Venecia, en conjunto, ha sido despachada como un retorno al orden, una apuesta excesivamente conservadora a juzgar por los comentarios de un buen número de críticos.
La excepción ha sido Ignasi Aballí, que fue escogido por Robert Storr, responsable de esta edición, para tomar parte en la muestra principal de la Bienal. Este artista, que un blog en inglés definía como "un tipo que hace listas a partir de periódicos españoles", ha seducido al público. Su trabajo ya ha sido reconocido con una retrospectiva itinerante por varios museos europeos. No obstante, la suya es una obra muy alejada de los dispositivos espectaculares a los que nos tiene acostumbrados el arte contemporáneo. A veces resulta tan discreta que raya lo imperceptible. Ignasi Aballí sería el personaje perfecto de una novela. Metódico y obsesivo, pero genial. De él podría decirse que practica la pintura, aunque a veces ni la toca. Hubo una exposición suya en la que grandes botes de pintura blanca acrílica, como esa que utilizan los pintores de paredes, se exponían destapados hasta secarse su contenido. Era como si el tiempo invertido en pensar qué hacer con ella la hubiese inutilizado. La pintura estaba endurecida, una buena metáfora que describe lo que siente un artista de hoy en día al volverse hacia ese medio. Como se dice vulgarmente, lo que hace Ignasi Aballí lo puede hacer cualquiera. La economía cotidiana que transpiran sus piezas encierra lo maravilloso dentro de lo posible y lo real, como cuando invierte dos años recogiendo los restos que deja la secadora de ropa en el filtro. Tras aplastar con un cristal esa masa algodonosa surge de nuevo la pintura, renacida. Ahí hay el trabajo de un artista que el ranking de www. artfacts. net sitúa en el puesto 1.253. Cierto, una posición relativamente modesta, pero que rompe con la cultura de la estridencia y la distinción. El proyecto que publica en estas páginas, derivado de la misma obra presentada en la Bienal de Venecia, es una prueba más de cómo Ignasi Aballí convive con las cifras.
Enviado el 31 de Octubre. << Volver a la página principal << |
