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Noviembre 21, 2007

De Ítaca a Rothko - ANTONI MARÍ

Originalmente en cultura | s de La Vanguardia

Los lugares remotos son lugares próximos y muy lejanos. La proximidad la proporciona el deseo, la distancia viene impuesta por la dificultad, o la imposibilidad, de la realización o del encuentro con este deseo. Los lugares remotos son lugares mentales construidos por la intuición y por la idea de que hay espacios, alejados del espacio cotidiano, en los que poder realizar la totalidad de la persona o habitar según la idea que cada uno se ha construido de la existencia, o el lugar donde aparece la posibilidad de otra existencia. Es la imaginación la facultad capaz de identificar el deseo y la idea en la construcción de la imagen de los lugares remotos. Porque, por muy apartados y lejanos que estén, los lugares remotos aparecen con una imagen precisa, y a menudo, minuciosamente descrita ya sea en una imagen plástica o en una imagen verbal: por lo que los lugares remotos no son espacios desconocidos, si no abiertos al conocimiento y a ser hollados desde la necesidad que el deseo provoca. El lugar remoto ofrece, tal vez, la presencia real de lo desconocido, y lo desconocido es, sobre todo, aquello a lo que nunca se le puso atención y de repente aparece en toda su extrañeza y familiaridad.

El término español y catalán proviene del latín remotus que a su vez deriva de removere.El prefijo re expresa fundamentalmente repetición, inversión del significado del verbo primitivo o intensificación de la acción. Así, removere podría significar tanto un retorno como un remover o volver sobre lo mismo: significa, sobre todo, moverse o trasladarse; de tal modo que remoto supone idea de desplazamiento, un viaje de la realidad empírica a la realidad imaginada. El lugar remoto es una extensión del espacio real, sin las contingencias que impone la realidad y sin los hábitos frecuentes en esa realidad.

El término ha servido para situar un lugar a mucha distancia del sitio o del momento en que se está o de que se habla. Lo remoto remite a tiempos inmemoriales,de los que nadie tiene memoria, pues están más allá de la historia y confunden las fronteras de lo lejano con lo mítico. Son los lugares que ocupan los protagonistas de los cuentos, las rondallas y canciones populares y que personalizan atributos compartibles entre tantos. La historia de la literatura ha ofrecido lugares remotos que adquieren esta cualidad tanto por los protagonistas que viven en ellos como por los lectores, que comparten la sucesión de los acontecimientos y sus transformaciones. La Ítaca de Ulises, antes de volver a ella; el Camelot, de la materia de Bretaña; la Catay-China de Marco Polo, Colón o Ezra Pound; la Jerusalén de Torcuato Tasso; la isla Barataria de Sancho Panza; la New Atlantis de Francis Bacon; las Islas Encantadas de Melville; la isla del doctor Moreau de Wells; las colonias africanas de tantos libros de Joseph Conrad, sobre todo El corazón de las tinieblas;la siniestra cantina de El Farolito de Bajo el volcán de Malcom Lowry; la hacienda de Bearn de Villalonga; el casalot cubierto de hierbas del Mirall trencat de Rodoreda; la Mequinensa de Jesús Moncada... Todos ellos pueden darnos idea de la proyección de la literatura sobre los lugares remotos;tanta, que podríamos afirmar que la literatura es un lugar capaz de mostrar la naturaleza del más remoto lugar y puede que sea, también, el fruto de la búsqueda del lugar remoto donde realidad y deseo confunden e identifican su origen, su naturaleza y perfil, o todo lo contrario.

A pesar de que la literatura es capaz de crear y remitir a lugares remotos, su realidad es una realidad imaginada y pensada y objetivada por el autor y por el lector; sin embargo, no es un lugar real, el de la literatura, ni positivo, ni físico, ni empírico; es un deseo que se realiza en la idea que el propio deseo genera. Como ocurre con la pintura: en los temas y lugares de Nicolás Poussin y Claude Lorrain, de Puvis de Chabanne, de Arnold Böcklin, de Joaquín Torres García. ¿Qué otra cosa mostró Paul Gauguin del lejanísimo lugar de la Bretaña medieval y de los remotos Mares del Sur? ¿Qué decir de la pintura de Piet Mondrian, que remite a la geometría perfecta de la Ciudad de Dios de Agustín de Hipona? ¿O de los horizontes lejanos de Mark Rothko?

La transformación de un lugar remoto en un lugar empírico puede reconocerse en aquel espacio físico donde se construyó una realidad surgida de una idea que permitía ser transformada en imagen; una imagen equidistante entre la naturaleza, la literatura y la pintura. Un lugar remoto empírico, positivo y localizable, es el parque de Ermenonville del marqués de Girardin, protector de Rousseau: un lugar remoto construido con el concepto de Naturaleza del filósofo y con el simulacro y la reproducción de las pinturas de Claude Lorrain y de Hubert Robert.

El parque de Ermenonville se divide en dos panoramas completos. Hacia el sur se abre el paisaje ideal de la Arcadia con el Templo de la Filosofía con seis columnas dedicadas a seis hombres que contribuyeron al bien de la humanidad: Newton, Descartes, Voltaire, Montesquieu, Rousseau y William Penn. Hacia el norte con un paisaje rústico, silvestre y libre, con las cabañas de Filemón y Baucis y de Rousseau. Uniendo ambas partes, la Isla de los Álamos, con la tumba de Rousseau que lleva la inscripción "Aquí reposa el hombre de la naturaleza y de la verdad". Ermenonville es la representación de un lugar tan remoto como el escenario de Julie o la Nouvelle Eloise y la idea de naturaleza de Rousseau. Ese lugar remoto, fruto del deseo, es próximo, real y físico: el filósofo está presente entre las hierbas, los árboles, los templos, cabañas y senderos: tal y como apareció en la razón y la imaginación del señor de Girardin.

Hay algunos más, como el parque de Stourhead, dedicado a la Eneida y las Bucólicas de Virgilio; la gran explanada del obelisco de Washington, encomendado a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos; Strawberry Hill, simulacro de El castillo de Otranto de Horace Walpole y del paisaje sublime; los jardines de Weimar proyectados por Goethe en memoria de Werther y en afirmación de la unidad cósmica...

Los lugares remotos son lugares próximos y posiblemente no tan lejanos. Están a la expectativa; a la espera de que se transformen en lo que son: espacios del deseo por cumplir. Nuestra historia y nuestra vida tal vez no tengan otro objetivo que hacer de él un lugar habitable, una realización de la idea, una actualización de nuestra potencia vital.

Enviado el 21 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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