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Noviembre 26, 2007

Estilo internacional y utopía social. Juan Antonio ÁLVAREZ REYES

Originalmente en ABCD:

Exp-DavidclaerboutFinaliza como comenzó. El espacio 315 del Pompidou termina el año casi como en su inicio: con una exposición que analiza la disolución de la modernidad en el presente, de ciertas ideas acerca de un futuro que fue en parte y que ya está aquí diluido, de la transformación de un utopismo social y su inclusión en el «estilo internacional». Si la primera exposición del año, titulada Le nuage Magellan, era una colectiva que revisitaba el movimiento moderno desde la perspectiva de artistas actuales de Europa del Este, la última es una muestra individual absolutamente medida del artista belga David Claerbout. Hay, más allá de las diferencias, una reflexión similar: aquello que de algún modo fue -aunque sólo fuera en las intenciones- y se transformó está aquí mediante sus huellas en el presente, mediante su pasado inconcluso.

La reflexión sobre la modernidad -desde una nueva postura que ha trascendido ya la voluntad «post» de pasar página- deviene ahora fundamental. Junto a cierto aire de pasado reciente desvencijado que quizás no mereciera una desviación tan demoledora, pensar la modernidad acarrea ahora también recuperar de algún modo la ideología antagónica del siglo XX que fue desechada demasiado interesadamente. No es casual, entonces, el enfoque desde el Este en Le nuage Magellan, como tampoco lo era, en la pasada Bienal de Venecia, el detenimiento del premiado Andreas Fogarasi en la vida y transformación de los centros culturales de Budapest o, en la última Bienal de Estambul, la reflexión sobre la voluntad de travestir un edificio de servicio comunitario en un centro comercial.

Nostalgia e intención. Las investigaciones reflexivas sobre las relaciones entre modernidad y arquitectura que realiza un buen número de artistas en la actualidad -especialmente mediante ensayos fílmicos de exposición-, no están exentas de nostalgia y de intención. Una nostalgia e intención que recorren diversos ámbitos, desde la sociología y el pensamiento de Ulrich Beck y su «modernidad reflexiva», a exposiciones como la que en el verano de 2006 organizó el Victoria &amp; Albert titulada Modernism. En esta última se veía con gran claridad cómo el movimiento moderno en general había calado en la vida diaria mucho más de lo que podríamos creer, lo que, a su vez, señalaba no sólo su éxito de «diseñar un nuevo mundo» -como resaltaba el subtítulo de esa muestra-, sino también, y por ese mismo motivo, el de ser ya nuestro pasado triunfante, nuestra antigüedad. Es decir, que la respuesta a la pregunta que Roger Buergel se hacía en la última Documenta -a saber, ¿es la modernidad nuestra antigüedad?- tendría, a tenor de lo expuesto en Londres, una respuesta afirmativa. Una antigüedad moderna, por tanto, a conservar y cultivar.

La exposición de David Claerbout se inscribe en este pasaje, sobre todo, la proyección que la cierra. Esta es una de esas raras exposiciones conseguidas, tanto por su aspecto como por su contenido. La escenografía realizada -por emplear el término francés- para relacionar y exhibir las diferentes proyecciones más allá de la caja negra se relaciona y complementa a la perfección con los trabajos seleccionados, creando un juego de transparencias y visiones parciales que están presentes en las obras en sí, pero que de este modo se potencian. Es entonces el termino escenografía empleado por los franceses referido al montaje expositivo muy apropiado aquí, más incluso que el de dispositivo, al resaltar una teatralidad tranquila y suave, un juego de relaciones transparentes entre los vídeos, como si de visillos se tratara o, más concretamente, de las mallas de puntos que toda proyección deja sobre la pantalla si la observamos de cerca. Hay además una voluntad triangular, de establecer ángulos que no sean rectos, rompiendo escenográficamente con el propio espacio expositivo cúbico. La luz suave dejada por las proyecciones, las transparencias de los grandes muros de lienzo agujereado, las visiones entrelazadas de unas pantallas con otras? Todo está cuidado, extremadamente cuidado, escenográficamente dispuesto y medido. Una exposición, en este sentido, lograda.

Pero, además, ese juego de transparencias y relaciones está ahí dentro, en las obras en sí, en las relaciones que Claerbout establece entre los personajes de sus vídeos y las arquitecturas en las que se desenvuelven sus acciones extremadamente lentas o repetitivas. Así, la exposición se inicia casi chocándote con Shadow Piece, proyectada sobre una malla blanca que refuerza la sensación de extrañeza que produce esta imagen estática de la entrada de un edificio y las sombras que se proyectan en ella, junto a las imágenes en movimiento superpuestas de personas intentando entrar ahí. Es como si el ideal de transparencia quedara así interrumpido y mutilado de raíz: como un caramelo que se nos pone ante nuestras narices y que es imposible tomar. Así, el movimiento moderno, como el árbol del bien y del mal, del que es imposible -pese a casi poder tocarlo con los dedos- recoger el fruto maduro.

Transparencias. Las transparencias continúan en las arquitecturas de Bordeaux Piece, una extrañamente narrativa pieza de Claerbout filmada en una casa firmada por Rem Koolhaas. Espacios opacos y traslúcidos, diálogos basados en Godard y una obsesiva filmación durante unas horas concretas, en un periodo del año concreto, hacen de ella una poderosa obra que dialoga con la aparentemente simple y lenta Long Goodbye, más en la tónica de trabajos anteriores, pese a ser una obra más reciente.

Sin embargo, es la proyección final -en blanco y negro, con muchos grises- la que dialoga a la perfección con las veladuras, con el ideal de transparencia social y con la promesa de felicidad que el movimiento moderno y el estilo internacional realizaron, y que fueron en algún momento pervertidos. Sections of a Happy Moment es un filme mayor, complejo, extremadamente complejo en su realización -como suele ser habitual en Claerbout-, pero de una apariencia sencilla, casi simple e hipnótica. El motivo fugaz: un juego familiar alrededor de un balón suspendido en un espacio indefinido y soleado entre altos edificios modernos. Un momento de felicidad, de tranquilidad vigilada y enmarcada por la arquitectura fría del estilo internacional.

Enviado el 26 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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