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Noviembre 14, 2007

Sobre el festival Transitio_Mx 2, en DF. PABLO MARTE

Originalmente en A-Desk :

Transitio

Llevo un par de semanas con la intención de publicar este escrito (y nunca arranco):

“Ya ha terminado la segunda edición del Festival de Vídeo y Artes Electrónicas Transitio_Mx, que organiza el Centro Multimedia y el Centro Nacional para las Artes, aquí en México DF.

Justo una semana antes me tomaba una birra a las cinco de la mañana con uno de los curadores del festival, Eusebio Bañuelos, y le comentaba mis reticencias a cierto arte electronico, por endogámico y autocomplaciente, por, pese a la euforia crítica (o precisamente por eso) no resultar finalmente sino un ejercicio de exclusivo y cerrado formalismo técnico, vamos, por mirarse demasiado el ombligo, olvidando de alguna manera la realidad, lo cotidiano, el usuario común y un sin fin de aspectos similares.

Aunque no soy muy conocedor de la historia de los New Media, he leído los grandes textos que acompañaron su aparición, grandes en el sentido marxista, grandes por utópicos y absolutos. Hubo una etapa donde al parecer bastaba con envolverse del virtualismo de la web, confinada la única posibilidad de salvación del mundo en la recreación del mismo en un sistema paralelo. Las cuestiones y los debates que producía el entorno real se depositaban allí, (ejemplo paradigmático: del feminismo al ciberfeminismo). Quizás se trataba tan solo de expectativas, de una confianza casi ciega en el efecto del retorno, imaginando algo así como que la web funcionaría a modo de espejo, que luego proyectaría sobre la realidad los cambios singulares obtenidos en lo virtual. En el fondo este momento de euforia del medio seguía parapetándose en una division radical respecto a la realidad. Realidad y Virtualidad eran dos terminos separados por un muro infranqueable. Los viajes de un lado al otro eran unidireccionales. Lo que interesaba no era lo híbrido o el doble viaje sino simplemente la inmersión: navegar.

De un tiempo para acá el interés ha cambiado, está cambiando. Ciertos trabajos ya no depositan esperanza alguna en el medio, sino que simplemente hacen uso de él. Ya no se vive esa euforia, más bien hay una conciencia de las nuevas estructuras de pensamiento que la web, y el arte electronico en general, han provocado en el comportamiento y en la realidad del sujeto contemporáneo. La fascinación tecnológica anterior se ha sustituido por una fascinación más particular, la del usuario común en su quehacer cotidiano mediando la maquina, el ciberespacio (palabra envejecida, no obstante) y la transportabilidad de los nuevos aparatos tecnológicos. El abaratamiento de los mismos ha provocado, evidentemente, su pronta democratización. Y esto hace que la repercusion tecnológica sea doblemente interesante, nuevamente interesante.Existe, digamos, ya, otra vez, una anhelo por la investigación tecnológica en términos de antropología, esto es, en cuanto a los espacios reales habitados por seres humanos, en cuanto a los humanos como personas que se relacionan entre sí (derecho), en cuanto a los individuos como seres sensibles al cambio y necesitados de rutina. Etc.Curiosamente, el Festival este año estaba dedicado a las fronteras. Su titulo, “Fronteras Nómadas” fue criticado en la conferencia de Nestor García Canclini sobre comunidades transnacionales, la única a la que asistí de entre una semana fructífera (José Luis Brea, Platoniq, Gunalan Nadarajan, Fran Ilich, Lynn Hershman, etc). Para Canclini la noción de nomadismo, tan utilizada en los años 90, “tiende a unir condiciones de viaje muy diversas”. “No todo lo que se mueve, viaja, no todo lo que viaja, migra”. No obstante la crítica, lo curioso era que se hablara de movimientos del cuerpo, de translaciones físicas (la migración) en un entorno dedicado al normalmente sedentario mundo del arte electronico. Lo transcendental era el interés hacia aspectos reales en los cuales la tecnología provocaba usos nuevos, “hackerismos” (tal y como los llamó Canclini) de la frontera, donde a cada muro surgían mil formas de batirlo y sortearlo.

De alguna forma, a lo largo del festival, me he tenido que comer (eso sí, poco a poco) mis propias palabras. En efecto, aquel arte electronico endogámico y oscurentista apenas si tuvo una representación anecdótica (entre otras la obra estrella con la que se dio apertura al festival, el ya clásico –en el aspecto denostado del término- “realidad ampliada de un pez” , de Ken Reynaldo… unas peceras que en teoría se desplazaban lentamente a partir de unos sensores pero que en la práctica, al menos el día de la inauguración, lo hacían mediante un mando a distancia tipo dvd que manejaba el propio Reynaldo)

Las tres curatorías que conformaban el extenso programa del festival versaron de alguna manera sobre esta progresiva tangencialización del interés tecnológico actual, aunque ninguna lo proclamaba abiertamente como eje central. Dos de ellas, ubicadas en el museístico espacio del Laboratorio de Arte Alameda, abordaban el tema de lo politico y la comunidad. Una (Im-polis) comenzaba definiendo lo politico como “la relación entre” y… ahí se quedaba. De entre las piezas, cabía destacar el video de Jan Verbeek, “Bright Future Ahead”: cuatro proyecciones con un contenido que iba de lo caótico a lo deslizante: se deslizaban las pantallas en un movimiento apenas distinguible pero perceptible y sugerente, se deslizaban también ciertas imágenes (Japón, el metro, rostros que dormitan muy al estilo del Chris Marker de Sains Soleil, las manos que se sujetan a las anillas soltándose a cámara lenta, etc). Se deslizaba también mi cuerpo, que iba de una proyección a otra, dando vueltas y vueltas y asumiendo en propia carne esa mezcolanza de caos y movimiento que proponían las imágenes.

En la curatoría sobre (in)Comunidades, aplicando la fusión de las ideas de comunidad y comodidad (incomunidad-incomodidad), me encontré un video fabuloso del polaco Artur Zmijewski – THEM, 2007-, en el que el artista reúne en un mismo espacio a representantes de grupos de diversa, por no decir opuesta, ideología y pensamiento, y les conmina a que realicen una pintura que les sea representativa de su idea de Polonia. Luego, en distintas sesiones, les pide que alteren, manipulen e, incluso, si así desean, destruyan, las obras de los demás, con la exigencia de respetar en todo momento lo que otros hagan con la suya. Así, lo que en principio se origina como proceso de negociación acaba resultando una desnegociación en toda regla.

La tercera curatoría (Síntesis Libre), ubicada en el Centro de la Imagen, fue la que de manera más coherente trató la desformalización del tecnologicismo, a partir de un eje basado fundamentalmente en talleres, charlas y piezas de carácter itinerante, urbano o que encontraban su maxima razón de ser en el desplazamiento. Los cuatro curadores, Eusebio Bañuelos, Sarah Minter, Karla Villegas y Ricardo Rendón formaron, tal vez intuitivamente, un puzzle-flujo de lógica deleuziana, que se fue manifestando a lo largo de la semana, (y no de una vez, tal y como sería el tipo expositivo clásico – y no tan clásico). Dos de los miembros del colectivo Platoniq dieron un taller sobre formas y políticas de intercambio y difusión de material por la red, pero como principio estructural de una intención real y física: en este caso, el Banco Común de Conocimiento. Arcángel Constantini, artista mexicano, paseó durante toda la semana una máquina de toques (ya saben: ese juego típico de tabernas y antros en los que uno se somete a descargas eléctricas, ¿recuerdan la pieza de Artigas, Vive la Resistence?) que grababa los rostros a medio camino entre el dolor y la risa e interpretaba en forma de sonidos la intensidad de las descargas. La caja de toque era un antiguo y bonito (hasta fetichista) neceser de madera lacrada, lo que junto al sonido y la portabilidad le daban un aire a cierto futurismo a lo Jules Verne. El músico Manrico Montero dio una conferencia sobre paisajes sonoros y explicó justamente cómo toda una generación quiso distinguirse de aquella fascinada por lo netamente tecnológico. El videoartista Fernando Llanos ofreció un taller sobre video realizado con móviles cuyos resultados fueron proyectados luego en un enorme kiosko en el parque de la Alameda… Los estrellitas de la curatoría, los GRL, a mi parecer se estrellaron… o, como poco, estrellaron sobre mis pantalones favoritos un plato de tacos de pulpo en su tinta (el causante me dio los oportunos sorrys y me ofreció otro taco, “the problem isn’t the taco, but my favorite pantalon”, le dije ). No obstante, incluso una propuesta exclusivamente espectacular como la de ellos (que, sinceramente, para más inri queda mejor en fotos) tenía su lógica en el contexto curatorial por cuanto introducía el discurso urbano del graffiti como parte de la desformalización tecnológica.”

Ahora, además, hay unos videos en el youtube que explican el proceso de las tres curatorías y que, aunque son meramente informativos, pueden ayudar a hacerse una idea de lo que terminó siendo, a mi parecer, una propuesta como festival bastante interesante sobre todo para aquellos a quienes lo del arte electronico no les termina de fascinar, como a mí me ocurre.

Ergo, nunca es tarde cuando la dicha es buena.

Enviado el 14 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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