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Diciembre 17, 2007

Arte y oficios: curaduría y gestión cultural (en XXXIII tesis). Lucas OSPINA

Originalmente en [esferapública] :

I. La curaduría escribe ensayos, no prólogos / Los gestores culturales se ejercitan en todo tipo de géneros publicitarios, según el formato de la demanda.

II. La exposición de arte sólo incidentalmente es pedagógica / Hay exposiciones pedagógicas.

III. La curaduría no explica lo que las obras ya hacen evidente / Los gestores culturales se dedican a la estéril labor de convencer.

IV. La curaduría es crítica / Los gestores culturales son el servicio diplomático del arte.

V. En la exposición de arte aprende su oficio la curaduría / Los gestores culturales se instruyen con tablas de cifras.

VI. La curaduría no separa qué dice de cómo lo dice / Los gestores culturales discriminan “contenido” y “presupuesto” bajo rubros diferentes en una hoja de cálculo.

VII. En la exposición de arte la forma es la pregunta esencial / Hay exposiciones en que la forma se confunde con materia: a gran espacio más materia, a poco espacio… más materia, relleno.

VIII. La curaduría es un parásito que vive de citar: ordena, crea, ofrece nuevas constelaciones de subjetividades / Los gestores culturales son el celador como dueño del edificio.

IX. La curaduría trabaja sus textos con la misma minuciosidad de un relojero / Los gestores culturales escriben con la misma laboriosidad del policía de tránsito que llena las casillas de un tiquete de multa.

X. La curaduría no lee, relee / Los gestores culturales coleccionan titulares de prensa.

XI. En las exposiciones de arte la curaduría no recrea la historia, la crea / Los gestores culturales hacen uso anecdótico de la historia: ¡un niño de bajos recursos fue tocado por el arte!, ¡el artista hizo esta obra con un gran sentido del dolor!¡esta pieza fue restaurada!…

XII. La curaduría no confunde la exposición de arte con el catálogo / Los gestores culturales hacen de las exposiciones catálogos y de los catálogos libros de mesa.

XIII. La exposición de arte es un medio para poner una idea en juego / Hay exposiciones —en especial restrospectivas— que son el fin de una idea.

XIV. La curaduría es tan transgresora como el arte: transforma los géneros de los que inicialmente parte / Los gestores culturales jamás cuestionan el género, los límites dentro de los que se enmarcan. Y nunca son víctimas de censura: ellos mismos se autocensuran.

XV. La curaduría antepone el arte a la vida: prefiere la obra al autor / Los gestores culturales disfrazan la obra con la cara del autor: con ojos, pelo, nariz y boca se traviste la obra para su presentación en sociedad.

XVI. El curador es hijo de su tiempo pero vive días, meses, años y hasta décadas con el reloj adelantado / Los gestores culturales hablan por un teléfono móvil con un plan limitado de minutos.

XVII. El comienzo y fin de la exposición de arte es el lenguaje / El comienzo y fin de algunas exposiciones son los cócteles de inauguración.

XVIII. La curaduría responde ante el lenguaje / Los gestores culturales responden ante sus superiores (jamás ante inferiores).

IXX. La curaduría acompaña a las exposiciones de arte en la salud y en la enfermedad / Los gestores culturales se casan y divorcian del arte dependiendo del éxito y fracaso de las exposiciones.

XX. La curaduría sabe que no hay obra de arte sin defectos / Los gestores culturales hacen de la perfección una religión, esconden, ocultan, ignoran la potencialidad de las disonancias.

XXI. La curaduría no hace exposiciones políticas, hace las exposiciones políticamente / Los gestores culturales ocupan la plaza política, son la elite de la servidumbre.

XXII. La curaduría piensa el valor del mercado / Para los gestores culturales el precio de una obra de arte piensa por sí mismo.

XXIII. La curaduría confronta el sentido de las obras y pronostica estados atmosféricos del arte / Los gestores culturales controlan la temperatura de las exposiciones: verifican que el sentido de las obras no se caliente, descongele, derrita, riegue, contamine o evapore.

XXIV. Para la curaduría no hay público, solo individuos / Los gestores culturales aman al público y menosprecian al individuo.

XXV. Soliloquio paradójico: la curaduría oye las voces de la exposición de arte desde su solitario y cuidadoso recorrido / Los gestores culturales recorren las exposiciones desde los monitores de seguridad del sistema privado de vigilancia.

XXVI. La curaduría es el sistema circulatorio del arte / Los gestores culturales trabajan en las aduanas del arte: verifican documentos (hojas de vida, pólizas de seguro, créditos de los patrocinadores…)

XXVII. La curaduría aísla el discurso oficial del contenido de las exposiciones: encierra el protocolo de cortesía en la bóveda de la etiqueta y luego, con gran sigilo, bota la llave / Los discursos oficiales son el hechizo que convierte las exposiciones en propaganda; la gestión cultural ornamenta la retórica oficial con una, dos o hasta tres perlas eruditas.

XXVIII. La curaduría sabe que puede improvisar, trabaja con lo que tiene / Los gestores culturales son incapaces de responder por daños o imprevistos.

IXXX. Los textos curatoriales ni informan, ni sustentan, ni comunican: comprenden / Los gestores culturales insisten en explicar el arte y ofrecen la primera dosis de pedagogía gratis: la dependencia a las explicaciones hace el resto.

XXX. La curaduría usa un guante de seda para saludar al político y un guante de boxeo para dialogar con el crítico / Los gestores culturales se prodigan ante el político y se resguardan ante el crítico.

XXXI. La curaduría sólo usa obras que generan fricción política cuando esta preparada para el debate político / Los gestores culturales teorizan sobre política con la misma candidez que una adolescente luce calzones con la imagen del Che Guevara.

XXXII. Para la curaduría todo arte es actual: el arte nuevo critica al arte viejo como el arte viejo critica al arte nuevo / Los gestores culturales son incapaces de leer el diálogo del arte como continuidad: segregan, fragmentan, rotulan. Aíslan y enmudecen la conversación incesante del arte.

XXXIII. Cuando la exposición de arte ha sido curada el curador hace lo propio: desaparece / Los gestores culturales omiten créditos para sacrificar su nombre en el altar de la fama.

Enviado el 17 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

No me parecen del todo acertadas estas opiniones, me parece que el autor está partiendo de un supuesto del "ideal de la curaduría", quisiera que fuese verdad lo que en esas tesis se afirma, pero desafortunadamente esto no es así. Me parece interesante como se construye este texto, ubica en todos los casos en un grado superior de criticidad, conciencia, coherencia, desestabilizador, etc. etc. a la curaduría frente a la gestión cultural. Esto me genera por la propia forma desconfianza, duda...


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