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Diciembre 10, 2007

«Kitsch» a cámara lenta. Óscar ALONSO MOLINA

Originalmente en ABCD:

W Lar 0795

Si hace tres años la artista sueca Annika Larsson (1972), realizaba en la Sala Montcada de Barcelona su primera individual en nuestro país, tras participar durante 2002 en colectivas del Domus Artium y MARCO, ahora se presenta por primera vez en solitario avalada por una galería comercial privada. Para la ocasión se han seleccionado un par de sus más representativos proyectos realizados durante los dos últimos años: nada más entrar nos encontramos con el vídeo Pirate, para, bajando a la planta sótano, poder asistir a la larga proyección de Fire. Junto a ellos, dos series de stills relacionados con ambas piezas: conjuntos de siete y tres fotografías, respectivamente, que sin duda encuentran justificación más en lo comercial que en la necesidad interna de ampliar el discurso o buscar nuevas perspectivas.

Estetización del diseño.

Ambos vídeos se erigen, una vez más, como la estetización proclive al diseño, ambigua y gélida de conflictos de cualquier naturaleza, a la cual nos tiene acostumbrados el discurso de Larsson. Suya es, en esencia, la voluntad de detener hasta el nivel de lo decorativo -y muy a menudo, por desgracia, más allá- el impulso entrópico o violento que late bajo distintas situaciones de conflagración, lucha, antagonismo o rivalidad que nuestro presente nos sirve a diario.

Pirate (2006-07) aborda, como si de un afectadísimo documental cámara en mano se tratara, el acercamiento meramente visual a la concentración que durante el Uno de Mayo organizaron en la ciudad natal de la artista un grupo de activistas anti-copyright. Terminado el vídeo, poco podemos sacar en claro de las ideas reivindicadas por éstos o la propia artista. Es difícil deducir algo más allá de la fascinación de Larsson con el formalismo visual asociado a la estética teen: el constante regodeo en los encuadres; la plenipotenciaria cámara lenta que todo lo invade en su obra; la connivencia entre secuencias y música, firmada por ella misma, junto al también artista y compositor Tobias Bernstrup; el bobalicón deslumbramiento ante el despliegue de identidad grupal, su moda, iconografía y señalítica, sobre todo lo cual la cámara se detiene hasta la exasperación sin un atisbo de ironía ni, en última instancia, distanciamiento.

El segundo de los vídeos, Fire (2005), redunda en estos jugueteos con el kitsch donde los contenidos están predeterminados, sólo que aquí, en vez de la «toma de datos» real, y su ambivalencia resultante con el género didáctico, la labor de estudio, la artificiosa recreación de cada toma no oculta su origen eminentemente construido. Frente a los aires de vídeo-clip fallido, ante la auténtica cultura de masas a que aspira en la planta de arriba su inconsciente visual, abajo el trabajo de Larsson resulta igual de pretencioso, solo que por fin con alguna justificación.

La fórmula evidente.

«El kitsch es mecánico y opera mediante fórmulas», advertía Greenberg en 1939. Pues bien, es sabido que a ellas se dedica la sueca con constancia en su trayectoria, y aquí de manera ejemplar: el arquetipo cinematográfico; el control del punto de vista del espectador a base de situarle entre contrarios radicales; la construcción maniquea de trasfondo ético; el eterno ralentí como fórmula sustitutoria en la narración de la dimensión trágica; la música como mecanismo emocional de corte totalitario... Todo esto, y más, es lo que se maneja para hacer, si no verosímil, sí al menos plausible dramáticamente algo así como la historia de un grupo terrorista que perpetra un atentado.

Carolina Corbetta recordaba hace poco al hilo del trabajo de Larsson cómo hieratismo y erotismo se fundieron estéticamente por primera vez en el Antiguo Egipto, según la tesis de Camille Paglia. En efecto, algo hay de bajorrelieve en estos vídeos suyos (con su tempo lentísimo, altamente esquematizados, disminuidos, rebajados de su dimensión documental, ilustrativa), donde la violencia estetizada que tanto llama su atención es ya un eros inane, casi el rumor de fondo sobre el que apenas se despega el ostentoso despliegue ornamental de las superficies en movimiento: sus imágenes.

Enviado el 10 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

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