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Diciembre 05, 2007

Política y cuerpo. La guerra caliente. BEATRIZ PRECIADO

Originalmente en cultura I s de La Vanguardia:

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial no fueron sólo un período de guerra fría, marcados por sintagmas que en una escala retórica de Celsius indicaban negativo (tensión de bloques, depresión económica postbélica, telón de acero, enfriamiento y dispersión de las concentraciones urbanas ante el temor de un nuevo ataque nuclear…), sino que también fueron los años de un aumento exponencial del interés de los poderes políticos en el cuerpo y la sexualidad como posibles centros de control del individuo. Mientras que en un nivel macropolítico las potencias, tanto occidentales como orientales, intentaban bajar la temperatura del conflicto al mismo tiempo extáticas y espantadas frente su reciente descubrimiento y ensayo de nuevas tecnologías de destrucción masiva, en un nivel micropolítico, los estados llevaban a cabo una infiltración del cuerpo individual, atacando, con nuevas técnicas biomoleculares y mediáticas, un nuevo terreno privado, visceral y silencioso: la sexualidad.


La mutación del capitalismo a la que vamos a asistir se caracterizará no sólo por la transformación del sexo en objeto de gestión política de la vida (como ya había intuido Foucault en su descripción biopolítica de los nuevos sistemas de control social) sino porque esta gestión se llevará a cabo a través de las nuevas dinámicas del tecnocapitalismo avanzado. Durante el período de la guerra fría, mientras los Eames inventan sillas de plástico y Warhol transforma en arte la sopa enlatada que el ejército había inventado para poder transportar comida al campo de batalla, Estados Unidos invierte más dólares en la investigación científica sobre el sexo y la sexualidad que ningún otro país había hecho antes a lo largo de la historia. Se abren durante este tiempo decenas de centros de investigación sobre la sexualidad con el objetivo de mejorar la salud pública, se llevan a cabo los primeros estudios demográficos sobre la reproducción sexual y su control así como sobre la homosexualidad y la perversión y su tratamiento psiquiátrico. Píldora, lífting, género, porno, cambio de sexo… todo lo que creemos hoy novedoso son herencias de la guerra fría.

En 1946, se inventa la primera píldora anticonceptiva a base de estrógenos sintéticos y se pone en práctica primero como método de control del crecimiento demográfico de la población negra en Puerto Rico, colonia económica e isla-cobaya de Estados Unidos, antes de hacerse extensiva a la población blanca. Pronto, el estrógeno y la progesterona sintético utilizados para producir la píldora se convertirán en las moléculas más rentables de toda la historia del capitalismo farmacéutico. En 1947, el pedopsiquiatra norteamericano John Money inventa el término género, diferenciándolo del término tradicional sexo para nombrar la pertenencia de un individuo a un grupo culturalmente reconocido como masculino o femenino y afirma que es posible modificar el género de cualquier bebé hasta los 18 meses mediante técnicas hormonales y quirúrgicas y reajustarlo durante la infancia a través de técnicas de influencia cultural - educación, lectura, imagen… Gracias a estos nuevos dispositivos hormonales y quirúrgicos, en 1953, el soldado americano George W. Jorgensen se transforma en Christine, convirtiéndose en el primer transexual cuyo cambio de sexo será objeto de seguimiento mediático. Mientras tanto, con distinta ideología pero con procedimientos similares, en España, el comandante Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los servicios médicos militares, y los doctores

Emilio Mira y Juan José López Ibor llevan a cabo sucesivas investigaciones con el fin de examinar las raíces psicofísicas del marxismo (para descubrir el famoso gen rojo)y la homosexualidad preconizando, a pesar de la escasa tecnificación de las instituciones médicas durante el fascismo, la lobotomía, las terapias de modificación de conducta, el tratamiento mediante electroconvulsiones y la castración terapéutica con el fin de mejorar la especie y acercar al individuo a la salud sexual. Se inicia así otro tipo de invasión del cuerpo social que bien podría caracterizarse como una micro-guerra total y caliente, mucho más rentable económicamente que la tradicional guerra entre estados o pueblos, a través de la que el poder político se instala sutil y amigablemente en el cuerpo y cuyos nuevos aliados serán el control de la reproducción, la maximización del placer sexual, la estilización de la masculinidad y la feminidad, la localización del punto G, la autosatisfacción, el equilibrio de la pareja heterosexual y la protección de la infancia. ¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir guerra?

Enviado el 05 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

poder y control bio político, me parece muy interesante este análisis de ir develando las matrices de intervención del cuerpo, e historizarlas. Creo que hay grandes núcleos desde los cuales podemos hablar de guerra, control, intervención, adoctrinamiento, lo difícil de hacer es pensar en las formas de subvertir a través del propio cuerpo, es decir, re doblar, apropiar o resignificar prácticas culturales subyugantes.


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