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Marzo 28, 2008

LOS ARTISTAS CUBANOS POR LA CALLE DEL MEDIO - Mónica Sánchez Argilés

20ONEMILLIONDOLARS5copy-u.jpgCuba es noticia en el mundo. Fidel Castro abandona su mandato presidencial de cincuenta años en el poder y el anuncio retumba con intensidad fuera de la isla. ¿Y dentro? ¿qué ocurre dentro? ¿la gente se alegra o se lamenta? ¿mira con nostalgia a un pasado que se escapa o abraza con entusiasmo un futuro más alentador? Aparentemente, ni una cosa ni la otra. En Cuba, en general, la gente prosigue con sus vidas como si nada fuera con ellos, aferrados a un tiempo presente que, como cada día, hay que salvar. Ésta es la situación que relatan los medios de comunicación y con la que el resto del mundo parece quedarse bastante insatisfecho. A estas alturas el mundo ha generado sus propias expectativas y un sinfin de preguntas que esperan respuesta: ¿Qué piensa Cuba de Castro? ¿y de la revolución? ¿ha tocado ésta realmente a su fin? ¿consideran el balance positivo o negativo? ¿cuáles son los pronósticos que se barajan para el futuro que viene? …

Exactamente las mismas cuestiones que una exposición de arte contemporáneo como States of Exchange. Artists from Cuba ha sido capaz de suscitar entre el público asistente. Acompañada por un completo programa de vídeos, presentaciones de artistas y mesas redondas, la muestra se ha celebrado en el espacio expositivo del Institute of International Visual Arts (Iniva) -el super cool barrio londinense de Shoreditch- y clausuró el pasado 22 de Marzo de 2008. La muestra exhibió la producción de seis artistas cubanos -Diana Fonseca, Jeanette Chávez, Wilfredo Prieto, Iván Capote, Yoan Capote y Lázaro Saavedra- además de otros trece agrupados en un programa de vídeo -Raychel Carrión, Javier Castro, Alexis de la O Joya, Laimir Fano, Adonis Flores, Alex Hernández, Jesús Hernández, Luis o Miguel, Gustavo Pérez, Renier Quer, Alina Rodríguez, Lázaro Saavedra, Asori Soto y Manuel Zayas-.

Perfectamente asentada en los intersticios de la problemática tensión creciente entre lo global y lo local, una exposición como esta da cuenta de los efectos de la globalización y el mercado internacional en el seno de la producción localista. A pesar de la apertura de las fronteras internacionales y el debilitamiento de las políticas nacionales, es evidente que los modelos temáticos y de referencia local siguen todavía construyendo identidades. El énfasis de sus comisarios -Cylena Simonds y Gerardo Mosquera- de estar ante una exposición temática que nada tiene que ver con identidades nacionales, pierde intensidad ante el reclamo publicitario de: “artistas de Cuba”. El hecho de que los artistas participantes sean todos cubanos viviendo y trabajando en Cuba, pero con una amplia proyección internacional que les lleva a compartir filas con los artistas más mostrados en bienales y ferias internacionales -a excepción de Diana Fonseca y Jeannette Chávez que por su corta trayectoria recién despegan en su viaje al international establishment- ahonda en el mismo razonamiento aporético. Parece que estamos insertos en lo que se ha dado en llamar la lógica de la "glocalización": ¿una interpretación de lo global y lo local en el reconocimiento de que todo individuo o colectividad participa de la globalidad tanto como de su identidad cultural específica? O ¿un movimiento que homogeneiza tanto como aprovecha las diferencias y las particularidades nacionales, regionales y locales, para construir desde ahí sus estrategias de mercado, expansión de modas y productos?

Sea como fuere, el visitante que se haya dejado caer por el edificio vanguardista de Rivington Place, apreciará una exposición de arte contemporáneo cuyas obras -de una calidad estética perfectamente acorde con las corrientes internacionales en voga- atienden tanto a asuntos filosóficos universales -que atañen a la existencia del hombre en general-, como a las peculiaridades del contexto que las origina. A pesar de las narrativas personales que cada una de las piezas desplegaban individualmente, eran todas voces que al unísono se engarzan en un diálogo crítico, histórico y social altamente politizado que, ante todo, describe a una Cuba en continua transformación y en perfecto estado de contradicción.

50 años de revolución y un persistente bloqueo económico han sido factores más que suficientes para alimentar la apasionada polémica que ha dividido a los intelectuales del mundo en dos bandos. Cuba ha trascendido sus límites físicos, políticos y geográficos para instalarse en la mente de todos como dilema moral internacional: ¿sistema político tiránico y despótico o proyecto utópico alternativo frente al Free World de los Estados Unidos y al modelo capitalista neoliberal? Asunto intrincado que, aunque implantado en el imaginario colectivo internacional -nutrido durante décadas a base de mitos e ídolos tanto de izquierda como de derecha- no parece concernir demasiado hoy a la sociedad cubana en su totalidad. ¿Asiste Cuba a una completa escisión entre teoría política y práctica cotidiana? ¿Se ha abandonado finalmente la lucha por el socialismo?

Ningún sistema se da de una vez por todas, sino que se crea y se recrea a cada paso como parte del proceso histórico, económico y social por el que transita. En este proceso de intercambio entre texto y contexto, la realidad de un país se configura. En el caso del eje geo-ideológico Este vs. Oeste, dicho proceso se aceleró con el final de la Guerra Fría, al tiempo que el significado real de conceptos claves en la formulación de identidades se hizo cada vez más elusivo en el escenario de una hegemonía globalizadora. A pesar de todo, hay quienes continúan aferrados a viejos "clichés", otros, por el contrario, alcanzan el escepticismo y lo que está por llegar se convierte en la gran incógnita. States of Exchange… ahonda precisamente en estas mismas dinámicas de cambio, intercambio, movimiento y transformación, a través de las cuales la realidad de un país se modifica y se ve afectada tanto como su percepción pública.

Un aspecto que no podría pasar inadvertido en una exposición de esta naturaleza, es el que tiene que ver con la peculiaridad del sistema monetario cubano. Debido a la inestabilidad intrínseca del peso, y su devaluación constante, cuatro divisas diferentes han circulado por el país a un mismo tiempo: el peso cubano, el cuc –peso cubano convertible- (1), el dólar americano y el euro. Las cuatro perfectamente legales y asimiladas por el sistema. En 2004 el gobierno cubano anunció la “prohibición” del uso del dólar americano, obligando a que todas las transacciones comerciales entre los habitantes de la isla se realizaran en pesos convertibles. Extraoficialmente, la realidad es muy otra y los cubanos aceptan complacientes cualquier tipo de moneda siempre y cuando no sean dólares americanos. Una realidad delirante para cualquiera que viva fuera de la isla, pero una cuestión rutinaria para los de dentro. Dinero bilingüe (2005) de Yoan Capote, dos monedas bastardas, en el cruce literal de veinte pesos cubanos y un dólar americano, se revela el artefacto predilecto para lidiar con dicha contienda monetaria. Una moneda esquizoide, fruto del incremento de la inversión y el turismo extranjero dentro de la isla, y reflejo de las múltiples contradicciones en la sostenibilidad económica de Cuba. ¿Acaso también, símbolo de las congénitas disfunciones del socialismo y de su clase dominante que, travestidos con la piel de cordero socialista, esconden su verdadera naturaleza capitalista?

La penuria económica y la escasez de recursos conduce, necesariamente, a la inflación del deseo por cosas materiales. Diana Fonseca se sirve de las estrategias del Realismo Mágico, el sueño y la fantasía, para suspender temporalmente los imperativos del mundo adulto y dar rienda suelta a su imaginación. Su serie de pasatiempos son juegos perversos, mezcla consciente de la ficción del mundo del niño y la experiencia adulta del mundo real. En su vídeo Pasatiempo (dinero) (2003), la artista se apropia de un entretenimiento de su niñez, que consiste en frotar repetidamente dos monedas, una contra otra, sobre las palmas de sus manos, hasta imprimir sobre ellas las huellas de su presencia. Es, en realidad, la suciedad del vil metal quien acaba por dejar en sus manos una marca negra permanente. En Pasatiempo (2004) el entretenimiento infantil de coserse con aguja e hilo superficialmente la palma de las manos, le permite a la artista recrear un repertorio formal animista propio del mundo infantil: casas, coches, barcos, aviones … ¿Campo de ensayo de inocente presencias oníricas o crítica contra el consumismo voraz y la experiencia del exceso que engulle tanto a la sociedad como al sistema del arte?

El dinero, la acumulación, la abundancia, el materialismo, y los espejismos que de ellos se desprenden, son también cuestiones diseminadas por la obra One Million Dollars (2002) de Wilfredo Prieto. Con una evidente sensibilidad minimalista cultivada durante toda su trayectoria, Prieto recrea en el interior de la galería un espacio virtual regido por el juego de la apariencia y el reflejo. Un billete de un dólar estadounidense, asistido por dos espejos, descansa en el interior de una urna de cristal convenientemente vigilada por cámaras de seguridad. Mediante el enfoque visual correcto, el espectador accede a una realidad virtual de dólares multiplicados hasta el infinito. Una mirada lúdica y lúcida del mundo, donde la idea obsesiva minimalista de repetición y sucesión se engarza con el comentario crítico social.

Los estados paradójicos, los juicios relativos y la continua contaminación entre las esferas de la “apariencia” y la “realidad”, poseen carta de presentación en el imponente díptico Isla (2007) del artista Yoan Capote. Una exploración post-pictórica, más allá de la bidimensionalidad de la realidad cuadro, que recupera el formato clásico de representación para subvertirlo con un lenguaje conceptual del presente. La mirada desprevenida del visitante queda atrapada en la belleza bucólica de una “marina”, que se alza al fondo de la sala desentonando claramente con el sustrato estético-conceptual del resto de las obras en la exposición. A medida que el espectador se aproxima, una realidad diferente hace acto de presencia. Las pinceladas matéricas de las olas son en verdad cientos de truculentos anzuelos de pescar, de diferente tamaños y unidos al soporte por otros tantos clavos. Una exploración más detallada, revela incluso cierta policromía de color rojo. La cartela acaba por informar de la naturaleza real de los materiales empleados: madera contrachapada, 1000 anzuelos de pescar, 1000 clavos y sangre del artista. Isla es una obra con múltiples niveles de significado, que se interesa tanto por la precariedad de la posición del sujeto, atrapado en unas coordenadas físicas y mentales incongruentes, como por el desvelamiento de diferentes realidades.

Que la censura existe y se ejerce hoy en Cuba sobre lo considerado ideológicamente "diversionista" (2) es un asunto fuera de discusión; pero que artistas e intelectuales son capaces de sortearla con éxito no es menos cierto, esta exposición es un buen ejemplo de ello. Las obras Autocensura (2006) de Jeannette Chávez, Síndrome de la sospecha (2004) de Lázaro Saavedra y Secreter (2000) de los hermanos Capote, se ocupan de esta cuestión y describen una realidad cotidiana adulterada por los efectos de la política censora.

Sabedora de que un estado que gobierna desde el miedo, la falta de libertades y la censura tiene en el autocontrol de sus ciudadanos la más importante de sus armas, la artista Jeannette Chávez -la menor de los artistas en la muestra y, por eso, quizás, la más drástica y contestataria en sus premisas-, se ofrece al espectador en un acto de autoterrorismo. Su acción Autocensura muestra, en un vídeo de 2:25 min., a la artista amarrando su lengua con una cuerda y estrangulándola hasta el límite de amoratarla por la falta de riego. Sin engaños ni tapujos, sin articular palabra pero en voz muy alta por la eficacia de sus imágenes, Chávez denuncia la peligrosidad que conlleva la disciplina autoimpuesta para el individuo y su sociedad.

El espacio público, por definición, debe ser ante todo espacio libre, relacional y de comunicación. Sin embargo, la práctica demuestra hoy todo lo contrario. Cada vez son menos los espacios públicos de los que dispone la colectividad para disfrutar en libertad. En Cuba el miedo a disentir públicamente y sus represalias, dificultan aún más el diálogo y el intercambio natural de información entre los individuos, hasta alcanzar incluso la esfera de lo privado. Secreter es una acción-instalación con la que Iván y Yoan Capote improvisan irónicamente la posibilidad de nuevos escenarios privados en el contexto de la calle. Consiste en dos cubos de basura que, asistidos por unos amplificadores en su interior y unidos por un tubo de plástico y una barra de metal al exterior, emulan el juego infantil del “teléfono loco”: artefacto precario en el ensamblaje de dos vasos de plástico y un cordel, con el que todos los niños hemos jugado alguna vez a intercambiarnos mensajes secretos.

Es quizás la obra de Lázaro Saavedra, artista de la generación de los ochenta que nunca ha abandonado la isla, una de las más críticas y frontales contra el sistema. Con un estilo sencillo e inmediato, deudor de los géneros de la ilustración y la caricatura política, Saavedra viene explorando, desde los 70, las graves consecuencias de la intolerancia y la vigilancia como política oficial y su internalización social. En su obra El síndrome de la sospecha (2004), la lógica del absurdo y la conducta esquizoide alcanzan sus más altas cuotas. La vídeo proyección, dividida en cuatro secciones, muestra cuatro cabezas del artista enfatizando el ejercicio constante de su mirada. Las cabezas se vigilan celosamente las unas a las otras, en un loop sin principio ni fin. “La exacerbada vigilancia del otro”, apunta Saavedra, “lleva al individuo hasta el absurdo de desconfiar de sí mismo y de convertirse él mismo en sospechoso (…) poniendo así en ridículo las más rigurosa definición de lo público y lo privado”. (3)

Sin embargo, en los tiempos que corren y en materia de censura el estado no puede permitirse ya ciertas atrocidades, y menos en presencia de la comunidad internacional. Un acontecimiento absolutamente determinante en la escalada hacia la libertad de expresión en Cuba es el protagonizado recientemente por la comunidad de intelectuales en la red. Conocido con el sobrenombre de “destape electrónico”, señala Gerardo Mosquera: “ha permitido un pulseo de permisibilidad con el poder (…) que ha producido obras que han analizado en profundidad la situación de Cuba, el colapso de la utopía, el fracaso de las esperanzas sociales inculcadas mesiánicamente y otras cuestiones de máxima importancia.” (4) Sin magnificar la envergadura de dicho fenómeno -recordemos que en Cuba el acceso a Internet es realmente restringido, permitido sólo a instituciones acreditadas tales como universidades u hospitales. La mayoría de los intelectuales ganan acceso a la red a través de la Unión de Escritores y artistas en Cuba, mientras que las cuentas de correo electrónico particulares se adquieren principalmente en el mercado negro-, acontecimientos como éste deben ser tenidos en consideración, pues identifican un importante potencial de emancipación en las nuevas tecnologías de la comunicación.

Los artistas reconocen esta realidad más relajada y, como es lógico, se aprovechan. Son ellos, junto a los “jineteros” y otros que se benefician directamente de la industria del turismo, las clases mas privilegiadas hoy en Cuba. Su estatus les permite viajar, ser representados por galerías extranjeras, ganar dinero fuera y vivir dentro. Ésta, sin embargo, no ha sido siempre la realidad del artista en la isla. Durante los 80, el primer foco de arte “postconceptual” decide ignorar las orientaciones oficiales y conectar con las tendencias internacionales del momento. El arte de los “nuevos medios” empieza a producir un nuevo tipo de obras, tales como las instalaciones, que se identifican con el estilo capitalista triunfante en el exterior. Por primera vez se plantaba cara al estado en cuestiones de estética y la censura se aplicaba entonces con todo su peso. De la lectura maniquea de la realidad facilitada por el estado en esos momentos se desprendía la existencia de dos Cubas: la buena y la mala. La buena estaba dentro y obedecía, la mala estaba fuera o debía ser expulsada. A finales de los 80 y principios de los 90, Cuba vive los episodios de censura más férrea, como cuando “un artista muy joven fue puesto en prisión durante seis meses y los dirigentes liberales del Ministerio de Cultura fueron purgados”, informa Gerardo Mosquera. (5) Capítulos como éste, junto a la penuria del “periodo especial” tras la caída de la Unión Soviética, provocaron la huída masiva de artistas e intelectuales al exterior.

Desde los 90 la situación del artista en Cuba cambia drásticamente. Muchos artistas importantes se habían visto obligados a abandonar la isla y son las propias instituciones las que fuerzan la aparición de otra nueva generación de artistas. Es también en esas fechas que tienen lugar dos de los acontecimientos más importantes para el devenir de las artes en Cuba: la inauguración del Centro Wifredo Lam en la Habana (1983) y el lanzamiento de la primera edición de la Bienal de la Habana (1984), fantásticas plataformas para el debate artístico dentro de la isla y excelente trampolín para dar a conocer al mundo Cuba y sus artistas. Hoy además el estado posee su propia galería oficial -Galería Habana- por la que desfilan sus top ten, y sus propios mecanismos de promoción de arte cubano en el extranjero. Y es que el gobierno de Castro no ha menospreciado nunca los pingües beneficios propagandísticos y financieros que el arte contemporáneo le reporta. Desde la segunda mitad de los 90, los artistas cubanos circulan libremente reclamados por el circuito artístico internacional, y ya no se ven en la necesidad de exiliarse, pues gozan de libertad de movimiento y buenas divisas ganadas en el extranjero. Esta situación tiene hoy, sin embargo, en la caída del poder castrista su principal preocupación, pues con el incremento de la inversión extranjera y la explotación turística de valores patrimoniales, la situación económica privilegiada de los artistas podría no perdurar por mucho tiempo.

A pesar de las diferentes generaciones de artistas que se han dado cita en States of Exchange … -Lázaro Saavedra se da a conocer en la segunda mitad de los 80, Wilfredo Prieto y los hermanos Capote a finales de los 90, Diana Fonseca y Jeannette Chávez en el nuevo milenio-, de las obras en esta exposición se desprende una camaradería y cierta unidad de estilo que entroncaría con los intereses de aquélla primera generación de artistas “postconceptuales” de los 80. Entonces los artistas empezaban a abandonar los materiales convencionales y la noción de objeto de arte autónomo, a favor de la idea y la concepción del proyecto. Aunque con algunos desajustes iniciales, Cuba se incorpora a las principales corrientes artísticas internacionales, asimilando todos los revivals de los “neos” y los “post” –postminimalismo, postconceptualismo, postpop …- y los discursos críticos más importantes del momento.

Independientemente de los soportes empleados por los artistas en esta exposición –medios tecnológicos como la fotografía y el vídeo, la performance, la instalación o la escultura …—, es la sencillez de ejecución, la simpleza de los materiales, el humor tragicómico y la eficacia de unos contenidos sensibles a la realidad político-social del momento, las principales características de sus obras. Una sencillez de ejecución y una simpleza de los materiales, que no debemos entender en ningún caso como sinónimo de escasa envergadura intelectual o calidad estética, sino todo lo contrario. Se tratan de gestos mínimos cargados de máxima potencia y complejidad de significado, que podrían evocar cierto paralelismo con algunas de las estrategias de la industria del marketing, la publicidad y el diseño de más alta calidad. Recordemos que la publicidad no está permitida en Cuba, es ilegal, a excepción de aquella dedicada a la propaganda oficial del estado. Como consecuencia, los anuncios internacionales circulan entre los artistas cubanos clandestinamente. Éstos admiran la rapidez, la calidad y la eficacia de unas imágenes que funcionan como fuertes puñetazos de persistencia retiniana que consiguen precipitar la reacción crítica del espectador.

La gloria borra la memoria (2006) de Lázaro Saavedra se sirve de la ilustración y el vídeo para construir sus narrativas fabuladas. La simplicidad formal de los elementos empleados, ahonda en los procesos de transmisión de ideas complejas. Se trata de eliminar el ruido lo máximo posible para permitir a los significados la máxima eficacia. El humor tragicómico está siempre presente en su obra como herramienta imprescindible para deconstruir la propia realidad. Desde ahí criticará al estado y evidenciará la completa manipulación a la que el individuo está sometido. Para el artista no queda resquicio de duda, ideología y religión son una y la misma. El opio del pueblo disfrazada de dogmatismo político.

Speech (1999) de Wilfredo Prieto es una instalación a base de muros alicatados con azulejos blancos y rollos de papel higiénico, que recrea el espacio de unos retretes públicos en el interior de la galería. El comentario crítico, no exento de un agudo sentido del humor, radica en el desplazamiento del habitual papel de celulosa por el papel del periódico nacional cubano Granma. En este caso el papel de periódico, dispositivo de entretenimiento y propaganda oficial de primer orden, se compara y sustituye literalmente al papel del wc. Un espécimen que a menudo escasea en la isla, adquiriendo unos precios inalcanzables por la mayoría de la población. Es por eso que, más allá del comentario jocoso que de él se desprende, Speech se alza como documento fiel de la realidad. Mediante las estrategias de desplazamiento de los significados unívocos, se proponen otras lecturas que activen los mecanismos intelectivos del espectador.

En este sentido, la producción de Iván Capote es una de las mejor logradas en el panorama artístico internacional. Sus piezas “pseudo-platónicas”, de marcado carácter conceptual y de escasa concesión estética, logran en sus premisas el perfecto equilibrio entre lo analítico y el compromiso social. Historia (2001) es una suerte de reloj hegeliano en perpetuo movimiento en el que “nada cambia y todo permanece”. Consiste en un ensamblaje de cristal, madera, fieltro, un rotulador y un motor eléctrico. En los extremos de su única manilla se ha incorporado un pedazo de fieltro cuyo cometido es borrar los trazos circulares que un rotulador, al otro extremo de la manilla, va dejando a su paso. Es una obra de precisión y tiempo expandido, que en el uso principal del cristal -material aséptico por excelencia- transpira cierta dimensión cuasi-científica. El análisis frío y calculado de la dimensión temporal no está exenta, sin embargo, de una reflexión filosófica sobre la arqueología de lo humano, la memoria histórica y los procesos cíclicos.

Móvil perpetuo (2001), también de Iván Capote, es una instalación compuesta de una serie fotográfica en blanco y negro, y un tubo de ensayo en cuyo interior hay limaduras de metal y un líquido amarillento. La serie de cuatro fotos registra las manos del artista, en el proceso mecánico de limar una moneda de un dólar hasta su completa desintegración. Las limaduras de metal y el sudor del artista, recogidas en el tubo de ensayo, son la muestra fehaciente de la acción acontecida en el pasado. De nuevo, la estética “conceptual” neutra y fría, propia del arte de finales de los años 60, otorga a la imagen fotográfica el estatus de documento científico y al objeto-probeta el de dato arqueológico. Exquisita metáfora sobre el verdadero valor del trabajo y el dinero, con la que Iván Capote explota al máximo las posibilidades de la estética “conceptual”, en busca de la realidad social de donde emergen todas las preguntas.

La posibilidad de habitar un mundo mejor, reinventado y/o mejorando otras realidades alternativas, alejadas de anquilosamientos homegeneizadores al servicio de poderes, es el tema clave de la instalación de sitio específico Cambio de estado (2005) de Jeannette Chávez. Un doble techo, a base de un sinfín de charreteras militares pertenecientes a uniformes antiguos de miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, dibuja en el techo de la galería una impresionante esfera celeste. Sus estrellas amarillas y negras sobre un fondo verde militar, describen el paisaje real de constelaciones que se observa desde el lugar en el que la artista presenta su pieza. De esta manera, Chávez plantea un cambio de estado en dos direcciones, uno en el que lo terrenal alcanza una dimensión celestial, y otro en los que los diferentes grados jerárquicos militares se equiparan en un mismo plano superior, metafísico.

Ya no se trata de calificar a los artistas cubanos de castristas o anticastristas -cuestión simplista, carente de sentido para la mayoría de cubanos viviendo hoy dentro y fuera de la isla-. Los límites categóricos están demasiado desdibujados como para responder categóricamente a esta disyuntiva. De lo que no hay duda es de que en Cuba existe un sector importante del arte contemporáneo que goza de una excelente salud. Observador, crítico y contestatario contra la autoridad y la represión, este sector evalúa lo positivo y lo negativo de su realidad social y política, ahondando en el conocimiento del individuo, su representación, sus hábitos y los funcionamientos de los mecanismos que los dirigen. Alejados de lecturas maniqueas, estos artistas trabajan con elementos de representación muy amplios, que permiten tanto los desplazamientos semióticos como las lecturas abiertas, siempre personales. En un viaje continuo de ida y vuelta, en donde lo privado deviene público y lo local global, arte para estos artistas es lo que les permite pensar en voz alta, materializar sus preguntas, asimilar un proceso de aprendizaje y devolver todo esto a la sociedad de la que son parte y de donde proceden dichas cuestiones.


Notas:
(1) Un intento del gobierno cubano por sacar dólares americanos fuera de la circulación y guardarlos en los bancos. El peso cubano es totalmente equivalente al dólar pero sólo se reconoce en la isla. La estrategia de suplantar todos los dólares por pesos cubanos convertibles ha sido imposible de lograr, es por eso que se aceptan todavía los dólares americanos.

(2) En Marzo de 1974, el Ministerio de Cuba y la Seguridad del Estado organizaron una Exposición sobre el Diversionismo Ideológico en La Habana. Entonces Raúl Castro se manifestó así: “El diversionismo ideológico, arma sutil que esgrimen los enemigos contra la Revolución.” Cfr. Lázaro Saavedra. Comunicating Dissent, presentación de la obra del artista. 24 Enero 2008, Iniva, Londres.

(3) Ibídem.

(4) Cfr. Gerardo Mosquera, “History and Context” en States of Exchange. Artists from Cuba, p. 12. Iniva, London, 2007. Catálogo de exposición.

(5) Ibídem., p. 16.


(© Wilfredo Prieto. "One Million Dollars", 2002. Billete de un dólar estadounidense y espejos)

Enviado el 28 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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