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Marzo 04, 2008

Ni bolivianos ni cubanos: simplemente ARTISTAS (1) - Píter Ortega Núñez

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La Habana nocturna en tanto ciudad fósil, inerte. Calles yermas, áridas, ajenas al intercambio y la interacción ciudadanas. Bares que reniegan de su función primera, de su sentido último. Puntos nodales cuya asepsia deviene hostil, infrahumana. Toda una urbe que descree del trópico. Una capital que se repliega mientras el mundo se divierte olímpicamente. Ciudad fantasmal, anodina. Noches infecundas, estériles…
Jesús Hernández nos propone una Habana otra, alternativa, aquella que es relegada por el discurso periodístico local. Como en sus obras anteriores, su estrategia consiste esta vez en llenar las lagunas que el poder va dejando a su paso. No se trata de la habitual y rutinaria ciudad laboral, diurna, sino aquella que adolece de una desidia o impasse que eclipsa la edulcorada imagen oficial. Ante la pregunta “¿qué opinan de la vida nocturna?”, las respuestas de los interrogados son disímiles, pero casi siempre convergen en un punto: el desgarramiento y la angustia de muchas vidas para las cuales la noche es una quimera, una expectativa anulada, trunca, cuya consecuencia inmediata es el conformismo y la inercia del respiro hogareño. Lo interesante es que quienes ofrecen sus criterios son mayormente individuos insertados laboralmente, lo que podríamos denominar la “media” de la sociedad, aquellos que se ajustan al patrón de lo “correcto” desde el punto de vista cívico.
En este y otros trabajos de Jesús, resulta muy cínico el hecho de que el creador se vale de los mismos códigos o mecanismos del periodismo de la Isla (2) , para luego cuestionárselos de una manera bien aguda, a través de la ironía y el sarcasmo. Si bien en “Informes de hechos vividos” predominaba la ficción, y en “Sobre un vacío periodístico” una mezcla de aquella y el dato real, en el caso que nos ocupa tiende a predominar este último. Aun a sabiendas de que la manipulación es consustancial a todo discurso (ya sea mediático o artístico), Jesús aboga en “Actualidad nocturna” por la imparcialidad o transparencia en el informe de lo real; se empeña en salvar las distancias que median entre la información televisiva nacional y la complejidad del entorno que nos circunda. Empresa de una valía ética inestimable.

II
Rodrigo Rada entabla en una de sus obras una relación con el tiempo sobre la base del absurdo y el trastrocamiento del sentido común. Partiendo de una carencia, el artefacto reloj es suplantado por una cámara digital, cuya función originaria queda desvirtuada en aras de una necesidad más contingente y primaria, como lo es la actualización temporal del propietario. De modo que las fotos resultantes son valiosas no por su calidad estético-artística, ni siquiera documental, sino por su condición de paliativo, de suplente que pasados unos segundos pasará al olvido, a la indiferencia. En esta dirección, la pieza pudiera estarnos hablando de la paranoia u obsesión que asecha al ser humano contemporáneo en su comprensión del tiempo, del carácter fugaz e inaprensible de este.
Su segunda propuesta resulta significativa desde el plano de la simulación. Alguien corre con una cámara robada en sus manos, el propietario persigue al ladrón, al tiempo que un turista de paso filma morbosamente el suceso. El artista es el último en sumarse a la documentación. La obra tiene varios niveles de lectura. En primer lugar, una connotación cultural, dada la manera en que la mirada externa (sobre todo de Occidente) suele acercarse a la realidad de la ínsula. Una mirada que usualmente se erige sobre el binomio civilización vs. barbarie, el uno vs. el otro (un otro salvaje, irracional, precolombino; un experimento destinado a saciar la curiosidad de la metrópoli). Pero la lectura más interesante se articula desde los resortes de la propia representación. El juego con las tres cámaras apunta en última instancia a una persecución de la representación misma (¿en el arte?). El objeto robado, más allá de su valor económico, deviene alusión simbólica al video como agente medular de la creación artística contemporánea. Quien hurta adquiere entonces significaciones múltiples: ¿la censura?, ¿el mercado?, ¿la Institución Arte?, ¿el poder? En cualquier caso, el “asaltante” ha sido rastreado doblemente… Jean Baudrillard ya nos había alertado sobre cómo habitamos un mundo virtual, en el que no nos es dado el acceso a lo real, debido a la interpolación mediática que nos confina al plano de los simulacros. Eso intenta decirnos también Rodrigo.

III
La residencia ha servido igualmente para encauzar poéticas, definir trayectorias, renunciar a determinados códigos en aras de la coherencia grupal. Es así que Santiago Contreras opta por una acción performática en la que, luego de un acto de diálogo y comunión con sus lienzos (3), los destruye públicamente, en el recinto expositivo de la Plaza de la Catedral. La selección del espacio para acometer la acción resulta reveladora, si tenemos en cuenta que en este el artista se encuentra fuera de contexto por tres razones: una de orden estético, otra de tipo legal, y por último dada su condición de extranjero. Lacerar sus creaciones constituye un gesto de humildad, de dejación que supondrá ganancias futuras. La pieza representa un tránsito del arte pictórico a secas al arte procesual, efímero (con cierta filiación al body art y a las antropometrías de Yves Klein). Tránsito que quizá devenga punto de giro dentro de la trayectoria creadora de Santiago.

IV
Javier Castro y Luis Gárciga se adentran en el sistema nacional de salud con el ánimo de develar aquello que permanece oculto a la mirada oficial (4) . Pero más que ahondar en el consabido clandestinaje de los medicamentos en el mercado negro, a los creadores les interesa destacar las motivaciones que conducen a ciertos sectores de la sociedad a consumir de manera casi adictiva determinados productos, y a sobrestimar el valor de estos para el bienestar psíquico y físico. De este modo nos enteramos del porqué un número considerable de nuestros ancianos apuestan por el Meprobamato como sedante, como aliciente para aliviar las patologías sociales y personales, la angustia del día a día. La estrategia es simple: el producto gratis a cambio de la expectativa (qué esperan de este).
Salir a las calles el 14 de febrero a ofrecer un servicio de venta de ELEVEX (viagra para el cubano de a pie) es sin dudas la obra más provocadora y perspicaz del dueto. Justo el día del amor, la oferta rehuye del gesto tierno, sensible, e incita a los destinatarios (en su mayoría jóvenes varones) al sexo salvaje, bestial, descomprometido sentimentalmente, lo que viene a ser una metáfora del carácter fuertemente falocéntrico, machista y patriarcal de la sociedad cubana. Pero la investigación de los artistas va más allá de la viagra y se enfoca también en otros medicamentos como la amitriptilina, la lidocaína, etc., usados también en nuestro contexto por las personas del sexo masculino en aras de una estimulación sexual irresponsable, bárbara, muy ligada a carencias de tipo espiritual y material.
Ya es casi una marca estilística en los trabajos de Javier y Luis el hecho de convertir a la cámara en una suerte de confesionario en el que los entrevistados derraman sus penas, desventuras, anhelos (“Mi familia quiere un cambio”), descubren su ser más íntimo y descargan su impotencia por medio de ofensas (“Por favor dime lo que más te ofende”). En esta ocasión, “Sobre todas las cosas” participa de esa intencionalidad. Los creadores se trasladan hasta la Parroquia de San Judas (5) y San Nicolás para preguntar a los feligreses porqué piden, y la mayor parte de las respuestas se inclinan a la salud como la “causa imposible”. En la documentación audiovisual resalta un ambiente muy cercano a la claustrofobia, a la asfixia suscitada por la muchedumbre, detalle este que enriquece notablemente el sentido de la propuesta. Tanto en esta obra como en las anteriores se evidencia una ardua labor sociológica por parte de los artistas (quienes recurren a métodos de esta ciencia como lo son la entrevista, la encuesta, el análisis estadístico), al igual que se insertan de una manera orgánica en el campo de la antropología y la etnología.

V
Creo que lo más valedero de esta residencia ha sido el modo en que poéticas en apariencia disímiles se han unificado de una manera espontánea, no preconcebida. La posibilidad del diálogo y el debate grupal, la confrontación de experiencias foráneas (bolivianas) y del patio, ha hecho posible la articulación de una muestra que, sin pretensión alguna en lo que respecta a premisa curatorial, alcanza una integración en suma loable.


Notas:
1-Palabras al catálogo de la muestra Belimbo. Ciudad de La Habana, marzo de 2008. RESIDENCIAS BATISCAFO, 1ra edición del 2008. Artistas incluidos: Jesús Hernández (Cuba), Rodrigo Rada (Bolivia), Santiago Contreras (Bolivia), Javier Castro (Cuba) y Luis Gárciga (Cuba).
2-Incluso su propio equipo de trabajo en muchos casos está integrado por personal del ICRT. El artista se infiltra en el poder aprovechando sus fisuras.
3-Usa el lienzo como vestimenta antes de colocarlo en el bastidor. Pinta su pelo y con este el cuadro. Luego corta el cabello y lo estampa en la tela.
4-En este sentido se establece un punto de contacto con la obra de Jesús.
5-San Judas Tadeo es considerado el santo de las causas imposibles. Su día es el 28 de octubre.


Enviado el 04 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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