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Marzo 01, 2008

Un destello de piedad - Óscar Alonso Molina

Originalmente en abcd

w_ghm_0658-u.jpgPerteneciente a esa generación de artistas británicos que, como Paul Seawright o Willie Doherty, han impreso un nuevo sesgo al empleo documental de las imágenes, Paul Graham (Reino Unido, 1956) celebra su tercera individual madrileña, después de que en esta misma galería presentara hace un par de años su serie American Night (muchos de ustedes recordarán aquellas impecables fotos a punto de disolverse por completo en el efecto neblinoso que las daba nombre), y que en 2004 la Fundación Telefónica le dedicara una amplia retrospectiva. Así pues, el compromiso social y político de Graham es, al menos inicialmente, familiar para el público de estas fotografías, donde avanza en el retrato colectivo americano del presente, atendiendo sobre todo a sus fracturas internas y tomando como protagonistas a los más desfavorecidos.

Sombras del pasado. Graham trabajó largo tiempo sobre la problemática inherente a la cristalización de toda identidad colectiva: en el terreno de lo social, retratando franjas generacionales que, como los adolescentes, están sujetos a rápidos tránsitos identitarios, y, sobre todo, en el terreno de lo político, como en el caso de su tierra natal -con la presencia del conflicto norirlandés- o en el de la construcción europea -donde a finales de los ochenta, «liberada de las ataduras de la Historia y habiéndose dotado de una única frontera, buscaba un nuevo futuro, aunque era visible en ella la sombra del pasado», según él mismo.

Sin embargo, hace ahora una década que el autor giró hacia los reflejos rotos del sueño americano, instalándose en Estados Unidos, y dejando de lado el viejo continente por primera vez. El salto de registro sólo fue apreciado a nivel temático, y no podría ser de otra manera en un fotógrafo tan «sin estilo», cuyo acercamiento a la realidad parecen siempre fruto de una mirada distraída o casual, no aplicada ni cultivada, infraartística en el sentido formalista y académico del término. Por ello, únicamente a través de amplios muestreos, estas series descubren su intencionalidad última, viéndose Graham claramente beneficiado en los formatos de la antológica o de la publicación, en mucha mayor medida que otros colegas suyos, pues sólo allí se ofrece la oportunidad para dar a conocer la totalidad de los proyectos. Mucho desluce Graham, volviéndose «sospechoso» o ininteligible incluso, en selecciones tan escuetas como ésta que hoy nos ocupa, donde apenas puede el conjunto desplegar su teleología conceptual.

El título de la exposición (Un destello de posibilidades) se presta, así, a malévolas lecturas, pero Graham tenía otra cosa en la cabeza al ponerlo: «Hace algún tiempo, estuve leyendo los relatos cortos de Chéjov, y me llamó la atención su sencillez y transparencia -no suceden muchas cosas, pero sientes la vida de la gente a través de momentos ordinarios descritos con claridad-. No progresan hacia un final o conclusión; al contrario, algo inconcluso habita en toda la historia. Es muy sorprendente. Bien, pues esto me inspira nuevos enfoques -cómo conseguir esto con la fotografía, estar abierto a la vida tal como se presenta, a su flujo en el que aparecen momentos de banalidad divina que luego se evaporan, y todo sigue su marcha. La fotografía es adicta a intentar resumir la vida en un momento extraordinario, sin embargo, quizá exista otra forma de reflejar el hermoso flujo y reflujo de lo cotidiano. La vida es sencillamente asombrosa, si miras detenidamente, todo brilla lleno de posibilidades».

Identidad en el desafecto. Si hacemos la inevitable concesión de que hay mucho más de lo que apunta tan escuetamente el corte presentado (algo voluntario para usted en cuanto espectador, no lo olvide), nos encontramos con una fotografía que aspira, pero no siempre consigue, a captar fulgores de intensidad en el continuum anodino del presente norteamericano, sin recurrir a los efectos estetizantes o la retórica del clasicismo atemporal de Gonord, ni al pintoresquismo, reaurificando periferias suburbiales, vagabundos y marginados. Todos estos sujetos del «cuarto mundo», gente mirada casi con indiferencia por la calle, sin moraleja aparente, son la prueba visible de una intrahistoria que en el desafecto tiene su propia identidad.

A la postre, la circularidad de Graham en torno a núcleos de desamparo, dolor, carencia o vulnerabilidad destila una mirada pietista y redentora, contradictoria con la sedicente posición combativa de su objetivo frente a los desajustes éticos del mundo. Las secuencias, persiguiendo o girando alrededor de los anónimos protagonistas, tienen un «clima existencial, casi religioso», delatando un cortocircuito de fondo, un diferencial abierto en este proyecto, tan lejano en apariencia de la mirada extática y el discurso legitimador.

Enviado el 01 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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