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Mayo 25, 2008
Basado en hechos reales - Jesús Andrés
Originalmente en Ceci n'est pas un cahier
Eludiendo el nombre que haya que darle a la contemporaneidad lo cierto es que como quiera que se llame, se caracteriza por la ausencia de cánones. Pretender establecer las tablas de la ley de la novela cuando los grandes relatos carecen de vigencia, es un contrasentido. Poner por escrito las leyes de la escritura es, además de redundante, estar enfermo de literatura. Redactar un decálogo de la narrativa exige un rigor distinto del de una columna dominical apta para todos los públicos.
El texto de Vicente Verdú, titulado Reglas para la supervivencia de la novela y publicado en El País el 17/11/2007, debe ser rebatido. Aconsejo leerlo antes de lo que sigue a continuación.
1. La contemporaneidad se caracteriza por la ausencia de cánones. La narrativa actual es un estado laico. El manifiesto es una característica de las vanguardias del siglo XX. Redactar un decálogo sería clasificado por El cazador de autógrafos, de Zadie Smith, como un acto judío donde los haya.
2. No creo que un premio que otorga una entidad mercantil sea representativo de lo que se lee sino de lo que se quiere vender.
3. Que se premie el molde tradicional no quiere decir que éste sea el contemporáneo sino el que se vende ahora.
4. Que sólo se hagan buenas novelas según el molde tradicional en la periferia del sistema es una afirmación confusa y gratuita por dos motivos. A) El modo de vida presente se caracteriza por la deslocalización, por la multiplicidad de centros. Es decir ya no es correcto hablar de un mundo desarrollado porque en las partes más deprimidas del mundo hay núcleos desarrollados en los que hay un tejido industrial y comercial que permite escribir y filmar. (Si no, de qué). Vg: Bollywood. B) En Madrid o Nueva York se publica según el molde tradicional con dignidad. Como también hay quién pinta buenos cuadros impresionistas, tanto en Vallecas como en el SoHo.
5. México, El Cairo, Estambul, Beijing o Tokio, son tan metrópoli o más, que Nueva York, París o Londres. Metrópoli no es sinónimo de occidente.
6. Tampoco sistema es sinónimo de occidente. Porque el sistema está deslocalizado. Cuando yo digo sistema quiero decir economía de mercado con todos sus atributos.
7. No creo que sea correcto llamar lectores vetustos, incomunicados o burdos a aquellos que lean novela a la antigua usanza. Es una opción, tanto para el que lee como para el que escribe.
8. No entiendo como se puede decir es inconcebible producir sin tener presente [
] cualquier pantalla, y a renglón seguido oponerse a los que aprecian los libros en cuanto les parecen películas o telefilmes impresos.
9. No se puede rechazar la escritura que cumple la simple función de entretener durante el trayecto en avión o metro porque cada uno tiene un disfrute distinto de la literatura. Y además no hay una categoría de literatura de avión o metro. Habrá quién estudie complicadísimos problemas de camino a su centro de investigación, habrá quién lea la última novela publicada en Irán, Irak o China, y habrá quién lea, también, a Vicente Verdú. O quién escuche una novela que ha descargado en su mp4, o quién la lea y escuche simultáneamente en su pda.
10. Es falso que la simple función de entretener esté excluida de el carácter propio y especial de la escritura literaria. Me niego a leer lo que me aburre por muy bien escrito que esté. Yo leo cosas que me entretienen, ya sea por su belleza, comicidad, erotismo, inteligencia o cualquier motivo que me produzca placer con la lectura.
11. Si es inconcebible producir sin tener presente [
] cualquier pantalla, no veo porque la novela actual [
] deberá mostrarse enérgicamente resistente al intento de trasladarla a cualquier pantalla. Puede ser una premisa para algún escritor en concreto, aunque no veo como, pero es imposible evitar el trasvase entre soportes. A partir de un sello de correos se puede escribir una novela, de la novela hacer un sinfonía, de ésta un cuadro, y de el cuadro un sello. Y con toda la experiencia un videojuego. ¿Cuál es el problema? Me encantaría que alguien fuera capaz de llevar al cine, para disfrutar en otro medio, Tan fuerte, tan cerca, de Jonathan Safran Foer, probablemente uno de los mejores ejemplos de narrativa de la imagen, entendiendo ésta como literatura nutrida de la cultura y la tecnología existente cualquiera que sea, especialmente la audiovisual.
12. Si se elimina de la escritura la fantasía, la intriga, el artificio y el suspense, reduciéndolo a la degustación del texto lo que nos queda es el abecedario de la a la z. Una única novela. Un único pensamiento. Un mandamiento único. Una narrativa monoteísta. Un Dios es Dios y punto. Si pretende el Señor Verdú cortar la mano a todo aquel que se salga de esta norma, no se libraría ni Sebald fantaseando sobre Walser, porque ni esta literatura está exenta de intríngulis.
13. No habrá de valerse la obra de ninguna estructura prefabricada. ¿Cómo puede decirse esto en un decálogo? ¿Tiene usted bula, Señor Verdú? Precisamente la experimentación es otra de las características de la contemporaneidad, y jugar con los géneros y estructuras para crear nuevos modelos listos para pervertir nuevamente. Pero ello no quita que en esa experimentación no se pueda elegir un género clásico para metamorfosear el lenguaje, como Jonathan Lethem en Huérfanos de Brooklyn. Una novela policial, que explota las posibilidades léxicas gracias a la enfermedad del protagonista. Por cierto que Brooklyn es periferia de Manhattan, pero centro de escritores que practican metaliteratura.
14. Afirma Verdú que el destino tampoco existe en el proyecto vital de ahora. Es cierto lo primero, pero lo segundo tampoco existe. Puede haber tantos proyectos como individuos. O ninguno. Casi ninguno. El escribir y rebatir excluye del nihilismo.
15. Inmediatez y negligencia no es lo mismo. Cartier-Bresson fue un magnífico fotógrafo que captaba la instantánea perfecta pero gracias a un inmejorable sentido compositivo en absoluto azaroso. Escribir sobre la casualidad o lo cotidiano son opciones tan loables como hacerlo sobre la causalidad o lo improbable.
16. La fragmentación de las historias, con sus anotaciones e intervalos mentales [
] tiende a copiar del blog, es otra afirmación gratuita que olvida a William S. Burroughs. El almuerzo desnudo se publica en 1959, y en ella el autor ya practica el corta y pega. Es cierto que la fragmentación es una característica de la contemporaneidad y que ésta fluye de un medio a otro, pero su uso en la literatura es anterior a los cuadernos electrónicos. No es el blog (ya sea el de Verdú o el de cualquier otro), el que crea la fragmentación, es asumir ésta lo que permite el uso creativo del blog. Como tampoco es el blog, que todavía tiene mayoritariamente un carácter generalmente lineal, el cambio estructural que más afecta a la literatura partiendo de la red, sino la hipertextualidad.
17. Al referirse a la fragmentación Don Vicente afirma que una novela contemporánea que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia. Éste es el problema del decálogo. Que su autor no ha asumido que el cambio en la literatura contemporánea es estructural y que por ello no se puede redactar unas reglas. PORQUE LAS REGLAS YA NO SON VÁLIDAS. No sólo vale todo sino que ya estamos superando esta fase y puntualizamos diciendo todo podría valer. Admitimos que todo se puede intentar. Pero también fracasar.
18. Después de negar que las novelas sirvan de disfrute propone Verdú que planteen un tutti fruti, imagen que utiliza para reclamar la ausencia de argumento. No se trata de la ausencia de argumento, sino de una manera distinta de exponer el o los argumentos.
19. La frase Obras de escritores que imitan arrobados a aquellos otros que se ganaban la vida gracias a que sus clientes los leían o los escuchaban leer a la luz de las velas y, en general, no habían salido de la provincia, ¿transpira "alcanfor" o me lo parece a mí?
20. En cuanto al punto seis del decálogo es lo más parecido al buen sillón que reclamaba Matisse que fuera un cuadro. Pues claro, Señor Verdú, la literatura es para disfrutar, y el goce estético es tan diverso como lecturas se hagan. Una escritura contemporánea debe tener en cuenta las características de su tiempo, lo que no impide jadeos y vigilias.
21. El telefilme, el vídeo no son más eficaces, más plásticos y vistosos. Son medios distintos. Otra de las características de la contemporaneidad es la mezcla de medios y soportes. Ya no sabemos si lo que vemos en una pantalla se define por su tamaño o por su soporte. Si lo que vemos en la televisión se filmó en vídeo o en película. Y precisamente la ventaja del cuaderno electrónico es que puede utilizar esa mezcla de medios. En cualquier caso la eficacia, la plasticidad o vistosidad de la historia depende del oficio del creador, ya sea escritor, pintor o cineasta.
22. La escritura emplea [
] las palabras exactas, es intercambiable con en el principio fue el verbo. Se acabaron los grandes relatos. No existen las palabras exactas. Las palabras son un interface maravilloso pero subjetivo. No funciona como un sistema de comunicación de unos y ceros, arrastrando y soltando del cerebro del escritor al del lector. Nos encontraríamos con que el mismo archivo tiene distinto nombre en la cabeza de otro, o que con el mismo nombre hay distintos archivos.
23. Los novelistas que escriben con la ambición de ser llevados al cine delatan su menosprecio por la escritura. ¿Y si trasladamos una novela al teatro? ¿Y a la música? ¿Le parecería mal a Verdú que inspirado en un libro suyo alguien inventará una composición musical? ¿Y una película muda? ¿Y un cuadro? ¿Le desagradaría una exposición cuyo nexo de unión fuera uno de sus textos? Si el signo de este tiempo es la variedad de medios y su mezcla, ¿a que viene esta intransigencia? Si la literatura existe y el cine también, pues veremos cine que hablará de literatura y literatura que hablará de cine. Veremos películas como The Pillow Book, de Peter Greenaway. Y textos como El libro de las ilusiones, de Paul Auster. De todo veremos bueno y malo y con uno u otro origen contagiando uno u otro medio. Pretender establecer fronteras donde no las puede haber es absurdo. Trata usted de poner lindes de piedra donde la conexión es wifi. Su libro, cualquiera de ellos, Señor Verdú, puedo comprarlo y escanearlo, o descargarlo de la red, cargarlo en mi pda, en mi móvil, proyectarlo en la pared de mi casa para leerlo desde mi cama, alquilar una sala de cine para realizar una performance en la que se visione su libro página a página y un etcétera de acciones con el sólo propósito de hacer dudar del nombre de lo que vemos. ¿Descabellado? Steven Hawking, premio Nobel, ¿lo ha visto leer? Por supuesto que sí. Y usted, como yo, ha visto en una pantalla como él lee en otra pantalla. Su propio blog, si lo vemos en un cine ¿qué es? ¿Y si lo vemos en chino con subtítulos en árabe?
24. La peripecia interior es el juego especial de la escritura es otra frase desafortunada. Toda comunicación llega a buen fin si se interioriza. Supongo que Verdú se refiere a la intimidad. Pero eso también ocurre si estoy yo solo en el cine. O en mi casa viendo la televisión. O en el coche oyendo la radio. La radionovela.
25. ¿Ficción? Si la obra literaria, las fórmulas matemáticas, las piezas musicales son siempre y en todo caso autobiográficas, entonces ¿para que fingir? Ni Neuromante, donde William Gibson inventa la palabra ciberespacio, ni Las Variaciones Goldberg, que es una obra de encargo, son autobiográficas. Por mucho que pertenezcan al imaginario personal de sus creadores. ¿Y quién es el autor de las fórmulas matemáticas? ¿Un dios? El nombre que se les suele dar es el de su descubridor que no creador. Estuvieron siempre presentes. Que la fórmula no tenga nombre no quiere decir que no exista. Y ponerle nombre no significa crearla.
26. La experiencia directa aporta ventajas pero aún así uno puede inventar a su antojo. Ni Miguel de Cervantes luchó contra los molinos, ni Philip K. Dick sabía que soñaban los androides.
27. Supongo que Verdú quemaría en la hoguera, por no ser autobiográfico el libro de Mark Haddon, The curious incident of the dog in the night-time que narra las peripecias de un chico con problemas de comportamiento de los cuales tiene una lista, vg: H. Not liking yellow things or brown things and refused to touch yellow things or brown things. J. Not eating food if different shorts of food are touching each other. Algo así como lo de la literatura y el cine que le pasa a Verdú. Sin embargo este libro está completamente empapado de la realidad hipervisual que nos rodea y que aturde al protagonista de la novela.
28. Afirmar Si, como se reconoce, la realidad supera siempre a la ficción implica un desconocimiento de la teoría al respecto inexcusable. Para Baudrillard, uno de los mejores analistas de la contemporaneidad, la ficción supera la realidad. Don DeLillo, experto en analizar y prever el presente, se aproxima a la realidad mediante la ficción. Tanto desde la novela, como desde el teatro. El instante final de Cosmópolis en que el protagonista ve su propia muerte en la pantalla de su reloj, es extraordinario y no creo que sea autobiográfico.
29. La voz, en consecuencia, será de la primera persona del singular. El estilo en tercera persona es hoy el colmo de la falacia, la hipocresía, la cursilería. Puestos a ponerse arbitrarios y legisladores, ¿por qué no proponer la tercera plural? Y prohibir escribir los martes, o en pantallas monocromas cualquiera que sea su tamaño. Otra característica de lo actual es precisamente la multiplicidad de puntos de vista de uno o varios narradores. O el encadenamiento de narradores.
30. Utilizar a Frankstein como ejemplo de fracaso creativo es un error. Precisamente porque es el héroe fragmentario por excelencia. Un personaje de corta y pega. Un ejemplo perfecto del individuo actual que toma de la realidad lo que le apetece y reconstruye su yo, cada día, a pedazos. Un wiki-yo.
31. Ningún genio en la historia de la humanidad prosperó sin la ironía sobre sí mismo ¿Eso está probado? He buscado la lista de genios irónicos en el oráculo y no la he encontrado. Yo estoy de acuerdo con la necesidad del humor y la practico, pero a este decálogo no le veo la gracia por ninguna parte.
32. Además de la necesidad de humor, estoy de acuerdo en la utilización de la ironía. Que según el Drae es una figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice. Vaya, en fingir. ¿No estará fingiendo Verdú todo el tiempo?, o eso, o se ha vuelto a contradecir.
33. Han escrito en El País, Clara Sánchez, el 22/12/2007, la culpa la tienen los lectores que le piden a la ficción un certificado de realidad imposible de ofrecer al cien por cien, y Agustín Fernández Mallo, el 08/03/2008, Cualquier fundamentalismo profragmentación resultaría ridículo.
Toda historia es ficción una vez contada. Toda Historia es ficción una vez contada. La novela, la creación en general, lo que debe hacer es saltarse todas las reglas. ¿Por qué sobrevivir cuando se puede vivir? No tengo pda, lo inventé.
Anexo al fragmento 11. Incluso el alucinante Only Revolutions de Mark Z. Danielewsky es susceptible de ser llevado a la pantalla. Aunque tal vez sean necesarias varias pantallas simultáneas para conseguir una experiencia similar. O una única proyección emitiendo información filmada y escrita, superpuesta, velada, entrecortada o parpadeante. Tal como la emite un informe de bolsa o un canal pornográfico y que difícilmente es digerible sin perder ningún dato, pero es representativa de la avalancha audiovisual en la estamos inmersos.
Enviado el 25 de Mayo. << Volver a la página principal << |
