« Suicidio en el hotel Vídeo - ÁNGELA MOLINA | >> Portada << | Sueño cósmico en tiempo de pesadillas - Fernando Castro Flórez »

Mayo 17, 2008

De cómo Caperucita se hizo mujer (o Cuando los conejos saltan al vacío) - Píter Ortega Núñez

Mierda-u.jpgNoel Morera Cruz (Matanzas, Cuba, 1962) es un artista de una versatilidad sumamente loable. En su trayectoria creadora no han tenido lugar reiteraciones ni estancamientos de ninguna índole. Todo lo contrario, se ha mostrado siempre como un artista inconforme, dispuesto al cambio y la renovación periódicos, sin dejar por ello de poseer un estilo propio, una poética peculiar en sus postulados morfológico–conceptuales. Y esta vocación rupturista y de puntos de giro que se vislumbra al interior del universo plástico de Noel resulta muy oxigenante para el proceso de recepción de su obra, dada la multiplicidad y riqueza de matices que propicia, al tiempo que marca una distancia con respecto a cierta orientación del arte cubano actual hacia la redundancia estética, hacia el agotamiento sígnico. La iconografía de Noel se desplaza indistintamente de la figura humana a la animal o vegetal; de los matices cálidos a los fríos; de los intensos a los neutros (aunque generalmente predominan estos últimos); del trazo detallado y preciosista a la marca gestual, audaz, desenfadada; de la planimetría de las formas al empleo inteligente del escorzo y los recursos de la perspectiva; de la figuración al fisgoneo en los dominios abstractos (sin llegar a la abstracción propiamente dicha); de la monotipia al óleo, el acrílico o la mixta. Eso sí, nada que ver con la mimesis realista; antes, prefiere el expresionismo en su vertiente más transgresora.

Una de las figuras más emblemáticas de su obra es el personaje del Zorro. El artista se mofa de él con mucho sarcasmo y un delicioso sentido del humor; digamos que lo convierte en una especie de antihéroe, lo desase de su misión redentora y lo lanza a aventuras exóticas, tendientes más al juego y la pose amanerada que a la experiencia de liberación y salvaguarda. De este modo lo observamos en circunstancias muy íntimas limpiándose la “mierda” que ha arrastrado en sus zapatos, cortándose las uñas en vísperas de una cita, o bien puede andar en trances “sospechosos” con Caperucita. La mirada subversiva del artista llega en ocasiones hasta el hecho de travestir o dotar de atributos femeninos al héroe, toda vez que lo convierte en una joven enamorada de la figura del Ché. Desde la manera de empuñar la espada (“Levis”, “Espectacular”) hasta el modo en que se sienta o sujeta el antifaz (“Sorpresa”), se percibe la atmósfera de choteo o caricaturización a la que es sometido el Zorro por la voluntad picaresca del artista. Resulta tan evidente la impericia de aquel, es tanto lo que le falta por aprender, que Noel ha decidido sentarlo en un aula a recibir algunas lecciones (“Capacitación”).

En otros trabajos se aprecian conjuntos de pequeños seres humanos en contextos diversos, ya sea consagrados al pasto (“Concilio”), en combate contra otro grupo de semejantes (“Bandos”), inmersos en una extraña “navidad”, arrojándose al vacío –en una suerte de suicidio en masa (“Caída libre”)… Esta última pieza es verdaderamente perturbadora, por su sagacidad desde el punto de vista sociológico, antropológico, y hasta filosófico. La caída parece inducida por ambientes tensionantes, por estados límites del individuo, idea que es enfatizada en el orden formal a través del equilibrio marcadamente asimétrico de la composición y el uso de una paleta ennegrecida, así como por medio del gran chorreado que cae a modo de mancha cubriendo los personajes representados hasta alcanzar la zona inferior del lienzo. Si tuviera que elegir dos términos para ilustrar con palabras la visualidad de la obra, me quedaría con tristeza y desasosiego. Es una imagen desgarradora, sin duda. Desgarradora y hermosa a la vez. Una gran pieza.

Es revelador que dichos seres parecen como especies de muñecos; su condición humana es un tanto difícil de dilucidar. Son todos análogos: sus rostros son vagos, imprecisos –lo cual los hace todavía más interesantes.

En ciertas propuestas se distingue un aire un poco más poético, más feliz si se quiere. Un ejemplo de ello es “Dicen que en la luna viven conejos”, obra de una belleza y un minimalismo extraordinarios. La ambigüedad del motivo “conejo” en tanto imagen casi abstracta, unida al carácter mítico y de fabulación popular a que alude el título, además del espacioso plano verde (símbolo de esperanza, entre otras connotaciones) desplegado en el fondo, trata de orientar quizá la lectura hacia el sesgo intrínsecamente evanescente e inasible de todo pensamiento utópico. Sin embargo, la obra defiende la pertinencia de los sueños, la beldad de las ilusiones humanas, de los anhelos de trascendencia.

Epílogo
Ya la Caperucita ha pasado a su estado adulto; el Zorro ha desalojado los excrementos de sus calzados, a la vez que se encuentra saludable (sin hepatitis) y plenamente capacitado para acometer sus nuevas “acciones”. Su cita ha sido también un éxito. En cambio, el encuentro de Navidad ha terminado de forma brusca, inesperada, como tampoco el pasto alcanzó para saciar a todas las ovejas. Lo que no sabemos aún es si en la luna ciertamente viven conejos.

Solo Noel lo sabe…

Enviado el 17 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: