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Mayo 11, 2008

Instrucciones de uso - Óscar Alonso Molina

Originalmente en abcd

jaume-u.jpgQuizá muchos recuerden cómo, hace menos de tres meses, en mitad del mare magnum de ARCO, el «Solo Project» de Ángels Barcelona se convertía, por obra y gracia de Jaime Pitarch (Barcelona, 1963), en una especie de ojo de huracán. En aquel pequeño espacio reinaba una milagrosa calma y las cosas parecían inverosímilmente detenidas, proponiendo su piezas equilibrios impensables, imposibles, mientras todo alrededor giraba de manera tan vertiginosa que se confundía en un magma indiferenciado.

Justo un año antes, en mitad de esos mismos pasillos abigarrados de la feria, Pitarch había alcanzado otro de sus momentos de referencia, con aquella obra ya inolvidable que María Corral seleccionó para 16 Proyectos de Arte Español: el vídeo Polvo al polvo (2005). Durante los veinte minutos de su duración veíamos cómo el artista barría concienzudamente el suelo de su estudio, levantando una polvareda tal que llegaba a clausurar la representación, tornando en un homogéneo plano blancuzco toda la pantalla, hasta que la nube se iba depositando con pasmosa calma, y el escenario vacío reaparecía a los ojos del espectador.

Extrañamiento y sutileza. Valgan ambos antecedentes para poner sobre aviso al público de la maravillosa capacidad del artista para concentrar en torno a sus trabajos, y al espacio que ha de acogerlos, un intenso potencial de extrañamiento y sutileza, desde donde indagar el significado del estar en el mundo del hombre. Quizá la exposición que nos ocupa no sea el ejemplo más representativo de esa cualidad que ha llegado a convertirse en lo más característico de sus propuestas, adoleciendo el conjunto aquí presentado de cierta inconexión. Algo que puede deberse tanto al hecho de haber organizado este montaje con obras pertenecientes a series ya en avanzado desarrollo junto con otras mucho más recientes, como a que despunten nuevas maneras en su proyecto global y las estrategias para llevarlo adelante.

Por ejemplo, frente a aquella garita de vigilante que presentó en su anterior comparecencia, animada por una inquietante, casi imperceptible vibración que movía su carcasa acristalada, Pitarch da aquí un salto hacia lo evidente de la mano del «pop» y algo de humor ácido, con esta otra casa de muñecas, venenosamente edulcorada, cuya inmanejable escala (no es viable ni como vivienda ni como maqueta, sólo como juguete infantil desproporcionado) resulta animada por un neón parpadeante de night-club, encargado de recordarnos, tan maliciosa como ambiguamente, su tendenciosidad genérica: Girls .

Aquella primera caseta era una más de esas obras de Pitarch que no se van fácilmente de la cabeza a quien se haya plantado frente a ellas; igual que ocurría con la bola de papel de plata arrugado tirada en cualquier rincón, que a la postre descubríamos de auténtica plata, y atornillada a la tarima..., como corresponde a esas pocas ideas valiosas que aspiran al estatus de idée fixe. Por el contrario, dudo mucho que esta segunda casita de muñecas se comporte a la larga de igual modo que su obsesiva predecesora.

El sudor de su frente. A buen seguro que más lejos va a llegar en el imaginario colectivo la reciente serie sobre cartelas de cuadros del Museo del Prado con erratas, textos recientemente trasladados con pintura al lienzo por Pitarch. O esas planas de periódicos, cuyas fotografías ha emborronado con -literalmente- el sudor de su frente, dando lugar a lecturas escalofriantes en la relación texto-imagen. El mejor conjunto de toda la exposición, ya anunciado en la última cita de ARCO: los puzzles recompuestos a ciegas, donde a cada una de las piezas se les ha arrancado la lámina estampada. Su vaciamiento compone al final un laborioso, perverso y paciente monumento al vacío, como si se tratara de la labor interminable y sin rebabas de Bartlebooth, el más enigmático personaje de Perec, también él confirmado experto en administrar una imagen del mundo que se absorbe a sí misma. Y de lograrlo, además, a base de hacer, para volver a deshacer, la efigie de la vida en el plano fragmentado de una serie de puzzles. Exactamente cuatrocientos treinta y nueve.

Enviado el 11 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

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