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Mayo 26, 2008
La ciudad «collage» - Javier Molins
Originalmente en abcd
¿Puede ser la filosofía el vínculo entre la arquitectura y el arte contemporáneo? Esta es una de las preguntas que se plantean en esta exposición, sin que se pueda encontrar en ella una respuesta clara. Esa idea se plasma ya desde el primer momento en el título de la muestra: Construir, habitar, pensar. Perspectivas del arte y la arquitectura contemporánea. Dicho título está tomado a su vez del de la conferencia que el filósofo alemán Martin Heidegger pronunció en Darmstadt en 1951.
Seres «habitables». En ella, Heidegger realiza una reflexión sobre la carestía de viviendas que padecía Alemania tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial que habían destruido ciudades enteras. «El habitar sería, en cada caso, el fin que persigue todo construir», señala Heidegger, quien relaciona el término buan, que en alemán antiguo significa construir, con la expresión ich bin («yo soy») porque «el modo como tú eres, yo soy, la manera según la cual los hombres somos en la tierra es el buan, el habitar».
Para profundizar en esta idea, el comisario de la muestra, Fernando Castro, ha reunido 49 obras de 16 artistas, junto con 18 proyectos de arquitectura, y reflexiona sobre una relación que permite infinidad de interpretaciones. Las ideas de filósofos -sobre todo alemanes- como el propio Heidegger, Walter Benjamin, Kracauer, Goethe o Jünger desfilan en el texto del comisario que acompaña a la exposición y que puede interpretarse como una especie de ciudad-collage (título de una memorable exposición organizada por el IVAM y comisariada por Ramón Escrivá), en el que las numerosas notas a pie de página serían como puertas que nos adentran en otros muchos edificios, porque las derivaciones de esta idea son a su vez infinitas.
Esta exposición está repleta de pequeñas llamadas de atención, de interrogantes en los que cada espectador puede aportar sus propias interpretaciones, como si se tratara de una favela en la que cada habitante construye su casa sin seguir ninguna norma ni ningún estilo predeterminado, la mayor de democracia posible y, al mismo tiempo, el mayor caos urbanístico.
Qué es lo real. De favelas habla precisamente la obra de Dionisio González, uno de los artistas presentes en la muestra, quien manipula unas fotografías de gran formato de la situada junto a la avenida Jornalista Roberto Marinho, en Sao Paulo, para añadir unas construcciones de diseño vanguardista en las que nada es lo que parece y en la que uno se pregunta qué es real. Y esto enlaza con la «pasión por lo real» que hemos experimentado a lo largo del arte del siglo XX y cuya culminación sería, a juicio de Karl-Heinz Stockhausen, el ataque terrorista al World Trade Center de Nueva York, pues el fin de este atentado no consistía solamente en asesinar a miles de seres humanos, sino también en «el efecto apabullante que se conseguía con ello».
Las Torres Gemelas, construcción icono del siglo XX, fueron literalmente borradas del mapa como los bocetos arquitectónicos que el artista Carlos Bunga borra del papel en su obra More Space for Other Constructions (2007) que puede contemplarse tanto en vídeo como en grafito sobre papel cebolla. Bunga sigue con la tradición artística de la sustracción frente a la adición que practica el arquitecto Santiago Cirugeda, cuya prótesis institucional que instaló en 2005 en el Espai de Arte Contemporáneo de Castellón (EACC) está presente también en esta muestra.
La fotografía de las ruinas, de la que Herbert List fue un maestro del siglo XX, también está presente de la mano de artistas como Diego Opazo, Adrian Tyler o Concha Pérez. Opazo fotografía ciudades vacías, sin habitantes, que recuerdan a las palabras de Walter Bejamin sobre la obra del pionero de la fotografía Eugène Atget: «En tales fotos la ciudad está desamueblada como un piso que no hubiese todavía encontrado inquilino».
Marcos y ventanas. Por su parte, Adrian Tyler busca la geometría en su obra a través de los marcos de las puertas desvencijadas y las ventanas destartaladas de unas casas presuntamente abandonadas, como hizo Sean Scully en un serie de fotografías sobre las casas de Santo Domingo, que buscaban un paralelismo más que evidente con su obra pictórica. Tal y como el propio Scully afirmaba, «las fotografías aparecieron después de las obras, cuando me di cuenta de que la estructura de una puerta, la esquina de una pared o el marco de una ventana resumen los mismos símbolos geométricos que utilizo». Por último, Concha Pérez enfoca el objetivo de su cámara hacia esas eternas ruinas que constituyen las construcciones de los «sin techo», arquitecturas efímeras que ya son una ruina desde el instante mismo de su creación.
Construcción singular constituye la obra de Domingo Sánchez Blanco titulada Una versión real sobre el ángel exterminador (Casa machihembrada apuntalada con una bombona de gas, con hogos), cuyo título ya constituye una obra de arte en sí mismo. Domingo Sánchez es heredero de la tradición dadaísta de la provocación al espectador, y esta obra es una buena prueba de ello, pues se trata de un obra en proceso que comenzó siendo una casa apuntalada sobre una bombona de gas (como puede comprobarse en una foto del catálogo) a la que se le añadieron unos hongos de madera en su exterior y, en su interior, el vídeo de un esquizofrénico que, de este modo, queda atrapado dentro de esta casa en lo que constituye un homenaje a la película de Luis Buñuel El ángel exterminador (1962), en la que un grupo de burgueses se queda encerrado sin motivo aparente en el comedor de una casa, lo que les llevará, tras varios días encerrados, a comportase como auténticos salvajes y abandonar toda norma de cortesía.
Encerrados. Encerrado también se encuentra el personaje creado por Bernardí Roig que aparece en el vídeo instalado dentro de la Haus Wittgenstein. De nuevo un filósofo, en este caso austriaco, que es homenajeado por el artista mallorquín en la casa que diseñó junto con el arquitecto Paul Engelmann para su hermana Margarethe y que refleja perfectamente la lógica claridad del pensamiento del autor del Tractatus lógico-philosophicus.
En definitiva, una exposición con muchas preguntas y tantas respuestas como espectadores porque, como decía Albert Camus, «no hay verdad, sino verdades».
Enviado el 26 de Mayo. << Volver a la página principal << |
