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Junio 23, 2008
El «entropólogo» deconstructor - Fernando Castro Flórez
Originalmente en abcd
La deconstrucción tiene lugar; aunque, por un lado, sea deshacer, descomponer, desedimentar estructuras, en el sentido más radical es, según Derrida, un acontecimiento. Smithson ofrece huellas de esos lugares que «se deconstruyen»: los vacíos monumentales de Passaic, los paisajes industriales de Oberhausen o el espectral hotel Palenque, ilógico, sin centro, ni recorrido posible. Se produce una subversión de los non-sites que contenían la disgregación del emplazamiento. Esos mapas tridimensionales son fragmentos de una fragmentación mayor: «contienen la ausencia de la propia contención».
Las fotos y los dibujos, más que la evidencia física del hotel Palenque, son experiencias de la ausencia sin asideros: escándalo de algo que está siempre en otro lugar. Esta arquitectura entrópica es un arte de mirar. Las obras están cargadas de tiempo; la aceleración hace que se hundan en un pasado remoto o en un «futuro chapucero».
Incidentes del viaje de los espejos en Yucatán es la gran narración del viaje enantiomórfico sobre el campo de cenizas. El éxtasis que se encuentra en estos espacios colinda con la muerte. Smithson interroga a los espejos y desciende hasta el suelo para mirar con los ojos del ciempiés, o se eleva para pensar en el arte de las moscas. La escritura sostiene la ausencia, reconstruye nuestra incapacidad para ver. «Démosles -apunta el artista- una forma pasajera a las visiones no consolidadas que rodean una obra de arte y desarrollemos un tipo de antivisión o visión negativa». En los lugares de los desplazamientos no queda resto del espejismo: la luz ha sido borrada. Smithson descubre la dimensión de la ausencia.
Un lugar sin lógica. Lo que le atraía a Smithson del hotel Palenque era la superposición de los procesos constructivos y la ruina contemporánea: Ahí estaba encarnada su idea de un lugar sin lógica (descentrado o dislocado). Es importante reparar en que las fotografías del hotel Palenque no son sino diapositivas que forman parte de una conferencia impartida a los estudiantes de arquitectura en la Universidad de Utah en 1972; Smithson realiza un acto crítico deconstructivo en esa lectura que está a medio camino entre lo descriptivo, los métodos iconológicos, las consideraciones típicas de la interpretación formalista-arquitectónica y, en un trazo subliminal, la aproximación a su propia clave estética: el ánimo entrópico, la desarquitecturización o la «actualidad» de esa realidad figurada en los apuntalamientos de las habitaciones, los apilamientos de ladrillos, las vigas inacabadas, junto a los suelos o las escaleras concluidas en otras zonas del edificio. Aunque hay un dibujo -Map of the Hotel Palenque (1969)- en el que se ofrece una descripción del lugar, en ese mapa se indica claramente que hay «zonas inexploradas» detrás del restaurante, o sencillamente «desconocidas» cerca de la cocina, donde las tachaduras y las líneas ondulantes son todo lo que puede establecerse. Hay una sugerencia del mundo piranesiano, en esta constante situación de desconcierto (demolición de lo construido y mantenimiento de la ruina en un territorio destinado a ser habitado por turistas) en la que no se puede comprender la totalidad del edificio: falta el camino o, mejor, la llave que abra su sentido.
En vez de hablar de lo que era previsible (las ruinas mayas de Palenque), Smithson divagó sobre un hotelucho que le había fascinado porque no podía entenderlo. Le gustaba el aspecto roto de un muro, la fachada llena de manchas, las baldosas -mucho más interesantes «que la mayoría de los cuadros que se pintan hoy en Nueva York»-, la piscina inacabada, la habitación también inconclusa ante la que había un foso seco. Smithson tenía claro que las guías son inútiles para los viajes: «Tienes que aprender a viajar al azar. Te arriesgas a perderte entre los matorrales, pero es la única manera de hacer arte».
Espíritu remoto. No hay que tener miedo a que las expediciones lleven a ninguna parte. El artífice de la Spiral Jetty tenía la sensación de que el hotel que le obsesionaba fue edificado con el mismo espíritu que tenían los mayas cuando levantaron sus templos. Una ventana extraña permite ver los monumentos que llevaron a Smithson, Nancy Holt y Virginia Dwan hasta Chiapas. En la conferencia no se ven esos templos, «para eso tendréis que ir allí y verlo vosotros mismos. Espero que os acerquéis también al hotel Palenque para que aprendáis algo sobre cómo construyen ahora los mayas». Tenemos que regresar a esa zona desconstructiva porque en esa «heterotopía», habitada por serpientes venenosas, recibimos lecciones auténticamente magistrales.
Enviado el 23 de Junio. << Volver a la página principal << |
