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Junio 29, 2008

Georges Perec: El último eslabón - ROBERT SALADRIGAS

Originalmente en La VANGUARDIA

El movimiento dadá y su espíritu de revuelta frente a las convenciones artísticas, fundado en 1916 por Tristan Tzara en Zurich, se extinguió hace ya mucho tiempo, en 1922, cuando fue engullido por la potente magnitud y la cohesión irreductibles del surrealismo que en literatura personificaron André Breton y Louis Aragon. Tan diluido quedó su mensaje de provocación y burla hacia lo decadente, su idea de abolir las fronteras entre la vida y la expresión rotundamente libérrima del arte, la firmeza de la acción contrapuesta a la vaga blandura del gesto poético, que al cabo de tantos años, en un mundo radicalmente transfigurado por las catástrofes bélicas, el auge del materialismo y la pérdida de todo referente moral, del legado de Tzara y los suyos no se conserva siquiera el rastro de las cenizas.

Pensando en ello se me ha ocurrido de pronto, no sé si acertadamente, que tal vez el último eslabón remoto de aquello que brotó como impulso regenerador en pleno caos de la Gran Guerra podría ser la obra crucial e irrepetible de Georges Perec (París, 1936-1982), el gran ácrata - también el último gran prestidigitador- de la literatura francesa moderna. Aquí lo pudimos disfrutar, con bastante asombro, entre los años ochenta y noventa. Luego tuve la impresión de que una vez dejó de ser novedad, nadie editaba ni leía a Perec. Para mi sorpresa, debo decir que muy recientemente han aparecido las traducciones de dos textos suyos, uno de ellos muy breve en catalán, Ellis Island,y otro en castellano, divertido e iluminador de su método o antimétodo literario, la reedición de Pensar / Clasificar.Me reconforta saber que el frescor de su aliento, por minoritario que sea, introduce un elemento de pureza y originalidad a nuestra cloroformizada vida editorial.

Para quienes Georges Perec no constituya siquiera una referencia, anoto que, originario de una familia judía de origen polaco, al morir sus padres fue adoptado por sus tíos y empezó trabajando como documentalista en neurofisiología en el Centre National de la Recherche Scientifique, puesto que abandonó para dedicarse por entero a una obra literaria extremadamente audaz. En 1967 fundó con Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais el OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle), que tenía entre sus miembros a Italo Calvino, Noël Arnaud, Albert-Marie Schmidt, Marcel Bénabou y Marcel Duchamp. Bajo la inspiración directa de Perec, el taller se proponía explorar los juegos estructurales y las combinaciones verbales posibles dentro de las reglas clásicas de la literatura. Tal como había predicado dadá, los oficiantes del OuLiPo se imponían dinamitar el antiguo orden literario, las viejas fórmulas caducas para fundar otras nuevas desde la creatividad lúdica de sus mentes.

Poco antes, en 1965, Perec había obtenido el premio Renaudot con su primer libro, Cosas,y tres años después reafirmó su vocación inconformista con La disparition,una novela delirante, a primera vista de intriga, en la que el juego imaginativo consistía en secuestrar del texto la letra e,la más utilizada en francés, y que en la versión española (El secuestro)- compleja tarea que requirió las aportaciones de cinco traductores- era la letra a,a su vez la más frecuente en la lengua castellana.

Pero la obra regia que de manera categórica ejemplariza la increíble capacidad combinatoria y clasificatoria del arte de narrar según lo concebía Georges Perec, fue La vida instrucciones de uso (La vie mode d´emploi,1978), aparecida en Anagrama diez años después. Cuando la leí por primera vez fascinado, aturdido, enseguida creí descubrir en el más de medio millar de páginas de apretado texto que Perec, arrancando de la nada en su ruta hacia lo absoluto, había sorbido el vigor cosmogónico de Proust para poner patas arriba la trascendencia del divertimento formal de Joyce y rendir su muy peculiar homenaje a maestros de la heterodoxia como Gadda o Manganelli. Yes que en La vida...Perec se dedica a enumerar y describir minuciosamente todo lo que alberga un edificio (rue Simon-Crubellier) sin fachada, paredes, espacios, personas vivas y espectrales, mobiliarios, objetos varios, documentos, libros, etcétera, etcétera, hasta armar a lo largo de las secuencias del recorrido, siguiendo los desplazamientos de un caballo de ajedrez sobre el tablero, un gigantesco collage de asociaciones de toda índole, un puzzle enciclopédico a través del cual la novela, sostenida sobre un frágil trípode humano, levanta su propio mundo que opera como metáfora del universo en su totalidad.

Todo lo escrito por Perec en unos pocos años fértiles - Un hombre que duerme,El gabinete de un aficionado-parece remitir a la infinitud de la expresividad literaria y al sentido del vacío, pero lo doloroso es que hoy sólo cabe hablar de él y de su obra conceptual, antidogmática, en pasado. En efecto, fue el último eslabón de si mismo: nadie ha reclamado la herencia.

Enviado el 29 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

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