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Julio 20, 2008

"Aliento" de Kim Ki-duk - Beatriz Maldivia

Originalmente en blogdecine
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Kim Ki-duk es el poeta coreano que dio a luz películas tan maravillosas como ‘Hierro 3’ o ‘El arco’. En esta nueva creación, ‘Aliento’ (‘Soom’, 2007), el cineasta nos cuenta cómo una mujer que ya no confía en su matrimonio se obsesiona con los intentos de suicidio de un preso condenado a muerte. Cuando descubre un indicio de la infidelidad de su marido, lo abandona todo y se dirige a la cárcel a ver al reo.

Las normas dicen que no puede visitarlo, pero el vigilante de seguridad de la prisión siente curiosidad y le deja entrar para poder espiarla con sus cámaras que todo lo ven. La esposa rescata un vestido primaveral y, bajo la nieve, acude a un segundo encuentro que ella misma atrezza forrando las paredes de la sala de visitas con ampliaciones de paisajes floridos. Canta una canción primaveral y le cuenta al condenado una historia de esa época del año. Quiere hacerle vivir las estaciones de ese año que no podrá completar.

Ji-a Park, que hacía de madre del bebé en una película cuyo título también podría haber servido para ésta: ‘Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera’ (‘Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom’, 2003), es Yeon, la protagonista. Es una mujer que no habla con su marido, pero sí con el preso al que visita clandestinamente, interpretado por Chen Chang. Éste, a su vez, permanece callado y demuestra el afecto hacia su visitante con el mismo silencio con el que demuestra el rechazo hacia su compañero de celda, que busca su amor y muere de celos por culpa de la intrusa que está invadiendo los últimos días de la vida de Jang Jin.

Los personajes callados, pero que hablan con la mirada y con las acciones, son una constante en Ki-duk. Nadie como él logra transmitir tanto sin decir nada. La pasión que hay en este cuadrado amoroso es desmedida y es precisamente quien menos habla, el compañero de celda, quien más nos hace saber cómo se siente. Probablemente es el personaje que más ternura y empatía desprende de toda la cinta. El marido comienza a sentir el amor que había perdido por su mujer y, aunque diga palabras a lo largo de toda la película, es finalmente con sus hechos con lo que se redime. La mujer cuenta historias, pero es la calidez de la compañía lo que le sirve al condenado para volver a sentirse vivo.

Desde su puesto de vigilancia, el guardia que nunca muestra su cara, interpretado por el propio director, es dueño de las vidas de estas personas durante unos instantes, pues de él depende si se ven o no y en qué momento deben separarse, como efectivamente depende del creador del film. De nuevo es un gesto, el de pulsar un timbre, el que todo lo dice, no palabras. Personajes terciarios, como los demás compañeros de celda, demuestran su solidaridad con el gesto de dibujar en la pared de la celda el cuerpo desnudo de la mujer que visita al reo.

Por el mismo motivo por el que estas acciones definen a los personajes, son esos momentos, esas secuencias concretas, las que llenan de grandeza ‘Aliento’. Es posible que la película no sea globalmente tan maravillosa como algunas de las anteriores, pero conceptualmente, lo que ocurre en ella son gestos de una inmensa generosidad que no pueden sino conmover. Hacia el final, hay momentos incluso duros que están relacionados con la palabra de la que nos habla el título, ‘Aliento’, pero también esos actos suponen gestos de generosidad por parte de quienes los cometen. Y como momento, el último, en el que cantan una versión coreana de ‘Tombre la neige’, de Adamo, es el más emotivo.

‘Aliento’ no sólo habla de sentimientos. Invita también a la reflexión sobre muchas cuestiones, como la pena de muerte y más aún: el hecho de que a alguien que va a ser ejecutado se lo cure y se espere a que se recupere de heridas autoinfligidas para poder acabar con su vida de una forma teóricamente más digna o lícita. Habla también del matrimonio y de la incomunicación, de la soledad. En este sentido, son preciosas las escenas en las que la esposa deja caer –sin querer la primera vez— la camisa del marido por el balcón. La prenda se mancha y queda inservible como metáfora de las relaciones descuidadas.

Enviado el 20 de Julio. << Volver a la página principal << | delicious

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