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Julio 02, 2008

Poema solar - MARIA VIRGINIA JAUA

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Este es un reloj solar que no da la hora. O mejor, es un reloj que marca el paso del tiempo a la vez que habla, dice. No lo encontré paseando bajo la canícula de una ciudad mediterránea. Lo hallé causalmente en el aleph que puede ser, que ya es, la web. Es obra de un diseñador, o un creador llamado Jiyeon Song y su obra se titula “One Day Poem Pavilion”.

El pabellón tiene forma de tienda, una tienda con cierto aire de los años cincuenta, de concha acústica en miniatura. Sin embargo, lo que se escucha dentro de esa pequeña cúpula es una sinfonía muda: echa solo de luz y de sombra. El techo tiene unos pequeños orificios perforados, a primera vista parecen dispersos al azar. No es así. Según la hora del día y la estación la luz pasa a través de las perforaciones y van formándose las palabras del poema en el suelo. Para leer el poema es necesario seguir el recorrido del sol a lo largo de un día entero, es decir sólo se necesita tener un poco de la esencia misma de la obra: Tiempo.

Es un reloj que marca el paso de las horas en verso.

Un trabajo de cálculo preciso hace que este pabellón poético cambie junto con las estaciones: existe una poesía para el invierno y otra para el verano. En verano, los poemas recobran el color de la vida, mientras que en invierno, la poesía se hace contemplativa y medita acerca de paso del tiempo.

Los poemas que se dibujan en el piso de la tienda, fueron extraídos de la obra literaria del coreano Kim Chontaek (siglo XVIII), son expresiones sijo, pequeños poemas líricos, suaves, delicados y emotivos, cuyo origen se pierde en la antigua poesía coreana, se componen de tres versos, cada uno compuesto de trece a catorce sílabas. Según la leyenda fue un género poético inventado por monjes seguidores de las ideas de Confucio en el siglo XI, sin embargo, la realidad es que son mucho más antiguos y su origen se pierde en las profundidades insondables de alma popular. El sijo está emparentado con el haiku japonés y era cantado acompañado de uno o varios instrumentos.

En este pabellón los poemas no se cantan ni se acompañan de ninguna música y sin embargo, tienen una melodía íntima. Todo en esta tienda resulta en un pequeño hallazgo: la arquitectura portátil, la utilidad e inutilidad de la misma, el poema hecho de luz y de sombra, la medición del paso tiempo por medio de la palabra, el amor y el odio, lo bueno y lo malo, lo que la poesía habla y calla y la pregunta que se queda suspendida y pasa como la brisa entre los árboles:

Reloj no marques las horas, porque mi vida se apaga mejor di, canta, escribe:

El alma del aire se enlaza al alma del cerezo
Oh ¿qué dice el tiempo a los claros del jardín?
Escucho el murmullo suspendido de la hierba
Y la tarde amistosa hace caer las hojas del arce
Y hace melodía de las graciosas alas de la luciérnaga

Enviado el 02 de Julio. << Volver a la página principal << | delicious

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