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Julio 31, 2008

Otra vuelta de la apropiación: Duniesky Martín y su Elpidio Valdés - Magaly Espinosa

"Para mí la animación es algo mágico. Creo que cualquier medio te puede dar ideas diferentes"
David Lynch.

Donald Kuspit el teórico y crítico de arte norteamericano en el año 2005 impartió unas conferencias en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, sobre el tema del arte digital y el video arte, en las que reflexionaba acerca de los cambios que ellos provocan en el arte. En una parte de dicha conferencia señalaba lo siguiente: "Hasta hace poco, el objetivo primordial de las artes plásticas era la producción de imágenes materiales, y el código inmaterial que guiaba el proceso creativo desempeñaba un papel secundario y a menudo inconsciente. Ahora, en cambio, la creación del código (o en términos generales, del concepto) se ha convertido en la actividad esencial. Pero, en cualquier caso, el arte representacional -un tipo de pensamiento analógico que asume que lo que vemos en la obra de arte se corresponde con lo que vemos en el mundo real- ya nunca volverá a ser lo que era".(1) Esta perspectiva sobre el proceso creativo del arte contemporáneo nos acercan a ese versátil pluralismo de lo artístico y a una transformación de su esencia, aspecto que plantea muchas interrogantes.

Una de las más complejas se refiere a aquellos artistas que aprovechan el pluralismo, la intertextualidad y el desarrollo tecnológico para conformar su obra, creando con ello entramados estructurales que escapan a clasificaciones y a la propia forma de entender el arte. Inquiriendo esta perspectiva, en su más reciente exposición Duniesky Martín, A bocajarro, (Casa de la Cultura de Plaza) nos presenta un conjunto de dibujos cuyo principal procedimiento será acercar textos de diversas procedencias.

Si bien la representación es el recurso formal que da una identidad estética a las piezas, serán esas relaciones las que se ocupen de la operatoria principal de la serie, adueñándose del mundo de los estereotipos culturales que ha puesto a circular la cultura del entretenimiento.

Al combinar la técnica del dibujo con referentes visuales muy diversos, provenientes de la televisión y del cine, en los géneros de acción, de aventuras, del cine negro, el artista logra una riqueza narrativa que se convierte en el elemento más atrayente de la muestra. Se trata de un proceso de apropiación y deconstrucción, principios centrales de la teoría postmoderna. En este ocasión están basados en la manipulación de personajes y circunstancias que se conectan a través del cruce de diversas historias y personajes, entre las que se establecen relaciones intertextuales que les permitirán vivir y experimentar otros sucesos, otros encuentros, dados en el nuevo espacio de la obra.

Por ello, aunque esta serie descansa en dibujos bien realizados, incluso sencillos sin grandes complejidades formales, su concepción pone en entredicho la suficiencia de la representación para transmitir los contenidos, pues ella por si sola no podría asumir lo que se alcanza con esos ardides intertextuales.

Elpidio Valdés, elemento central de la serie y el más significativo personaje de los dibujos animados cubanos, será el hilo conductor de las historias. Puesto a platicar con protagonistas de películas y seriales y con figuras que representan a creadores, héroes y superhéroes, se va tejiendo el imaginario de un diálogo que le facilita modernizar al héroe, vivir en el presente, en ocasiones de manera humorística, otras satíricas, y otras, desde agudas reflexiones sobre ese presente.

Si solo se tratara de poner a conversar a Elpidio con figuras que giran en el cosmos de la popularidad de géneros cinematográficos o televisivos muy en boga, la propuesta sería más fácil de comentar, pues se podrían reducir sus enunciados a mecanismos postmodernos como la cita, la parodia y el pastiche, referidos al encuentro de nuestro personaje con héroes de los inicios de la cultura del serial, de acción o de aventuras: Batman, Iron Man, Captain American, o los más contemporáneos como Spiderman.

Pero, lo que hace más enjundiosa la propuesta es el tipo de acto apropiativo que le permite acercarse a ese imaginario y a su vez, estimular un contenido que es parte de su experiencia, de las variadas formas que presenta cultura oral, y de los formas que tiene la población de crear esa cultura, a través de la que circulan las vivencias y las valoraciones cotidianas.

Esto puede apreciarse, por ejemplo, en el dibujo La vida de los otros nunca ha dejado de ser de nosotros, basado en un film que conmueve por la terrible realidad que evoca. La vida de los otros recoge las experiencias de un miembro de la seguridad del estado alemana y del propio mecanismo de vigilancia desplegado alrededor de la intelectualidad de ese país. Fue visto en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana y lo más sorprendente es cómo la tradición de experiencias generadas en el mundo del Este llegan con tanta fuerza a una generación muy joven de la que forma parte el artista, siendo también su eje motor un personaje del animado cubano que ha perdido popularidad y presencia para esa joven generación.

Esto puede tener varios motivos, entre ellos el propio hecho de que los traslados culturales que conectan las épocas, no operan en línea recta y el arte facilita, más que ningún otro mecanismo creativo, su manipulación en muy diferentes direcciones, haciendo posible que aparezcan espacios virtuales en los que aquello que parecía inaudito se vuelve realidad.

El refrito textual de Duniesky es muy variado pues se desplaza desde las primeras historias de las grandes hazañas de superhéroes, hasta diálogos que transcurren en un presente muy inmediato, por ejemplo, el momento de su encuentro con Tarantino o Michael Moore, logrando con ello que toda esta manipulación que involucra nuevas interpretaciones, le imprima a los procedimientos deconstructivos un cierto sabor a nueva historia.

Los juegos textuales de esas nuevas historias van en diversas direcciones, una se refiere a aquellas piezas que se adueñan del lenguaje popular relacionado con refranes, frases o estribillos de canciones muy escuchadas, haciendo que los títulos de las obras formen parte de su contenido, completando sus significados y desplegando perspicases maniobras entre texto e imagen.

Este intercambio en muchas ocasiones confisca la idea central de algunas obras que son objeto de la apropiación, por ejemplo, en el dibujo "Para Elpidio la vida no es solo silbar" el artista enfrenta a su personaje con el del film original, que también se llama Elpidio, parodiando el título de la película y lo que en ella se narra con relación al silbido, una ocurrente metáfora que surge de los propios avatares de la vida.

La expansión semántica es rica y diversa pues abarca significados y sentidos que teniendo orígenes diferentes, al toparse se complementan, como sucede en la obra "Prison Break" en la que nuestro héroe se posesiona del rol del personaje del serial, con su indumentaria, su pose, compartiendo con ello su vida.

También puede suceder que Elpidio salga de paseo con la novia de Spiderman, Mary Jane, o asuma destinos al ponerse a disposición, acostado en la mesa forense, del investigador Grissom, el personaje central de la serie CSI.

En otra ocasión, se deja acompañar de un estereotipo cinematográfico del marginal, como podemos apreciar en la pieza Elpidio Valdés y Mickey Rourke: una pareja explosiva. Especialmente imaginativa es la forma de reverenciar la estética de importantes directores, como sucede en La noche de boda a lo Tim Burton donde Elpidio cambia parte de su apariencia para colocarse en sintonía con esa estética.

No pueden faltar los comentarios sobre sus propias vivencias en Los héroes también celan, o El beso mambí, pues en estos relatos son frecuentes los recuentos de la vida del héroe, que humanizan al personaje, recurso muy recurrido en el animado como género.

En el dibujo titulado "El que tiene padrino se bautiza" Elpidio pasa a ser parte del séquito de Corleone, pero a través de un refrán popular que cubaniza al mafioso italiano, representando y satirizando el propio refrán. En otra obra, el título de la pieza está tomado del estribillo de la canción Amo esta isla soy del Caribe, pero lo acompaña una imagen que nos recuerda a un film reciente de aventuras.

Algunas obras atienden al trabajo del fondo, que generalmente está vacío, en los casos en los que así sucede la obra gana en presencia y complejidad, aunque para el artista la economía de recursos permite que la atención del espectador se centre en la anécdota, en la posibilidad de despertar su memoria afectiva pues ello será lo que le facilite la reconstrucción de la anécdota y los subtextos que la sostienen.

La construcción del personaje se realiza respetando la apariencia del dibujo original, haciendo énfasis en las cualidades formales más características. Sin embargo, en las figuras que lo acompañan se muestra una estética más compleja en su definición, utilizando el lápiz de color que las acercan a la sensibilidad particular que brinda el óleo, mientras el fondo negro se integra acertadamente a la economía de recursos que prevalece en toda la serie.

El hálito del animado, las sagas, las trilogías, que propugnan personajes de la cultura masiva se suplantan por un héroe que rememora nuestra tradición de luchas por la independencia, una opción creativa que supedita lo internacional a los intereses expresivos y narrativos de lo propio, trastocándose la tradicional relación entre copia y original, pues los invitados de Elpidio ponen a su disposición sus propias historias para que él las narre a su antojo y según convenga a sus vivencias.

Este personaje es en realidad un tramposo, jocoso y jaranero, por eso si los invita a pasear para saber de sus vidas les recomiendo que se resistan al ofrecimiento.

NOTA

1- Kuspit, Donald. "Del arte analógico al arte digital" En: Arte digital y videoarte Donald Kuspit (ed) Ediciones Pensamiento. Círculo de bellas Artes. Madrid, 2006. Pp. 12.

Enviado el 31 de Julio. << Volver a la página principal << | delicious

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