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Agosto 10, 2008

CRITICA POR LA BERMA - Pablo Batelli

Diagnóstico experimental para un modelo social - artes plásticas condicionadas

Briceño: parador fantasma y escenario sustituto de la película Eraserhead . Detrás de los vidrios de unos hornos que parecen frigoríficos se acumulan y exhiben en ordenada fila militar los cadáveres recocidos de unas gallinas amarillentas que reclaman, para satisfacer las expectativas gastronómicas de los viajeros de paso, mejores cuidados funerarios. Su ocasión y oferta obedecen a un tipo de paso del tiempo que a su alrededor asienta la vejez y el descuido antes que a la intención de una producción planificada o crianza sistemática de animales de sacrificio. Acaso sea mejor de esta forma –al descuido, al libre albedrío de un orden que el hombre no quiere o no puede planificar- porque en la intencionalidad lograda aparece acaso el límite entre consumir medio ambiente o ser consumidor de medio ambiente. Lo que nos definiría como consumidores de medio ambiente es la planificación de las condiciones de depredación; una planificación que en un primer momento histórico aparece bajo la forma inocua de la racionalización de la producción, pero que rápidamente abarca todos los procesos humanos posibles en el circuito del “consumo del medio ambiente”. No se trata de una racionalización de las fuentes o de los recursos, si no de una exacerbación sistemática de la vida depredadora en donde cada acción acarrea una merma de los recursos del ambiente.

Tocancipá: la producción debe “producir”, pero ante todo, debe garantizar las condiciones en las que la producción sigue apareciendo necesaria. La producción debe producir demanda. De manera que, a pesar de la frecuencia de las celebraciones por el fin de una época en donde aún persistían regímenes económicos moderados por el Estado, la oferta y la demanda no encuentran por sí solas un orden armónico. Al ser la demanda un objeto de la producción, no se trata de un contrapunto en el que, en ausencia de una demanda, la oferta entra en paro. Una situación así está prevista por un aparato, un meta aparato, que garantiza que todos los órdenes de la vida humana se orienten en la dirección de la supervivencia de la demanda; ese aparato es la gran fábrica productora de demanda. El Estado, el último gran moderador, se articula como una pieza o un departamento más de esa fábrica a través de su proceso de democratización nominal. Esta democracia nominal se distancia de la democracia real, de la misma forma como la libertad nominal se distancia de la libertad real, en tanto lo nominal se encuentra diseñado, racionalizado, planificado y previsto por una sociedad que se define a sí misma como un sistema de relaciones que garantizan la continuidad del monopolio de oportunidades de acumulación de excedentes. La fetichización del trabajo como parámetro moral, la ilusión de una libertad –libertad nominal- que no puede expresarse en su variante real en un mundo de control económico y la ilusión de participar en un proceso político amplio social que definiría la situación vital de nuestros pares estadísticos garantizándoles un mínimo de no desamparo, es una promesa que se dosifica en la forma de la esperanza de un futuro mejor. De allí que en “el tiempo presente” la esperanza sea vista como el primer síntoma de una perversa utopía en el que todas las garantías de un Estado de bienestar y pleno empleo, se precipitan hacia lo nominal.

Gachancipá: para evitar la extinción de la demanda la fábrica de producción de demanda se adapta en el diseño de estrategias. La primera estrategia es la promoción del crecimiento económico y, como estrategia conexa o derivada, la promoción del empleo. Cuando el crecimiento económico se estrella con el deterioro ambiental y la tecnificación laboral y de procesos de producción, y la promoción del empleo verifica experimentalmente todas sus formas de fracaso el modelo social propone entonces la racionalización de las “oportunidades de trabajo”, y el empleo comienza a constituirse como un privilegio. De hecho, el tráfico de empleo hace parte de la capacidad de negociación de cada figura importante en cada uno de los sistemas políticos conocidos, lo que en el argot local se conoce como clientelismo. Las estrategias de esta racionalización del empleo serían la reducción de la jornada laboral, el subsidio al desempleo y la reducción del ingreso. La segunda estrategia se implementa en un lugar más avanzado de “el tiempo presente” y hace de la desesperanza ya no una renuncia a la esperanza, si no que directamente la glorifica, y profundiza y afina los actos de premeditación de la depredación con total frialdad y efectividad económicas, a la manera en que un sicario vive el día a su máximo posible con la certeza de una corta existencia ; de esta forma, la propensión autodestructiva toma el control como fuerza de modelado social. Se instaura una especie de nihilismo acumulativo en el que los miembros más débiles de una sociedad, en condición de desamparo, se convierten en una parte del medio ambiente que se consume a cada instante, en cada acción de cada ser humano de acuerdo al modelo social del monopolio de las oportunidades de acumulación de excedente. La promoción del empleo fracasa tan pronto se reconoce, experimentalmente, que la sociedad de pleno empleo es un modelo social imposible, una condición que no puede ser satisfecha, como está hasta ahora demostrado, ni siquiera con la plena determinación de acabar con todos los recursos naturales del planeta en el menor tiempo posible. Simplemente la tecnificación para la merma de los recursos planetarios ha logrado ya la casi plena sustitución laboral.
La tesis de que la reducción del ingreso del empleado podría afectar negativamente ese gran propósito político que es la organización de todas las esfera de la vida humana alrededor del tema de la producción de “oferta de demanda” colapsa frente a esa visión más radical que proviene de la “utopía de la desesperanza” que permite amplificar el consumo exponencialmente en las cúspides de acumulación por cada oportunidad de consumo sacrificada en una instancia inferior. En este sentido, la presunción de que un ingreso incondicional garantizado por el Estado a cada ciudadano es una situación necesaria para evitar el colapso de la demanda resulta ingenua, o deliberadamente y bondadosamente fraudulenta. Los procesos de acumulación siguen su curso victorioso arrastrando al flujo de materia prima tanto a hombres como a todos los otros recursos del planeta –todo ello convertido en mero medio ambiente útil para la acumulación-.

Chocontá: Me acerco a un puesto al lado de la carretera como pretexto para observar las condiciones, casi por todos conocidas, de los montallantas de carretera. La construcción es un cambuche sostenido sobre unas varas de eucalipto, con techo de lámina de zinc, y una instituida caneca de 55 galones cortada al medio donde se vierte el agua que se utiliza para verificar las fugas de aire en los neumáticos. Las conclusiones son obvias: este trabajador (acaso empleado o no) se encuentra en el límite de las condiciones mínimas de subsistencia.

Empleo y trabajo a menudo se confunden como términos sinónimos, pero parecería que no deben serlo inevitablemente. Desde una perspectiva intuitiva, cualquier fuerza aplicada a lo largo de un recorrido debería ser considerada un trabajo: dar vueltas en bicicleta alrededor de una glorieta sería, en términos de inversión de actividad física, el equivalente a desplazarse idéntica distancia en línea recta. En tanto el resultado del giro es regresar al punto inicial, el resultado del desplazamiento en línea recta es un cambio efectivo de lugar. De acuerdo a nuestros propósitos, podemos decir que una de estas dos formas de actividad es inútil, que ambas son inútiles, o que ambas son útiles. Desde la perspectiva de la sociedad del monopolio de oportunidades de acumulación de excedente, se instauran parámetros morales para sectorizar el trabajo en franjas, y exaltar socialmente aquellas categorías o franjas del trabajo que convienen a los procesos de monopolio. Todas las otras formas de trabajo son ignoradas o descalificadas como “perniciosas”. Empleo, en el marco de este modelo social, equivale a una actividad que mantiene o aumenta el flujo de acumulación en sus condiciones instituidas; el trabajo, en cambio, se presenta como una actividad que disipa fuerza y energía en direcciones que o bien no se sintonizan necesariamente con ese modelo, o que abiertamente lo ponen en peligro. De allí que la afirmación de autoridad que dice el “trabajo dignifica” quiere decir “el empleo dignifica”, aunque podemos concluir mejor “el empleo dignifica pues resulta conveniente”. En tanto el trabajo se reduce al empleo, todas las formas de actividad que no se ajustan de una u otra forma a un tipo de empleo desaparecen. Trabajo y empleo son en suma dos términos distintos.
En tanto el sistema de acumulación permite una acumulación positiva infinita, de hecho no hay o no existe un solo mecanismo para impedir que todo el capital se concentre en el poder decisorio de un único individuo de la especie, el límite inferior de la acumulación negativa es la muerte. Si se dice que alguien tiene más de lo que puede gastar en cien vidas, habría que pensar si acaso ese excedente no significa que hay cien muertos en algún otro lugar del planeta. Desde esta perspectiva de amparo contra el límite de acumulación negativa de capital, paradójicamente ante todo en sociedades “pobres” que se han dedicado a promover brutalmente la acumulación positiva a través de la expropiación y el uso de violencia directa, surge nuevamente la inquietud por un Estado moderador que brinde las mínimas posibilidades de no extinción a sus miembros más débiles. Si bien las tesis alrededor de un ingreso básico incondicional surgen en contextos de países de primer mundo, parecerían gozar de mayor legitimidad y ser más necesarias en contextos más contrastados desde una perspectiva económica general. También cabe cuestionar la diferencia entre primer y tercer mundo, dado que los capitales fluyen sin impedimento entre fronteras geográficas y gozan de una posibilidad ubicua según la cual están o no están en todas partes y en ningún lugar. Este flujo de los capitales hace que primer y tercer mundo se encuentren y no encuentren simultáneamente en todas partes y en ningún lugar. El modelo social que vivimos se asemeja a un signo en donde el significado es el dinero y la sociedad y el hombre somos meros significantes. El hombre parece ser el sustrato de la supervivencia del dinero.
Villapinzón: experimentalmente, a través de un recopilación de casos de la experiencia, el arte parecería no poder moverse en otros terrenos que los del amparo privado o estatal. Si se contempla seriamente la posibilidad de definir el Estado de “El tiempo presente” (en la acepción de Van Parijs) solamente como una concepción reducida de un Estado de bienestar, ahora una simple pieza o función restringida en el marco del concurso de funciones que definen los procesos de acumulación, parecería que el arte se quedaría sujeto al albedrío de lo privado. Si se acepta que en tanto la especie permanezca en “el tiempo presente” sin utopía alguna la única función posible de su existencia será ser útil de la perpetuación y vehículo de acumulación del capital, entonces no existe ya la disociación entre lo público y lo privado, si no que estas instancias se articulan en un modelo social de supervivencia de la riqueza que utiliza la especie como mecanismo significante favorable para su perpetuación. En este caso, el arte queda reducido a las artes plásticas condicionadas por el afán de perpetuación y asociación del capital. Un ingreso básico universal e incondicional tendría los siguientes efectos sobre las artes en un tiempo presente sin utopías de redistribución como es el que parece, se vive hoy según consenso social:
Primero: redefiniría el Estado como un ente esencialmente de naturaleza fiscal y de redistribución de la riqueza. En este caso, las artes podrían operar de manera independiente a las formas de control y administración ideológicas del Estado, dado que por un lado el Estado sería solamente un agente de ejecución de procesos, y dos, las personas no tendrían que someterse a relaciones de servilismo para adelantar sus asuntos y proyectos personales.
Segundo: reconocería el valor del trabajo no remunerado, que es el caso específico y deseable de una condición de artes plásticas no condicionadas. La experimentación en las artes condicionada al modelo social de acumulación de capital sólo es posible en tanto esa disipación de energía pueda convertirse directa o indirectamente en un empleo (desconociendo así otras formas de actividad). La búsqueda de lo nuevo podría aparecer en su pura y más extrema inutilidad gratuita, no condicionada a un afán de, a través de lo nuevo, producir las condiciones para el avance personal.
Tercera: si este ingreso básico incondicional se financiara con un impuesto a la energía (otra forma alternativa y complementaria es la reducción de los costos burocráticos en el giro de subsidios especializados dirigidos a sectores específicos de población) propondría un Estado en donde la producción no tuviera un carácter ilimitado, es decir, un nuevo Estado en el que no todo el entorno susceptible de ser objeto de la depredación sería efectivamente llamado a la depredación. Esta condición tendría un efecto muy profundo en el desmantelamiento del arte que llamado a denunciar los atropellos sociales, se nutre de los mismos atropellos que denuncia para su supervivencia económica. Propondría entonces un cisma en los países que, como Colombia, desarrollan un arte complaciente que denuncia la miseria pero que requiere de la miseria para seguir prosperando. Un arte “miserablemente integrado” (así como existe la noción de “crítica de arte integrada” ).
Cuarta: desengaño total sobre las causas filantrópicas que aplican de manera sistemática el principio anterior amparadas en la posibilidad de encubrimiento que proporcionan los medios de comunicación y la noción del alto valor moral de las causas nobles.
Quinta: desmontar los monopolios de acción que desde los espacios académicos, ahora redefinidos como esquemas de agenciamiento de servicios de inserción social funcional, se pretenden imponer sobre todo el campo de relaciones y funciones del arte.
Sexta: generar condiciones de libertad real en oposición a las libertades nominales.
Ventaquemada: nombre curioso para un lugar que, no pudiendo ser el infierno al ser comparado con Briceño, propone la peor de las suertes para cualquier actividad económica. Aquí es donde pienso, detenido a un lado de la carretera, en las críticas a la crítica de arte, como un espacio de reflexión que se ocupa sólo de sí misma. Esta breve reflexión se escribe para lectores que sin proclamarse ellos mismo como artistas, tampoco se clausuran en las formas más extremas de la abyección, o, diciéndolo de otra forma, a los que habiendo renunciado a la utopía de la esperanza contemplan también la posibilidad de renunciar a la utopía de la desesperanza. A menudo las críticas a la crítica, y la crítica al arte, comparten el mismo marco: desde la afirmación de su absoluta imposibilidad, dado que toda crítica es la afirmación de una identidad que conduciría únicamente a una guerra de reconocimiento individual, hasta los riesgos de unirse simbióticamente con el marco que pretenden o bien modificar, o bien hacer “blanco” de su crítica. Siempre será posible reducir la crítica a través de una suerte de paradojas a su grado de máxima inutilidad. Probablemente, en esta posibilidad, en la posibilidad de ser efectivamente anulada, es en donde se puede encontrar el único chance de que la crítica diga algo.
Universidad de los Andes: la discusión sobre la tesis de la renta básica propone que “el mundo del arte” (que no es otra cosa que su universo de intereses, relaciones y funciones) sea invadido por aquello que -sin verdadera justificación- se considera ajeno al mundo del arte (teorías económicas, historia del Estado, modelos de justicia social, luchas por la reivindicación de los derechos y la emancipación) para luego regresarlo a la sociedad y hacer, al menos en algún grado de acuerdo a lo posible, aquello que tanto se le exige a este universo del arte: hablar del amplio universo social que lo contiene. Las resistencias a contemplar la posibilidad de implementar la tesis de Van Parijs provienen de: uno: las fuerzas más extremas del capitalismo que ven una amenaza atávica en cualquier proceso de flexibilización de los procesos de expoliación y dos: el miedo de la especie ante una ausencia de preocupación por su supervivencia comprendida como una variante de la capacidad de acumulación económica individual. Independientemente de que la tesis pueda o no ser técnica y efectivamente llevada a la práctica social, su discusión en el terreno de las artes abre las posibilidades de un arte social, mantiene activa la pregunta por el papel del Estado en la vida de los individuos, y propone modificaciones sustanciales en las prácticas artísticas. Estas inquietudes, más allá de aproximarse a las tesis del ingreso básico incondicional desde las perspectivas y afirmaciones utilitaristas de una militancia, abren nuevos espacios para procesos y reflexiones en las artes plásticas.

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NOTAS


1 David Lynch, “Eraserhead”. 1979.
2 Philippe Van Parijs
3 Víctor Gaviria, “Rodrigo D: no futuro”.
4 El “Universal Basic Income”, Ingreso Básico Universal, o UBI en inglés, postulado por Philippe Van Parijs para modular los excesos de una sociedad capitalista hambrienta de acumulación, propone en su primera instancia introducir a favor del ciudadano o residente permanente de un país un ingreso garantizado por el Estado para satisfacer unas condiciones básicas de subsistencia, y en segunda instancia y en su forma más radical, elevar este ingreso a su máximo posible. Esta tesis tiene, entre sus ejes principales, los móviles de acabar con la pobreza, favorecer la emancipación y limitar o eliminar los efectos del desempleo (o el desempleo mismo).
5 “Crítica integrada”, noción de José Luis Brea.
6 Ver “La necesidad de un ingreso básico incondicional”: http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=588&Itemid=79

Enviado el 10 de Agosto. << Volver a la página principal << | delicious

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