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Agosto 11, 2008

Juan Carlos Freijoso: La libertad de los cuerpos (cuando el pudor deja de ser necesario) - Píter Ortega Núñez

DSC06661-u.jpg[…] sabes que todo deseo es vulnerable
toda posesión, instantánea y bella, pero fugitiva
que el pasado es más extraño que cualquier profecía
que mirar una rosa es perderla para toda la eternidad
[…]
Jorge Luis Arcos. De los ínferos

Una de las mutaciones más trascendentales que han tenido lugar en el campo de la cultura desde que comenzó a gestarse la llamada «condición postmoderna», alrededor de los años sesenta y setenta del pasado siglo, es lo que algunos teóricos han bautizado con el nombre de «descentramiento del sujeto». Un sujeto que en los tiempos modernos era básicamente euronorteamericano, blanco, masculino, heterosexual, homofóbico, misógino, excluyente, y que en la época contemporánea ha sufrido los embates del alzamiento del discurso del «otro cultural»: minorías gay, feministas, raciales, étnicas, etc. En este contexto afloran con sistematicidad prácticas artísticas que otorgan a la voz homoerótica un lugar protagónico desde el punto de vista ideotemático, muchas veces con intenciones o voluntades programáticas.

En la plástica cubana varios han sido los autores que han abordado problemáticas relacionadas con el universo del sujeto homo. Algunos con más suerte estética que otros, la nómina se desplaza desde Carlos Enríquez y Servando Cabrera Moreno, hasta Rocío García, Zaida del Río, René Peña, Gustavo Echevarría (Cuty), Eduardo Hernández, Lino Fernández, Alejandro González… Continuadora de esta tradición es la obra pictórica de Juan Carlos Freijoso (Las Tunas, 1956), cuya influencia más marcada es la producción del maestro Servando, en especial sus torsos voluptuosos, henchidos de sensualidad.

Pero el tema homoerótico es más bien una arista dentro de la obra de Freijoso, pues sus trabajos no se circunscriben exclusivamente a este. El escrutinio del cuerpo, de sus zonas más íntimas y mórbidas, unido a ciertas situaciones eróticas relacionadas con el ser humano en un sentido amplio, sin importar sexo u orientación sexual, se erigen como las verdaderas directrices conceptuales de su poética. En este sentido el tratamiento del color juega un papel decisivo, en especial los rojos y los naranjas (símbolos de pasión, vitalidad); así como resulta primordial, dentro del esquema compositivo de las piezas, el empleo de las líneas, mayormente sinuosas, curvas, exhalando todo el tiempo una gracilidad y elegancia sui generis. Si bien el creador se vale en la mayoría de los casos de colores planos (luz Notan), pienso que un uso más intensificado del claroscuro y la degradación de valores pudieran funcionarle mejor en ese afán de recrear la belleza insondable de la desnudez de los cuerpos, el hallazgo concupiscente de sus puntos erógenos.

Desde el punto de vista estilístico, sus obras se mueven dentro de un expresionismo muy tendente a la síntesis, a la máxima economía de recursos. Por lo general la figura ocupa casi toda la superficie del lienzo, en una suerte de (big) close up que apenas deja margen a los fondos, los cuales, cuando aparecen, son vagos, imprecisos, sin un referente concreto que sirva de contextualización a los personajes representados. Lo cual me parece muy acertado: siempre he pensado que el barroquismo y el abigarramiento son los peores enemigos de la plástica.

El artista aboga por una sutileza o ambigüedad que resulta sumamente atractiva. Ya sea en los casos de las caricias, los cuerpos que se poseen, o el simple torso que nos provoca impúdico, la atmósfera erótica suele ser siempre levemente sugerida, nunca explicitada desde la frontalidad del sentido. Incluso, en varias piezas predomina una especie de androginia que nos impide dilucidar con claridad las marcas genéricas de las figuras expuestas. Por otra parte, algunos ejemplos puntuales están muy cercanos al abstraccionismo, como es el caso de una obra en la que se vislumbra un elemento de aliento fálico (no necesariamente un pene) a punto de introducirse en un orificio muy semejante a una vulva (sin la certeza de que lo sea). A través de la elipsis y la descontextualización icónica, el artista logra provocar un efecto de duda o recelo en el espectador en relación con la escena presentada, lo cual la hace más provocadora todavía –por enigmática–, al tiempo que acentúa la sugestión y lubricidad de la imagen. Esta pieza es de una poesía sin par dentro de la producción plástica del creador.

Es interesante que a ninguno de los personajes de las obras se le divisa el rostro. Freijoso nos entrega una procesión de individuos que nos incitan desde el anonimato, desde posturas sexuales desprejuiciadas, desinhibidas hasta la saciedad. Es así que podemos encontrarnos todo tipo de situaciones, incluyendo prácticas de sexo grupal para las cuales la intimidad se configura o enaltece justamente en el accionar colectivo, en el ocultamiento y el camuflaje identitarios.

Pero sin dudas la propuesta más transgresora y audaz del artista es el conjunto de lienzos cuya iconografía remeda la bandera en tanto símbolo, ejercicio paródico del que se infiere una disección de la gestión política desde los resortes de la sexualidad, o bien a la inversa, la indagación en el saber sexológico a partir de los dispositivos y estrategias de conservación hegemónica característicos del orden político. Obra cuya agudeza sociológica la sitúa en un peldaño bien elevado dentro del conjunto de trabajos del autor. De modo que ese el camino, a mi modo de ver. En un país como el nuestro es importante que ética y estética marchen de la mano. Juan Carlos dirá…

Enviado el 11 de Agosto. << Volver a la página principal << | delicious

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