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Agosto 29, 2008

Poeta Karadzic - Bruno Marcos

Originalmente en Diario de León

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La cosa más sorprendente ocurrida en los momentos posteriores al prendimiento de Radovan Karadzic no fue, precisamente, su aspecto de anciano emboscado entre barbas y cabellera blancas tachonadas, en su cúspide, por un mechón aún negro, ni siquiera el hecho de que quien había destruido tan alto número de vidas se dedicara a curar mediante la medicina natural, sino la insistencia con la que los medios de comunicación repetían su condición de poeta, como si tal vocación fuera crucial en la definición del abyecto personaje. Sin duda ese dato se torna asombroso en la biografía de un criminal ya que da un revolcón considerable a nuestras convicciones sobre la bondad moral que venimos uniendo a las más altas expresiones del ser humano, entre ellas la poesía. «No soy un monstruo, soy escritor».

Repetían en ocasiones él y su familia para defenderse. Dice un autor serbio que Radovan quería ser escritor pero que nunca le tomaron en serio, sin embargo lo cierto es que en su currículo figuran cinco libros de poesía. En el año 1993 obtuvo el más prestigioso premio literario de Montenegro, el Risto Ratkovic por su libro de poemas El invitado eslavo . Y en el año 1994 fue galardonado con el premio Mijail Solojov concedido por la Unión de Escritores de Rusia «en el reconocimiento público de los méritos artísticos y la elevada moral de sus obras».

Nos vemos tentados a pensar: «Sería un poeta, pero malo, o un escritor frustrado». Los versos que se citan de Karadzik nos ayudan en ese sentido porque parecen pésimos y, además, tratan sobre lo mismo que su acción política, confirman sus fantasías épicas y su crueldad. Por ejemplo: «He nacido para vivir sin tumba / este cuerpo humano no morirá jamás / no está sólo para oler las flores / sino también para incendiar, matar y reducir a polvo».

Lo mismo se argumenta siempre que salen a colación las delicadas pero frías acuarelas de Hitler. Con Hitler nos queda el alivio de saber que fue rechazado dos veces para ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena. En su caso el arte sale fortalecido al demostrar que se anticipó en repudiar al monstruo antes que la política y que la democracia que le auparon, más tarde, al poder. Pero, ¿y qué ocurriría si la poesía del líder serbobosnio fuera verdaderamente buena, si la pintura de Hitler resultase hermosa?

Probablemente quedarían seriamente dañadas nuestras nociones de lo bueno y lo bello y el acostumbrado maridaje con el que las venimos tratando. Por otro lado no es nada nuevo este dilema entre la ética y la estética, ya en los diálogos de Platón se decía que era una locura dejar en manos de los poetas la educación de los niños.

¿De qué sustancia está hecha la poesía para que permita habitar sus entrañas a seres maravillosos y a colosales asesinos? Parece incuestionable que la cultura, el arte, la filosofía y, en suma, la inteligencia nos hacen mejores, pero es innegable, al mismo tiempo, que ser poeta, artista o filósofo no es una garantía de santidad. «Karadzic es una especie de Doctor Poeta y Míster Criminal, porque no hay duda de que es un criminal de guerra, y llegó a serlo por pura vanidad». Ha escrito Slavenka Drakulic, quien nos relata también un film en el que se ve a Karadzic invitar a un poeta ruso a disparar ráfagas de metralleta sobre las viviendas del Sarajevo asediado. Zizek ha comentado recientemente que no hay que extrañarse de la alianza entre poesía y crimen: «No debemos despreciar -dice- su poesía ni considerarla ridícula; merece una lectura detallada, porque ofrece la clave para entender cómo funciona la limpieza étnica».

Seguramente su poesía fue la arenga mental que fabricó Karadzic con el fin de fundar sus siniestros objetivos sublimando, a través del lenguaje poético, lo que no podía defender a través de la razón. Con toda seguridad se trate, en el caso del poeta Karadzic, de aquel peligro del que nos quisiera prevenir Platón al excluir a los poetas de su ciudad ideal, el hecho de que estos poetas, unos u otros, antes o después, intentarían poner lo bello en el lugar de lo verdadero.

Enviado el 29 de Agosto. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Bueno, está también la vía caudalosísima del mal que se crea sobre todo en el siglo XIX con el decadentismo e incluso con el fotogénico romanticismo. Una de las cosas que, al parecer, más escandalizaban de Baudelaire es que le excitase la fealdad, la belleza de las mujeres tuberculosas, las mujeres infértiles... Y sí, la guerra como una de las bellas artes...
Pero lo que quería pensar en este texto es si nos atreveríamos a preguntarnos si la obra de malvados reales -no poetas o artistas- pudiera parecernos bella...
Bruno


Me hace recordar a toda la apología que hace D'annunzio en la época del facismo italiano, acerca de la guerra y el sentido de la historia.
En 1915 algunos de los representantes del futurismo italiano, como Marinetti y Sant'Elia, se enrolaron en un batallón de voluntarios. Ejemplos parece que hay bastantes, sobre todo cuando se conjugan los conceptos de nación y poesía o arte en general.
Saludos.


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